Ese
fin de semana celebraron la primera fiesta de los zorros a la que Neil
asistiría. Lo descubrió tras despertar a media mañana después de un sueño largo
y reparador, los fines de semana no tenía entrenamiento intensivo. Al bajar a
la cocina la encontró llena de alcohol sobre la mesa donde comían: packs de cerveza,
botellas de whisky y vodka e incluso una de tequila para chupitos; refrescos
para mezclar y vasos de usar y tirar. Por un instante pensó en marcharse y
desaparecer hasta el día siguiente, pero perdió la oportunidad cuando Nicky y
Liam entraron cargados de hielo y le pidieron ayuda para guardarlo todo en la
nevera.
—¿Vendrá
mucha gente?
Tal
vez no se notase si se escabullía luego.
—Que
va, solo nosotros y un invitado por persona —contestó Nicky—. Puedes traer a
alguien si quieres.
—Solo
os conozco a vosotros.
—Ya
—dijo con una sonrisa —, pero por si acaso.
—Si
quieres yo puedo ser tu acompañante —dijo Liam con un alzamiento de cejas.
—¡Oye!
No te metas en mi camino —protestó Nicky.
Liam
se rio, le lanzó un trapo a Nicky a la cabeza y Neil se apartó negando con la
cabeza. No le incomodaban sus bromas e insinuaciones porque sabía que, ante
todo, le respetaban, con sus secretos y silencios incluidos. Sí sintió
curiosidad por quienes llevarían acompañante y a quienes traerían, solo sabía
que Carson tenía novia.
Vio
que Andrew estaba en el porche fumando y, por algún motivo desconocido, salió
para hablar con él. Andrew estaba apoyado en la barandilla de madera, llevaba
pantalones vaqueros y camiseta de manga corta blanca; era curioso verlo con
otra ropa que no fuese de deporte, excepto por las muñequeras negras. Dio una
profunda calada al cigarro al verle y expulsó el humo lentamente, Neil no se
inmutó cuando le llegó al rostro. Si lo que quería era molesta no iba a
conseguirlo así, estaba acostumbrado a que le echasen el humo en la cara con
mala intención.
—¿Vas
a quedarte en la fiesta de esta noche?
—Participamos
todos los zorros.
—¿Es
obligatorio?
—Si
la diversión te parece una obligación, supongo que sí.
—Tú
pareces más de esos.
No
es que hubiesen desarrollado confianza durante esa semana entrenando juntos,
pero, en contra de su voluntad, Neil empezaba a sentir curiosidad por él.
Estaba claro que Andrew se escondía, de alguna forma, tras una fachada
impenetrable: ese rostro inexpresivo, la mirada fría, la actitud de no querer
nada pero estar enseñándole a jugar al baloncesto para que pudiese formar parte
del equipo. Neil empezaba a darse cuenta de que todo en él eran contradicciones
y se pregunta qué podía creerse y qué no, cuál era la verdad de Andrew. Si le
iba a exigir respuestas en algún momento, él también las querría.
—¿No
te parece que tenga ganas de divertirme? —preguntó con el rostro serio, el tono
monocorde y la mirada de un demonio.
Neil
casi estuvo a punto de reírse.
—Sí,
muchas.
—¿Y
tú?
—Incluso
más.
Neil
juraría que había notado cómo se movían las comisuras de su boca, pero se puso
el cigarro entre los labios y dio otra calada para detener lo que habría sido
una sonrisa. Estaba seguro.
—¿Vas…
a llevar a alguien?
Se
terminó el cigarro y lo apagó en un cenicero que había apoyado en la
barandilla. Miró a Neil de arriba abajo, parecía que no iba a contestar, pero
lo hizo.
—Ya
lo verás.
Y
se fue. Neil no sabía dónde. Lo vio marchar y volvió a entrar en la casa. Más
extraño que verlo en vaqueros era verlo sin Kevin pegado.
