Pasó
una semana mientras se preparaban para jugar otro partido. Andrew buscaba
alguna pista sobre dónde se encontraba Tyler, y Neil buscaba la forma de
convencerlo o acojonarlo para que les dejase en paz; empezaba a parecerle bien
la sugerencia de Andrew de partirle las piernas, sobre todo después de que
hubiese intentado hacérselo a él. Se había curado rápido, ese no era el
problema, sino que Andrew seguía sintiéndose culpable, era como si Neil pudiese
olerlo en él aunque no dijese nada, y lo odiaba.
Empataron
en el partido y tuvieron que jugar dos reñidas prórrogas hasta ganarlo,
agotados y eufóricos. Los zorros lo celebraron montando una fiesta en la azotea
del hotel con las animadoras, solo faltaron Neil y Andrew, que se quedaron
encerrados en su habitación sin importarles el resto del mundo.
Al
día siguiente, a primera hora, volvieron a casa y tuvieron el fin de semana
libre para descansar. Neil y Andrew no salieron a ningún lado, era la única
forma que tenían de estar a salvo, aunque no era algo que pudiesen mantener en
el tiempo; debían encontrar a Tyler, cada día que pasaba estaban más
frustrados, ansiosos y cabreados.
El
domingo por la noche hicieron noche de chicos: Neil con Nicky, Matt y Liam, y
Andrew con Kevin. El lunes intentaron empezar la semana con normalidad, pero a
mitad de la mañana a Neil le llegó un mensaje del Andrew al teléfono en el que
le avisaba de que iba a ir a un sitio para preguntar por Tyler.
—Maldita
sea —masculló apretando el aparato en la mano.
Le
preguntó dónde iba y Andrew le contestó con una dirección y una orden: que ni
se le ocurriese acercarse por allí, que él se ocupaba, ni siquiera era seguro
que Tyler estuviese, por lo que sabía el edificio entero estaba abandonado,
iban a demolerlo.
A
Neil no le dio buena espina, Andrew podía estar metiéndose en una ratonera e
iba solo.
—¿Te
pasa algo? No tienes buena cara —dijo Nicky acercándose.
Habían
quedado para tomar café entre clases y se le había olvidado.
—Necesito
que me hagas un favor.
Nicky
asintió de inmediato, notando por la expresión de Neil que se trataba de algo
serio.
—Lleva
mis cosas a casa —dijo, dándole la pesada mochila. Se guardó el teléfono en el
bolsillo del pantalón, no necesitaba nada más.
—¿Y
tú adónde vas?
—Ha
surgido algo con Andrew y tengo que ir a buscarle.
—¿Hay
problemas? Puedo acompañarte y si llamamos a más zorros nos ayudarán también.
—No,
no. Es cosa nuestra.
—¿Pero
son problemas?
Neil
dudó y esa fue toda respuesta que Nicky necesitaba para preocuparse.
—¿Por
qué no dejáis que os ayudemos? La verdad es que sois tal para cual —contestó
enfadado.
—Lo
siento, Nicky, esto ha sido algo que… se nos ha ido de las manos, pero vamos a
solucionarlo y se acabó.
—Como
vuelvas sangrando otra vez voy a enfadarme de verdad.
—Lo
sé y lo siento.
—Deja
de repetir eso, acaba perdiendo sentido.
—Lo…
mierda. Tengo que irme.
—Pues
vete.
No
le gustaba dejarle así, pero tenía que hacerlo. Primero empezó caminando rápido
y acabó corriendo hasta las afueras del campus, donde pidió un taxi a través de
una aplicación para que le dejase cerca de la dirección indicada, desde donde
pudiese seguir el rastro de Andrew.
Lo
olió nada más bajar del taxi.
Y
no fue el único.
Mierda,
joder, mierda.
Si
hubieran ido juntos podría haberlo detectado y Andrew no se habría acercado sin
saber si estaba o no, porque Neil sí podía saberlo, sobre todo después de la
última paliza, había memorizado muy bien su olor. O a Andrew se le olvidaban
sus capacidades de cambiante o decidía ignorarlas porque, como bien había dicho
Nicky, no dejaba que lo ayudase para no ponerlo en peligro y eran tal para
cual. Dos imbéciles que creían que debían soportar el peso del mundo sobre sus
hombros. Dos chicos tan acostumbrados a perder que no sabían cómo retener algo
sin encerrarlo en una jaula para protegerlo del resto del mundo y mantenerlo
intacto.
