La
vuelta a las clases fue un alivio, otra vez volvía a estar tan ocupado que no
tenía tiempo para pensar demasiado en todo lo que le atormentaba. Entrenar con
el equipo, ir a clase, ir al gimnasio, hacer los trabajos… y caer rendido cada
noche en su cama caliente con el estómago lleno. Un lujo.
Incluso
era capaz de comportarse con Andrew como si no hubiese pasado nada en los
entrenamientos y nunca lo encontraba cuando terminaba de ducharse porque ya se
había ido con Kevin. Matt y Nicky notaron algo extraño entre ellos, pero no
insistieron mucho, estaban acostumbrados a sus tira y afloja, no sabían que
esta vez había sido diferente, peor.
Andrew
estuvo usando jerséis de cuello vuelto durante unos días para que nadie viese
la marca que le había dejado en el cuello y durante los entrenamientos se ponía
una tirita. Todos le miraban con disimulo y cuchicheaban, pero nadie se atrevió
a preguntarle nada. Dieron por hecho que sería una marca de alguna pelea porque
sospechar que Andrew había dejado que alguien se le acercase tanto de forma
íntima les parecía impensable. Por suerte nadie los vio subir juntos esa noche,
todos estaban demasiado ocupados con sus ligues o demasiado borrachos. Solo les
echaron en falta en la cuenta atrás, pero tampoco les pareció muy extraño.
Lo
único que Neil no había conseguido, ni con distracciones ni con agotamiento,
era olvidarse del beso. De los besos. No recordaba cuántos habían sido, pero sí
lo que sentía mientras Andrew le besaba, que eran eternos y demasiado efímeros.
Sus sentidos más desarrollados le estaban volviendo loco porque recordaba cada
caricia de su lengua, el roce de sus dientes en la piel sensible, cada matiz de
su sabor, como si pudiese volver a besarlo en cualquier momento… pero solo en
su mente.
Tenía
que dejarle espacio para tranquilizarse y mientras él intentaba no perder del
todo la cordura porque nunca le habían besado así.
No
quería perderle pero tampoco sabía cómo recuperarle, Andrew era un misterio
oscuro y opaco, indescifrable sin las pistas de su receloso creador.
Neil
esperaba. Cada día un lujo y una agonía con esos ojos negros ignorándole.
—Tierra
llamando a Neil —dijo Liam.
Y
a la tercera vez Neil lo escuchó por fin.
—Perdona.
Estaban
en el salón, sentados en el suelo entre el sofá y la mesita, con esta llena de
cuadernos y apuntes y libros, haciendo cada uno sus cosas en compañía. Nicky
estaba con su novio y Matt pasaba mucho tiempo con su chica (amiga-rollo-casi
novia) desde que había vuelto de pasar las vacaciones de invierno con su
familia; no había hablado de ello pero Neil había notado que la echaba de menos
esos días, le gustaba mucho y se alegraba por él, aunque echaba de menos a sus
amigos, o… tener también a alguien con quien compartir tanto tiempo.
Neil
agitó la cabeza, negando para sí mismo, y se pasó una mano por el pelo,
despeinándose más.
Le
quedaba Liam, tan picaflor como siempre.
—¿Estás
bien?
—Un
poco saturado de información —mintió con disimulo.
—Creo
que podemos parar por hoy, llevamos ya dos horas aquí y se me está quedando el
culo plano.
Neil
soltó una risa suave y se aupó para subirse al sofá, Liam se sentó a su lado y
gimió de gusto sobre los mullidos cojines.
—Últimamente
te estás esforzando demasiado, tienes ojeras —dijo Liam, pasando un dedo por su
pómulo pillándolo desprevenido, no había sido ni una caricia, solo un simple
toque, pero todavía sobresaltaba un poco a Neil el contacto con otros, excepto
con…—. Deberías descansar más.
—Me
viene bien estar así.
—No
hay que vivir los días queriendo que pasen lo más rápido posible, hay que vivir
despacio y encontrar momentos para disfrutar.
—Ahora
mismo necesito todo lo contrario.