Nicky
y Liam salieron para terminar de sacar las cosas del coche, faltaban las bolsas
de patatas y picoteo. Neil los ayudó y después se dividieron cada uno en un
sofá y pusieron un partido de baloncesto grabado para enseñárselo a Neil. Estos
chicos estaban obsesionados con el baloncesto, nunca se cansaban, y se lo
estaban contagiando, motivado por su búsqueda desesperado de algo a lo que
pertenecer, donde empezar de cero, donde ser alguien nuevo.
En
su antigua vida no salía mucho de fiesta, Ray solía arrastrarle cuando Neil se
dejaba convencer. Iban a algún bar cercano, Ray se emborrachaba, se follaba a
alguien en los baños y volvían a casa antes del amanecer. Neil también lo había
hecho alguna vez, sin la parte de emborracharse, pero no terminaba de
disfrutarlo, era incómodo follar en un cuadrado diminuto y sucio o en un
callejón y largarse después de correrse. No es que esperase un cuento de hadas,
porque Neil no esperaba mucho de la vida, y menos del amor, pero sí algo más
del sexo. A Ray, en cambio, le valía con cualquier cosa, para ser feliz solo
necesitaba una mamada. O un chuletón poco hecho y una cerveza. Ray disfrutaba
de la vida mucho más que Neil, dentro de las malas circunstancias de ambos, y
eso solo hacía que a Neil le pareciera más injusto que hubiese muerto. Que de
los dos hubiese sido Ray a quien matasen.
Por
la tarde Neil salió a correr a trote ligero con Matt y luego se dio una larga
ducha de agua caliente mientras el otro se quedaba echando unos tiros libres
con Liam y Carson. Seguro que si esa noche era el único sin pareja dejarían de
prestarle atención muy pronto, todos se podrían a beber y enrollarse y él
podría irse o encerrarse en su habitación si Nicky no quería usarla.
Los
chicos prepararon el salón moviendo los sofás y sillones cerca de las paredes
para dejar el centro vacío, conectaron una aplicación de música a la televisión
para escucharla por los altavoces y Neil empezó a ponerse nervioso, no le
gustaba no saber qué esperar, si sería algo tranquilo o completo desfase. La
música silenció las voces de sus compañeros y Carson se sentó en un sofá para
liarse un porro, al encenderlo solo le dio una calada profunda antes de pasarlo
y así hicieron todos los que estaban excepto Neil, que negó con la cabeza
cuando se lo ofrecieron. Solo faltaban Kevin y Andrew, pero antes fueron llegando
los invitados de los demás.
Primero
llegaron dos chicas vestidas de animadoras. La novia de Carson era rubia y
sonriente. A Neil le pareció más extraño que una chica tan risueña estuviera
con Carson que su ropa. Su novio lo primero que hizo fue meterle mano por
debajo de la falda antes de dejarla saludar a los demás y presentársela a Neil.
Matt y Liam la saludaron con confianza, pero Nicky no, y eso fue todo lo que
Neil necesitó para saber que no le interesaba conocerla demasiado. La otra
esperó pacientemente a que Liam se acercase a comerle la boca y luego soltó una
risita encantada; llevaba el pelo castaño recogido en dos coletas y raya en el
ojo kilométrica. Después de saludar, las dos se pusieron a bailar en medio del
salón y sus chicos les llevaron las bebidas.
Luego
se unieron la chica de Matt, morena y alta, y el chico de Nicky, que tenía
pinta de empollón y buena persona. Neil se preguntó qué pintaba allí, pero en
realidad hacía buena pareja con Nicky. Llevaba gafas de pasta y el pelo
ondulado despeinado, tenía una sonrisa bonita, con hoyuelos. Matt y su amiga
fueron a por bebidas.
—Es
mi novio —dijo Nicky.
Neil
no pudo evitar mirarlo boquiabierto como un idiota y Nicky se partió de risa.
—Nicky
me ha hablado mucho de ti —dijo Dean, su novio.