Neil
fue tras Andrew sin perder un segundo.
Tardó
quince minutos en llegar corriendo al edificio abandonado, que se encontraba en
una zona decadente, al lado de una fábrica también abandonada hace mucho
tiempo. A Neil le trajo recuerdos de peleas, dolor y muerte, y no le gustó la
coincidencia, como si fuese un presagio.
Junto
a los aromas de Neil y Andrew, el ambiente olía a suciedad y conforme se
acercaba iba encontrándose más y más basura e incluso jeringuillas rotas
tiradas en el suelo. Sin duda, aquel lugar era una zona donde se encontraban
drogadictos y vagabundos, aunque estaban bien escondidos. Y un sitio donde no
le gustaría tener que transformarse y pisar cualquiera cosa infectada con sus
patas desnudas.
Reprimió
un escalofrío y siguió avanzando tras el rastro de Andrew.
Entró
en el edificio apartando la puerta rota y descolgada, intentando hacer el menor
ruido posible, y empezó a subir por las escaleras casi de puntillas entre la
basura, acercándose a un murmullo de voces que escuchaba de lejos. Debían estar
muy arriba, seguramente en la última planta, así que se dio más prisa con el
corazón acelerado y no por el ejercicio que estaba haciendo.
—¡¿Qué
más tenía que hacer por ti?! —gritó Tyler.
Neil
subió los escalones de dos en dos a zancadas.
—¡Nunca
me diste nada y yo te lo daba todo! ¡Todo lo que querías, todo lo que pedías,
todo lo que me dejabas! Para que me desechases como si no fuese nada.
—Sabías
muy bien las normas de nuestra relación y accediste a ello libremente, no me
culpes por esperar más cuando nunca te prometí nada.
—¿Y
crees que una relación así se puede mantener en el tiempo sin consecuencias,
sin implicaciones? ¿Es que no tienes corazón?
—No
para ti —contestó Andrew con rabia.
Una
pequeña parte de Neil podía entender el dolor de Tyler, pero su forma de
afrontarlo y castigarlos por ello era injustificable.
Subió
los últimos escalones hasta el último piso despacio para no delatar su
presencia. Recorrió el pasillo siguiendo sus voces. Las paredes estaban llenas
de grafitis y todas las puertas tiradas en el suelo y rotas. No quedaba nada de
las casas que habían sido alguna vez.
Cuando
los encontró y los vio, asomándose con cuidado, se le quedó atascado el aliento
y le tembló todo el cuerpo.
Andrew
estaba atado con cuerdas, sentado en el suelo contra una pared, y un lado de su
cabeza sangraba donde Tyler le había golpeado. El otro se encontraba casi sobre
él, con los puños apretados y el rostro desfigurado por la rabia, por su
corazón roto, por su locura desquiciada.
Cogió
a Andrew por la mandíbula con fuerza y le escupió las palabras a la cara.
—Ya
no quiero hacer daño a Neil para que veas que yo te quiero más y mejor. No te
lo mereces. Quiero hacerle daño para que sepas lo que es sentir este dolor.
Después de lo que voy a hacerle no volverá contigo nunca. Voy a quitártelo y si
tienes corazón veré cómo se hace pedazos.
Le
soltó y Andrew forcejeó con las cuerdas soltando un grito de rabia.
—Te
mataré. Si le tocas otra vez te mataré.
Tyler
se rio amargamente y le dio la espalda confiado. Neil no dudó ni un segundo en
reaccionar. Corrió y antes de que pudiese darse la vuelta por el ruido de sus
pisadas lo derribó con un fuerte empujón.
—¡Neil!
—Se dio la vuelta para mirarle—. ¡Cuidado, tiene mi navaja!
Se
giró justo a tiempo para esquivar el intento de apuñalarle.
Mierda,
él no había traído ningún arma.
No.
Él
era el arma.