—Espero
que eso sí que se te pase rápido.
Liam
le apartó un mechón de la frente y sus dedos se entretuvieron un poco más de lo
debido recorriendo el cabello de Neil.
Andrew
carraspeó con fuerza, haciendo que Neil diese un respingo y se tensase, y se
acercó a ellos como si el mundo entero le perteneciese. Sacó su preciada
navaja, la mariposa bailó entre sus dedos, rodeó el sofá por detrás hasta
inclinarse sobre el hombro de Liam y hablarle al oído. Ni siquiera pretendió
que Neil no lo escuchase.
—¿Quieres
perder los dedos? No creo que puedas jugar al baloncesto botando el balón con la
polla.
Liam
disimuló bien su incomodidad y rodó los ojos en un gesto aburrido.
—Tal
vez si me la ponen muy dura sí pueda —contestó.
—¿Lo
comprobamos?
—Basta
ya —se quejó Neil, levantándose del sofá, y se marchó para alejarse de ellos,
no sin lanzar una mirada hosca a Andrew antes de salir del salón.
Ojalá
le siguiese, ojalá le hablase aunque fuese para discutir, ojalá le reclamase,
pero no hizo ninguna de esas cosas. Neil se fue a dormir sin recoger sus cosas
del salón y sin cenar, Liam tenían razón en que un descanso largo le vendría
bien y de repente se sentía aplastado por el agotamiento.
Para
Liam eran natural tontear, tanto como respirar; Neil no se lo tomaba enserio,
pero Andrew no debería comportarse así si no podía mirarle a los ojos más de
tres segundos sin apartar la mirada y seguir ignorándole.
***
Pasaron
tres días más y aceptó salir con Matt, Nicky y sus parejas para estar con sus
amigos y salir de casa de los zorros. Quería divertirse, aunque en ese momento
tuviese que esforzarse un poco para hacerlo. Quería relajarse y olvidar y
pasarlo bien, y todo marchaba sobre ruedas: conversación animada, un par de
cervezas, unos bailes con sus amigos, una partida de dardos, risas… hasta que
alguien se le echó encima por la espalda, rodeándole con unos brazos fuertes, y
le habló al oído tan borracho que Neil no entendió lo que decía, pero su olor a
alcohol fue suficiente para provocarle una arcada. Su cuerpo reaccionó por
instinto. Le dio un cabezazo, se soltó y lo remató con un codazo en la cara que
casi le tumbó. Neil estaba jadeando, desconcertado por lo que había pasado, y
todo el bar le miraba y le señalaba y un grupo de tíos fueron a por él sin que
pudiese reaccionar.
Matt
y Nicky se interpusieron entre Neil y los amigos del borracho, igual de
perjudicados por el alcohol, pero las cosas no llegaron a más porque un
camarero con un bate de beisbol en las manos les echó del bar. Matt y Nicky
rodearon a Neil y lo sacaron de allí con sus parejas siguiéndolos, dejando los
insultos de los otros a su espalda.
El
aire frío de la calle despejó un poco la mente de Neil.
—Lo
siento, no he podido controlarme, se me ha echado encima y…
—Tranquilo,
lo hemos visto de lejos, ha sido muy invasivo, es comprensible que hayas
reaccionado así —dijo Nicky.
—¿Tú
lo habrías hecho?
—Bueno,
yo… Tú no te preocupes, te entendemos.
—Sí,
Neil, no pasa nada —añadió Matt.
Pero
él no terminó de creérselo. Había estropeado la noche porque no había sabido
reaccionar con las tonterías de un borracho. Su problema era que llevaba la
violencia interiorizada, y el miedo, eso también, siempre. Podría habérselo
quitado de encima con facilidad y en lugar de eso le había golpeado dos veces,
la segunda ensañándose. Como si estuviese en un cuadrilátero peleando, pero su
vida ya no era así, tenía que conseguir dejar eso atrás.
Volvieron
a casa.
Andrew
estaba fumando en el porche. Neil lo olió, lo vio de refilón, pero no le miró,
solo quería llegar a su habitación y esconderse del mundo.