—Y…
a mí de ti.
—¡No
mientas, Neil! —exclamó Nicky riéndose —. Mira, pobrecito, le está dando un
aneurisma.
Dean
se rio con disimulo.
—Tranquilo,
sé que no sabías nada, no te pongas nervioso. Entre Nicky y yo no hay secretos.
—No
puedo decir lo mismo.
—¡Mira
quién habla!
Eso
era cierto, así que cerró la boca e intentó ser amable con su novio.
—Bueno,
encantado de conocerte.
—Igualmente.
Voy a por una bebida mientras os ponéis al día.
Se
dieron un beso durante el cual Neil apartó la mirada y luego Nicky le dio un
toquecito en el hombro para llamar su atención y se encontró con su sonrisa
deslumbrante.
—Así
que…
—No
tengas celos, Neil, tenemos una relación abierta. Y tampoco te preocupes, sabe
que tontear es mi forma favorita de expresarme. Nos va bien juntos.
—¿Lleváis
mucho tiempo?
—Siete
meses.
—¿Por
qué no me lo has contado? Sé que no tengo derecho a reclamarte nada, pero…
—Simplemente
quería divertirme, igual que tú al no contar si eres hetero o gay. Un poco de
misterio, ¿no?
Neil
asintió. Era una hipocresía que a un mentiroso le sentasen tan mal las
mentiras, pero ahora que Neil lo entendía se sentía mejor. No le gustaba la
idea de que hubiese estado manipulándolo de alguna forma, habría perdido la
poca confianza que había depositado en él. Pero solo le estaba devolviendo la
jugada.
Fueron
a la cocina para tomar algo también, Neil eligió un refresco con mucho hielo, y
luego se reunieron todos en el salón. Las chicas bailaban en el centro, los
chicos las miraban desde sus asientos. Nicky y Dean empezaron a enrollarse en
un sofá, otro porro rulaba de uno a otro, y Neil no sabía qué hacía allí
metido. Y tampoco sabía qué hacer. Volvió a rechazar el porro y sujetó su copa
sin alcohol como si fuera un salvavidas. Poco después aparecieron Kevin y
Andrew.
—¡Ya
estamos todos! —exclamó Matt.
Kevin
iba solo.
Andrew
no.
Le
acompañaba un chico. Entraron al salón y se hicieron con el porro, quedándose
de pie mientras observaban el espectáculo. El chico de Andrew era más bajito
que él, delgado, con el pelo negro corto y los ojos marrones. Llevaba ropa
ajustada. Neil no podía imaginárselos juntos y Andrew le ignoraba tanto como a
los demás, pero estaba claro que había venido con él y no con Kevin. El chico
se pegaba a Andrew hasta casi rozarse, sin llegar a hacerlo, y fumó de sus
dedos cuando él le puso el porro frente a la cara sin siquiera mirarle. El
chico se inclinó y dio una calada.
Entonces
Andrew miró a Neil a través del humo y clavó sus ojos negros en los suyos
verdes. No decían nada, como siempre, pero Neil podía escuchar una pregunta: ¿sorprendido?
Kevin
se sentó solo en un sillón y miró a las chicas bailar. Neil los observó a
todos, estaban bailando para ellos. Las miró también, aburrido. Andrew y su…
chico se sentaron en el sofá donde estaba Matt, frente a Neil. Después de dos
porros rulados y una primera ronda de bebidas se tomaron unos chupitos de
tequila y mordieron las rodajas de limón de las bocas de sus parejas, excepto
Kevin, que se la comió solo.
Por
primera vez, Neil sintió empatía hacia Kevin, parecía tan aburrido y fuera de
lugar como él.
Todos
aprovecharon para besarse. Los labios de Andrew no tocaron los del chico.
Mordió con los dientes la carne del limón y exprimió el jugo, limpiándose con
una mano las gotas que le cayeron en la barbilla. No se tocaban, no se besaban,
¿qué hacían juntos? Neil los observaba intentando descifrarlos. Le resultaba
extraño que el interés por otra persona pudiese traspasar la frialdad de
Andrew, pero no parecía realmente interesado en su acompañante.