Le
mostró los dientes gruñendo y se convirtió en un lobo gris, destrozando su ropa
en el proceso. Se puso delante de Andrew para protegerlo y volvió a gruñirle en
su forma animal.
—¿Prefieres
a un puto monstruo antes que a mí?
Neil
lanzó una dentellada.
—Supongo
que te van los animales. —Escupió en el suelo frente a Neil y apretó la
sujeción en la navaja, preparado para atacar—. Asqueroso.
Neil
se lanzó a por él y le mordió la pierna, apretando con fuerza con su mandíbula
de lobo. El sabor a sangre le llenó la boca. Tyler gritó de dolor y le clavó la
navaja en el lomo, pero Neil no le soltó y consiguió tirarlo al suelo y
arrastrarlo para alejarlo de Andrew, que no dejaba de gritar su nombre
desesperado.
Tyler
le cortó en la pata delantera y Neil le soltó la pierna para morderle el brazo
y que soltase el arma, pero Tyler tenía una resistencia al dolor sorprendente,
o la rabia le cegaba, y le dio un puñetazo a Neil en la cabeza de lobo y
después una patada en las costillas. Neil cayó hacia un lado y tuvo que soltar
a su presa, momento que Tyler aprovechó para coger el arma con la otra mano,
con el brazo que tenía intacto, y se lanzó sobre Neil para apuñalarlo, pero de
repente Andrew se había soltado y se lo quitó en encima levantándolo por la
cintura y lanzándolo hacia un lado. Cuando Tyler intentó levantarse para seguir
pelando sin rendirse, Andrew le dio una patada en la cabeza, cayó hacia atrás y
su cabeza rebotó contra el suelo haciendo un horrible sonido y después…
silencio y quietud.
Solo
se escuchaba la respiración jadeante de Andrew y el lobo.
Pasaron
unos segundos interminables y Neil volvió a su forma humana, acurrucado en el
suelo y desnudo.
Tyler
no se movía. Un charco de sangre empezó a extenderse bajo su cabeza. Andrew lo
miraba con los ojos desorbitados, aterrorizados. Neil se levantó, se acercó y
le cogió la mano.
—Andrew
—susurró su nombre para no asustarle, parecía a punto de romperse.
Le
miró y su gesto cambió del terror al alivio al verlo vivo y bien, aunque
sangraba por un brazo y por el costado, se curaría.
Fueron
conscientes de que estaban vivos y juntos y habían vivido otra situación límite
y violenta y habían sobrevivido y un instinto los movió a ambos a lanzarse a
los brazos del otro. Se abrazaron. Andrew con ansia, sujetándolo con fuerza;
Neil con cuidado para que no se sintiese retenido, sosteniéndolo con suavidad.
—Te
tengo. Estoy aquí. Estás bien —murmuró Neil para calmarlo.
Andrew
se separó unos centímetros para mirarlo a los ojos.
—Le
he matado —dijo con voz atormentada. Su pesadilla se repetía.
—Ha
sido un accidente.
—Nadie
me creerá con mis antecedentes.
—Entonces
nadie lo sabrá.
Andrew
frunció el ceño y Neil le sostuvo el rostro entre las manos.
—Nadie
se enterará de lo que ha pasado.
—Hay
un cadáver.
—Nos
desharemos de él.
—No
quiero implicarte en esto…
—Mi
sangre está por todas partes, no puedes apartarme, yo también formo parte de
esto.
Andrew
cogió el rostro de Neil de la misma forma, mirándolo como si no se creyera que
estaba allí y lo que iba a hacer por él. Como si no se creyera que alguien
pudiese quererle tanto, que alguien pudiese dar tanto por él. Como si no se lo
mereciera, tal y como había dicho Tyler.
—Estamos
juntos en todo, para lo bueno y para lo malo —prometió Neil.
Andrew
asintió y lo besó para mantenerse de una pieza.
—¿Cómo
lo hacemos? —preguntó.
Neil
tomó las riendas de la situación porque Andrew parecía sobrepasado, sus
demonios estaban acechándole demasiado cerca.