Le
dejaron solo y tranquilo. Nicky tenía planeado pasar la noche fuera con Dean,
estuvo a punto de cambiar sus planes para no dejar a Neil solo, pero él
insistió, prefería no tener compañía esa noche.
***
Andrew
observó cómo Neil entraba en la casa, parecía alterado y preocupado. Dio una
calada a su cigarro y aguantó la mirada que le echaron Matt y Nicky en vez de
ir tras Neil. Se miraron entre ellos, hablando sin palabras, y Nicky asintió
antes de dirigirse a él.
—Esta
noche voy a dormir fuera.
—Bien
por ti —contestó Andrew.
—Neil
dice que quiere estar solo, pero ha sufrido un altercado en el bar y está
nervioso.
Andrew
dio otra calada al cigarro con parsimonia, aunque en el fondo estaba
controlándose para no exigir detalles e ir a por Neil como un poseso. Cada día
sin volver a acercarse a él era una tortura. Desear algo era una tortura.
—Mira,
no sé qué ha pasado entre vosotros, pero sé que Neil te importa —continuó Nicky—,
como a nosotros, tal vez más que a nosotros.
Andrew
dio la última calada, apagó el cigarro en el cenicero y expulsó el humo
formando una nube entre Nicky y él. Se la llevó una corriente de viento helado.
—Por
algún motivo que no consigo entender, Neil conecta contigo como con ningún
otro, y sé que tú con él también por mucho que te hagas el duro. Deja esta
mierda que os traéis ahora mismo entre manos, este enfado o lo que sea, y ve
con él, ambos estáis mejor cuando permanecéis juntos.
No
lo entendía. Neil podía ser su destrucción, era su debilidad, por eso no podía
resistirse a él. Lo suyo no era nada bueno, no se hacían bien, eran dos piezas
rotas cortándose, afilándose. Eran un desastre. Cuando encajaban parecía que
podía funcionar, pero entonces alguno hacía un movimiento y volvía a cortar,
las heridas volvían a sangrar.
—Si
de verdad te importa no le dejes solo.
—No
somos buenos el uno para el otro —logró contestar en contra de su voluntad.
—Porque
seguís luchando en vuestras guerras internas.
—¿Y
cómo se para eso?
Nicky
se sorprendió al escuchar por primera vez en todos esos años fragilidad en la
voz de Andrew; sin embargo, su mirada le desafiaba, se resistía.
—Tal
vez… solo tengas que rendirte. Bajar las defensas y dejarle entrar, solo a él.
Es la única forma de estar con alguien.
Andrew
dio un paso atrás y se cruzó de brazos, reticente, y Nicky suspiró, cogió de la
mano a Dean y se despidió de Matt y su chica. Ellos también se fueron y Andrew
volvió a quedarse solo en la fría noche.
***
Cuando
Neil volvió de darse una ducha para calmarse, no encontró su habitación vacía,
tal y como esperaba. Andrew le estaba esperando dentro, sentado en su cama.
Neil se quedó paralizado en el umbral y tardó unos segundos silenciosos en
decidirse a entrar. Dejó la puerta abierta un palmo para que Andrew se sintiera
cómodo.
—Ciérrala.
Neil frunció el ceño y examinó a Andrew.
Su rostro sereno, su mirada tranquila, sus hombros relajados. Parecía poder
enfrentarse a ello, fuese lo que fuese contra lo que luchaba.
Neil estiró un brazo hacia atrás y empujó
la puerta hasta cerrarla. Andrew tomó aliento y lo expulsó muy despacio.
—¿Qué te ha pasado?
Neil apartó la mirada, metió la ropa sucia
en la cesta que tenía junto a la cómoda y se sentó en la cama de Nicky.
—Un altercado en el bar —contestó al fin.
—Cuéntamelo.
Él quería preguntarle por qué llevaban más
de una semana sin hablar, pero al menos le tenía ahí, así que se lo contó.
—¿Crees que has hecho mal? Te has
defendido.
—No me estaban atacando.