—Vamos
a jugar a botella —propuso una de las chicas, Neil ya no las distinguía.
Como
si fuese algo a lo que estuviesen acostumbrados, se colocaron en círculo en el
centro del salón y pusieron una botella de cerveza vacía en el suelo. Nicky se
unió, para sorpresa de Neil, pero Dean no. Kevin tampoco. El chico de Andrew le
miró, él le hizo un gesto con la cabeza y se unió. Andrew no, por supuesto.
—¿No
vienes? —preguntó Nicky.
Neil
negó con la cabeza.
Jugaron
sin él. Las chicas se besaron entre ellas, Nicky se besó con Liam, luego Liam
con su chica. Era un todos con todos. Cuando le tocó al chico de Andrew con una
de las animadores, Neil miró a Andrew y se topó con sus ojos negros en él. Ni
siquiera prestó atención cuando su acompañante se besó con otra. El juego
siguió y ellos se aguantaron la mirada como si fuese un reto, su propio juego.
Andrew
bebió de su cubata y Neil de su refresco.
Un
juego o una batalla, no estaba claro.
Se
escuchó una risa aguda y exaltada por encima de la música y Neil falló,
desconcentrado, al mirar cómo una animadora se subía al regazo de Carson y
empezaban a enrollarse como si estuvieran solos. Los demás cogieron a sus
parejas e hicieron lo mismo, ya se habían calentado lo suficiente.
Cuando
devolvió la mirada hacia Andrew parecía que él no se había movido ni un
milímetro. Solo lo hizo cuando el otro le puso una mano en la pierna y se la
apartó, pero acto seguido se levantó y salió del salón con el otro detrás.
Kevin
se levantó y desapareció por la puerta sin decir nada.
Neil
quiso seguirlo solo para huir, pero no lo hizo. Se quedó allí, siendo el único
que no se estaba enrollando con nadie, sin saber dónde coño mirar para no
parecer un stalker salido. Al final no pudo aguantarlo más y se levantó
con la excusa de ir a por otro refresco aunque nadie le estaba prestando
atención. Así que así eran sus fiestas: alcohol, porros y sexo. Nada
sorprendente, pero tampoco agradable para Neil, le recordaron a su manada y eso
no le gustó.
Andrew
se encontraba en la cocina, solo, con los ojos cerrados. Neil entró dubitativo
y el otro no se percató de su presencia al ir despacio y no hacer ruido,
tampoco es que se escuchase mucho con la música a tan alta. Si hubiese sido un
cambiante le habría olido al acercarse, pero no lo era. Estaba apoyado en una
esquina de la mesa, inclinado sobre los brazos flexionados, y un cigarro
encendido le colgaba de la boca entreabierta. Parecía… Neil se acercó. Había
algo en él. Tenía el ceño ligeramente fruncido, los labios relajados y la
respiración acelerada. No estaba inexpresivo como siempre. Neil giró por el
otro lado de la mesa y se detuvo impactado al ver el cuadro completo.
Bajo
la mesa estaba el otro chico y Andrew movía las caderas contra su rostro,
contra su boca abierta.
Neil
se quedó sin aliento y no consiguió apartar la mirada.
Andrew
abrió los ojos, percatándose de su presencia; sin embargo, los mantuvo clavados
en la tabla de la mesa, ignorándolo, sin importarle que hubiese invadido su
intimidad. La ceniza cayó del cigarro que se consumía solo en su boca. Andrew
lo mordió, mostrando los dientes, y su rostro se contrajo cuando…
Neil
salió de allí corriendo y se tropezó con Nicky y Dean en el pasillo.
—¿Estás
bien? —preguntó Nicky.
Neil
no pudo contestar. De la cocina salió Andrew abrochándose el pantalón y el
chico detrás hacia el salón. Neil evitó mirarlos y Nicky soltó una risita.