Encontraron
una cortina de ducha vieja y raída y una alfombra en no mejor estado, pero
servían para el cometido. Neil hizo de tripas corazón y se puso los pantalones
de Tyler para no andar por ahí desnudo mientras enterraban el cadáver, solo se
habían salvado sus zapatillas de la transformación.
Lo
envolvieron, primero en la cortina de ducha, luego en la alfombra, y esperaron
a que anocheciese para encontrar un lugar donde deshacerse de él.
Mientras
limpiaron la sangre del suelo con los trozos de la ropa de Neil y la quemaron
en un cubo metálico hasta que no quedó nada.
Luego
esperaron.
En
otra habitación de la casa había un sofá viejo y asqueroso, pero estaban tan
cansados, devastados, que les dio igual y se sentaron en él.
—Oye,
¿cómo te soltaste si tenía tu navaja?
—Él
sabía que siempre llevaba una encima, así que últimamente llevaba tres
escondidas en diferentes sitios, por si acaso. Solo encontró dos al
registrarme.
Neil
le apartó el cabello de la frente y acarició alrededor de la costra que se
había formado en el golpe que había recibido antes de todo.
—¿Te
duele?
—No.
Ahora mismo no siento nada. ¿Y a ti te duele? —preguntó, echando un ojo a la
herida más fea que tenía, la puñalada en el costado, pero ya no sangraba.
—No,
está curando bien.
Andrew
suspiró y Neil entrelazó sus dedos y apoyó la cabeza en su hombro. Estaban
viendo el atardecer por una ventana rota. Andrew le acarició el dorso de la
mano con el pulgar mientras el cielo se llenaba de una paleta de colores intensos
hasta que el negro lo cubrió todo.
Algunos
drogadictos y vagabundos salieron de sus escondites con la noche, pero nadie
les prestó demasiada atención, cada uno iba a lo suyo, así no encontraban
problemas, bastantes tenían ya.
No
encontraron ningún maldito sitio donde enterrar el cadáver cerca, aunque sí una
pala en la fábrica abandonada, así que no tuvieron más remedio que llamar a la
única persona en la que Andrew confiaba ciegamente aparte de Neil, y la única
que a Neil no le importaba implicar en el encubrimiento de un asesinato.
—Necesito
tu ayuda —dijo Andrew por teléfono—. Lo siento.
Luego
asintió, colgó, escribió un mensaje y se guardó el teléfono.
—Ya
viene.
—¿Le
has dicho que traiga el coche?
—Sí,
en el mensaje con la dirección.
Volvieron
a donde habían dejado el cadáver escondido en la planta baja y esperaron a que
Kevin apareciese para salvarles el culo.
Cuarenta
y cinco minutos después escucharon su coche acercarse y le llegó un mensaje a
Andrew de confirmación.
Cogieron
cada uno un lado de la alfombra y la metieron en el maletero, que por suerte
era espacioso. Luego Andrew se montó delante, de copiloto, y Neil detrás.
—Eso
no es solo una alfombra, ¿verdad?
—No
—contestó Andrew.
—Joder
—masculló Kevin.
Arrancó
el coche y los sacó de allí.
—¿A
dónde vamos?
—Al
bosque —contestó Neil.
Su
mirada se encontró con la Kevin en el retrovisor y la desvió con rapidez,
avergonzado, sintiéndose culpable por implicarlo.
—Lo
siento, Kevin —dijo en voz baja.
—No
quiero saber nada. Os llevo allí, hacéis lo que tengáis que hacer y os llevo a
casa. Nunca más hablaremos de esto.
Andrew
asintió y Neil rezó para que realmente nunca tuviesen que volver a hablar de
eso. Que quedase tan enterrado en el pasado como el cadáver en la tierra.
Era
tarde, las carreteras estaban vacías y media luna brillaba alta en el cielo.
Kevin aparcó a un lado de una carretera secundaria y Andrew y Neil sacaron el
cadáver del maletero, con la pala y un bidón pequeño con gasolina que le birlaron
a Kevin sin preguntar.
Se
adentraron en el bosque.
Cavaron
turnándose hasta tener una buena profundidad. Tardaron horas. Arrastraron el
cuerpo envuelto hasta el agujero y lo lanzaron dentro sin ceremonias,
derramaron toda la gasolina sobre él para cubrir el olor y echaron la tierra
por encima.