—Pero te asustó, así aprenderá a
comportarse de otra manera la próxima vez, contigo o con cualquier otro al que
también podría asustar.
—Me sentí como un perro de peleas otra
vez.
Con Andrew le resultaba fácil hablar
porque a él podía mostrarle toda su oscuridad sin espantarlo.
—No lo eres, pero tienes que defenderte
cuando sea necesario y será necesario cuando te sientas en peligro.
—¿Por qué me ayudas?
Andrew no contestó. Se masajeó la nuca,
como si de repente estuviera nervioso, y paseó la mirada por todo el cuerpo de
Neil, lentamente. Solo con que le mirase así se le aceleró la respiración.
—Porque necesito algo de ti.
—¿El qué?
—Ya tengo mi deseo.
El corazón de Neil dio un brinco de
emoción.
—¿Por fin quieres algo? Recuerda que ya no
podrás seguir diciendo lo de “yo no quiero nada” —dijo intentando imitar su
voz.
Andrew apretó los labios para no sonreír y
Neil lo hizo tímidamente.
—Quedará entre nosotros —contestó, mirando
la puerta cerrada de reojo.
—¿Y puedo ayudarte a hacerlo realidad?
—Sólo tú puedes.
Neil tragó saliva y se frotó los muslos
con las manos. De repente la habitación parecía mucho más pequeña. Andrew hizo
un gesto con la cabeza para que se sentase a su lado y Neil se levantó y cambió
de sitio. Su olor lo embrujaba. Y esos ojos negros.
—¿Qué quieres, Andrew?
—Quítate la camiseta.
Neil enganchó los dedos en el bajo de la
tela, pero no los movió hasta que Andrew le ayudó a quitársela. Sus cicatrices
quedaron al descubierto bajo la atenta mirada de Andrew, siempre había sentido
un peculiar interés por ellas. Lo instó a darle la espalda y con la camiseta le
ató las manos.
—No voy a hacerte daño.
—Lo sé —contestó Neil.
Con un dedo tentativo recorrió una
profunda cicatriz que tenía en el omoplato derecho, luego acarició su columna
vertebral con el dorso de los dedos desde la nuca hasta las manos atadas y Neil
tembló por un escalofrío. Andrew enterró la mano en su pelo, inclinando su
cabeza, y besó su nuca.
—¿Estás bien?
—Sí —contestó Neil con la voz ronca.
Entonces le mordió el cuello y Neil gimió.
Pensó que, solo para que siguiese tocándolo, le dejaría hacerle cualquier cosa.
Incluso soportaría no tocarle a él.
Andrew tenía un serio problema con el
contacto físico y la intimidad y Neil no sabía cómo ayudarle. Lo único que
podía hacer era dejarle tomar el control para que se sintiese seguro.
Andrew le hizo darse la vuelta y pasó los
dedos por su pecho recorriendo el mapa de cicatrices, grandes, pequeñas,
blancas, rosadas, un cuadro de violencia.
—Esto es lo que soy.
—Me gusta lo que eres —contestó Andrew.
Y se inclinó para lamerle una cicatriz que
recorría desde el pectoral a la clavícula. Neil echó la cabeza hacia atrás para
poder coger aire jadeando. Andrew le sujetó por la cintura y siguió pasando la
lengua por su cuerpo.
—Andrew —gimió con la voz estrangulada.
—¿Estás bien?
—No.
Al instante se detuvo y lo miró a los ojos
preocupado.
—No estaré bien si no me besas de una
maldita vez.
Andrew gruñó como un animal y se lanzó a devorarlo.
Por fin le besó y Neil gimió de placer, abriendo la boca para recibirlo.
Se besaron con ansia incontrolable hasta
que tuvieron los labios rojos y doloridos y tuvieron que parar porque hacía
demasiado calor, eran ellos los que ardían.
Andrew apoyó la frente en la de Neil y le
desató las manos, aunque él no las movió de la espalda.
—¿Qué más quieres de mí, Andrew?
—¿Qué estás dispuesto a darme?
—Todo.