—¿Has
visto algo pervertido? —preguntó sonriendo.
—¿Cómo
lo sabes? —consiguió articular Neil.
—Es
lo normal aquí, tranquilo. Andrew es exhibicionista o algo así, le gusta que le
puedan pillar e incluso que le miren. Durante las fiestas te lo puedes
encontrar en cualquier rincón follándole la boca a alguien.
—Podrías
haberme avisado.
—Lo
siento, se me pasó, yo ya estoy acostumbrado.
—¿Algo
más que deba saber?
—Uf,
tantas cosas —contestó riéndose, estaba borracho—, pero yo también quiero
correrme y no me gusta tener público, así que no subas a la habitación en un
rato.
Le
guiñó un ojo y se llevó a Dean de la mano escaleras arriba.
Neil
volvió al salón y se topó con Carson, que le pasó un brazo por los hombros y se
tambaleó borracho. Neil se lo quitó de encima y se alejó para que no pudiera
volver a pillarle.
—Tranquilo,
novato —dijo con la risa floja—. Toma, para llevarnos bien.
Le
ofreció una copa.
—No
bebo.
—No
lleva alcohol. Promesa de Boy Scout.
Neil
lo olió y se mojó los labios en el líquido para comprobar que solo era
refresco. Luego dio un trago y Carson aplaudió, después volvió con su chica
para bailar con ella. Neil estaba concentrando toda su energía en no mirar a
Andrew así que se bebió la copa muy rápido. Fue al baño para aliviarse por
haber bebido tanto y se echó agua en la cara. Al incorporarse en el lavabo le
sobrevino un mareo y tuvo que sujetarse en la pared. Se miró en el espejo y se
vio borroso. Salió del baño tropezándose y chocó con el pecho de Andrew, este
lo sujetó por los brazos para estabilizarlo y Neil agitó la cabeza, aturdido.
—¿Qué
me ha dado?
—Queremos
que te diviertas, pero eres muy aburrido.
—Hijo
de puta.
Andrew
lo empujó contra la pared y se acercó peligrosamente.
—Solo
quiero ver al verdadero Neil. Sin máscaras, sin contención, sin secretos, sin
mentiras.
—Eso
no es de tu incumbencia, cabrón.
—Sí
lo es, ahora todo lo que te concierne lo es. No puedes pretender entrar en el
equipo, en nuestra casa y nuestras vidas de puntillas, como una sombra. Las
sombras acechan, no me gustan.
—Como
si tú tuvieses ni una pizca de luz. Eres como tus ojos, un agujero negro.
—Los
agujeros negros se alimentan de luz, no de sombras.
Neil
se lo quitó de encima con un empujón y salió de allí corriendo, tropezándose
con sus propios pies. El alcohol era un desestabilizante para los cambiantes,
sobre todo las primeras veces que lo probaban, perdían la capacidad de
controlar la transformación. Las drogas eran una bomba a punto de explotar.
Tenía que alejarse todo lo que pudiera de allí antes de cambiar. Salió de la
casa a trompicones y la rodeó. No sabía qué le habían dado, pero no le estaba
sentando bien, y el pánico no ayudaba. Se encontró con Kevin lanzando la pelota
solo y siguió corriendo hasta adentrarse en las sombras de la noche.
Corrió
hasta el pabellón, su cuerpo le llevó allí sin pensarlo, dejándose llevar.
Abrió con las llaves que tenía en el bolsillo y empezó a desnudarse nada más
entrar. Tenía que darse prisa por si venían a buscarle. Dejó la ropa escondida
en su taquilla y se transformó en el vestuario. Cuando estuvo a cuatro patas
salió de allí y no se detuvo hasta salir del campus y acabar en el portal del
edificio donde vivía el entrenador. Allí el perro gimoteó, acurrucado en una
esquina, enfermo por las drogas, y durmió a la intemperie en el bordillo.