Al
terminar, a Andrew le temblaban las manos y Neil sabía que no era por el
esfuerzo. Aunque estaban agotados y destrozados, tal vez incluso en estado de
shock por la situación, y tendrían que asimilar todo lo que había pasado y las
decisiones que habían tomado más adelante. Sin embargo, Neil estaba seguro de
que no se arrepentiría, solo tendría que encargarse de que la culpa no devorase
a Andrew.
Cogió
sus manos y apartó su mirada de la tierra removida para mirarse a los ojos.
—Juntos,
para siempre —prometió.
Estaban
cubiertos de tierra y sudor y manchados de sangre, pero al mirarse a los ojos
no importaba nada más que tener el apoyo del otro, y lo tenían. Se tenían.
—Juntos,
para siempre —repitió Andrew.
Cogió
a Neil por la nuca y lo atrajo para besarlo. En su boca encontraba el centro
del mundo, la estabilidad, la gravedad, el salvavidas, todo. Tenía a alguien
que confiaba en él, que le creía, que le protegía, que le ponía por delante,
que se lo jugaba todo por él, por ellos. Y eso hacía que pudiese sobrevivir a
la culpa. Porque tenía lo mejor del mundo en sus manos y mataría sin
remordimientos para conservarlo.
Volvieron
al coche cogidos de la mano, dejando atrás un oscuro secreto y promesa luminosa
que los uniría para siempre.
Kevin
los dejó en los vestuarios del santuario para que no apareciesen hechos un
desastre en casa y se marchó sin ellos.
Se
ducharon juntos, se limpiaron el uno al otro con ternura. Luego metieron toda
la ropa que habían llevado puesta en una bolsa para deshacerse de ella y
cogieron ropa de sus taquillas para volver a casa.
El
amanecer los acompañó durante el camino.
Nicky
y Matt los estaban esperando en la cocina, angustiados por la preocupación. A
Kevin no se le veía por ningún lado, los habría ignorado para irse directamente
a la cama, y el resto seguían durmiendo como si esa noche hubiese sido tan
normal como otra cualquiera.
—Te
estábamos esperando —dijo Matt, entre enfadado y preocupado.
—¿Toda
la noche? —preguntó Neil.
Sus
amigos asintieron y le escrutaron como un águila a una presa, buscando heridas
visibles en su cuerpo. No encontraron nada alarmante a la vista y Neil se
esforzó mucho por no hacer ningún gesto que delatase el dolor de sus brazos, ni
el pinchazo que todavía sentía en el costado por la puñalada.
Por
desgracia, no pudo evitar que viesen el golpe en la cara de Andrew; ya estaba
curado pero la zona alrededor seguía enrojecida.
—¿Estáis
bien? —preguntó Nicky.
—Sí,
tranquilo, ya ha pasado todo. Lo prometo.
Andrew
asintió para corroborar sus palabras.
—¿Debemos
saberlo? —preguntó Matt.
—No
es necesario, no era tan importante.
—Nada
que no pueda solucionar unos puñetazos y unas amenazas —añadió Andrew para
quitarle importancia y calmarlos.
—Siento
haberos tenido en vela toda la noche.
Nicky
se encogió de hombros y Matt soltó un suspiro cansado.
—No
pasa nada, pero vamos a tener que trabajar más la comunicación antes de que nos
mates de un infarto, Neil —dijo Matt con una media sonrisa—. Aunque por ahora
será mejor que durmamos un poco.
Neil
sonrió a sus amigos y los siguió arriba sin soltar la mano de Andrew. Cada uno
fue a su habitación y, al encerrarse en la suya, se dejaron caer en la cama sin
cambiarse de ropa ni nada.
Andrew
le hizo tumbarse de lado y acomodó todo su cuerpo pegado al de Neil, con el
pecho apoyado en su espalda y un brazo rodeándole la cintura.
—Dilo
otra vez —susurró.
Neil
sonrió, sabía perfectamente a qué se refería.
—Juntos,
para siempre.
Andrew
le besó la nuca y lo abrazó con más fuerza.
—Juntos,
para siempre —contestó.