25 enero 2025

Capítulo 17

Neil se despertó muy pronto, al mirar por la ventana vio que estaba amaneciendo, así que no le sorprendió que la casa estuviese en absoluto silencio; la fiesta se había alargado hasta muy tarde, aunque después de que Nicky terminase lo suyo, Neil se encerró en la habitación y no volvió a salir. Su compañero de cuarto no regresó esa noche.

Se desperezó estirándose y se puso la ropa de deporte para salir a correr. Antes pasó por la cocina para beberse un vaso de agua enorme de un trago y se marchó, necesitaba despejarse la mente, los recuerdos de la noche le perseguían. Pero por muy rápido que corrió, no consiguió dejarlos atrás.

Una hora después entró con sigilo en casa, todos seguían durmiendo. No le apetecía encontrarse con nadie, muchísimo menos con una persona muy concreta, así que cogió ropa y la mochila con los libros y se fue a ducharse al vestuario del pabellón antes de ir a la biblioteca. No tenía mucho que hacer, pero pasó allí todo el día solo. Encontró sitio en el segundo piso, en una esquina al fondo, detrás de unas estanterías con un ventanal enfrente, y como toda la universidad estaba de resaca, realmente parecía que tenía la biblioteca para él solo, tal vez fuera así.

Estudió, pasó apuntes a limpio, terminó un par de trabajos y repasó los temarios que darían en las próximas clases. También pasó mucho tiempo mirando por la ventana pensativo, luchando contra sus propios recuerdos. Incluso durmió una pequeña siesta en un sillón viejo después de comer un sándwich de máquina.

No se movió de allí, de ese lugar que había reclamado como su escondite, hasta el atardecer, que llegó demasiado pronto. Volvió a casa a las siete de la tarde, cabizbajo y con paso lento.

No tenía tiempo para distracciones y las fiestas de los zorros siempre le dejaban descolocado durante demasiado tiempo. La manada era la única familia que conocía y siempre había estado con ellos, era normal la falta de pudor y de intimidad, pero no se parecía en nada a estar rodeado de hombres jóvenes y fuertes que querían satisfacer sus necesidades sexuales sin recato, tomando lo que querían cuando querían.

Si Ray hubiese estado allí se lo habría pasado en grande, iría a todas las fiestas y con una acompañante diferente cada noche. Se lo montaría con ella en el salón con una sonrisa en la cara, sin vergüenza, mientras otros se lo montaban a su lado, incluso mirándolos para excitarse. Él era más libre que Neil y sabía tomar lo que quería, tenía el carácter y la labia necesarios. Seguro que él habría encajado mejor con los zorros y les habría gustado más que Neil.

Suspiró frente a la casa, había actividad en el interior, claro; podía ver sus siluetas moverse a través las ventanas y las cortinas. Tomó aliento y entró.

Nicky apareció corriendo desde la cocina y le cogió por los hombros.

—¿Se puede dónde estabas?

Neil se sorprendió tanto que ni reaccionó cuando lo zarandeó.

—¿Qué? ¿Qué pasa?

Algunos se asomaron para mirarlos desde el salón y la cocina.

—¡Qué pensaba que habías desaparecido! Si no fuese porque tu ropa y todas tus cosas siguen aquí parecería que te habías largado.

—No lo he hecho, Nicky, tranquilo. ¿Puedes soltarme?

Apartó las manos con rapidez y dio un paso atrás para dejarse espacio.

—Perdona.

—Relájate.

—Es que anoche fue intenso y pensé que te habías acojonado y como es imposible localizarte no sabía dónde estabas ni cómo encontrarte —dijo atropelladamente.

—Estaba en la biblioteca.

—Pues la próxima vez deja una maldita nota. ¿Y qué hacías en la biblioteca metido todo un domingo?

—Pues… estudiar.

—Qué rarito eres, joder.

—Tú sí que eres rarito.

Nicky se rio y Neil sonrió al notar que se rebajaba la tensión. Parecía realmente preocupado por él y no había sido su intención asustarle.

—No desaparezcas —le pidió.

—Vale, dejaré una nota.

—O podrías comparte un móvil.

—Dejaré una nota.

Subió las escaleras hasta su habitación, dejó la mochila en el suelo y se dejó caer en la cama, pero no tuvo mucho tiempo para relajarse tras el intenso recibimiento cuando llamaron a la puerta.

—¿Sí?

Matt la abrió lo justo para meter medio cuerpo y apoyarse en el marco.

—¿Estás bien?

—No voy a desaparecer sin despedirme, solo me apetecía estar solo.

—Vale, pero ¿estás bien?

—Sí.

—Bien.

Matt cerró la puerta y Neil se tapó la cara con la almohada. La que había liado sin darse cuenta. Quería estar solo y olvidar lo ocurrido por la noche, no llamar más atención sobre él ni preocupar a nadie. No estaba acostumbrado a dar explicaciones de lo que hacía o adónde iba, mientras estuviese para pelear cuando debía, lo demás no le importaba a nadie.

Ahora estaba con un grupo que no se aprovechaba ni abusaban de él, tenía que aprender a relacionarse de otra forma, ser un poco más accesible y comunicativo. No sería fácil, pero lo intentaría. Ya llevaba meses con ellos y sabía que merecía la pena esforzarse por permanecer allí.

De repente la puerta se abrió sin que llamasen y Neil refunfuñó pensando que era Nicky.

—No he desaparecido, no puedo desvanecerme como un fantasma y estoy bien, deja de preocuparte —dijo sin quitarse la almohada de la cabeza.

Pero cuando la puerta se cerró y los pasos se acercaron, el intenso aroma que llenó la habitación no era el perfume de Nicky, que ya flotaba por sí solo en el ambiente. A Neil no le gustaba nada que tapase el olor natural del cuerpo, le entorpecía la capacidad de rastrear y, aunque no lo necesitaba, estaba acostumbrado a guiarse por el olfato, era el sentido del que más se fiaba. Los cambiantes nunca usaban colonias ni perfumes ni nada con aromas. Andrew tampoco, su olor era salvaje y natural.

Neil apartó la almohada hacia un lado y se quedó tumbado, Andrew lo miraba desde arriba junto a la cama.

—¿Seguro que no puedes desvanecerte?

—Sí.

Andrew estaba tan tranquilo e imperturbable como siempre, parecía una estatua observándole. Piel pálida de granito, cabello rubio y ojos negros. Pero no, no como siempre, no, anoche mostró expresiones y gestos que le desarmaron y Neil podía seguir viéndole así aunque lo estuviese mirando serio, sin ninguna emoción.

Sabía qué cara ponía cuando se corría y eso le estaba volviendo loco, joder.

—¿Te lo pasaste bien anoche?

—No tan bien como tú.

—Porque no quieres.

Neil frunció el ceño, esa respuesta podía malinterpretarse como una proposición, pero claro que no lo era. Andrew solo disfrutaba del sexo de una forma y a Neil no le gustaría estar en la piel de ese chico arrodillado sin nombre, sin importancia, casi sin rostro. Solo una boca sumisa. No lo entendía y no quería inmiscuirse.

—No me gusta hacerlo con público.

Andrew dejó caer algo sobre su vientre y Neil lo cogió con desconfianza. Era un maldito teléfono móvil. Negro con la carcasa negra. Ya estaba encendido, el fondo de pantalla era una cancha de baloncesto.

Neil lo sostuvo en la mano como si fuese un arma apuntándole.

—No lo quiero.

—Me da igual. No vas a desvanecerte, así que tendrás que estar localizable.

—Siempre estoy con vosotros o cerca.

—Excepto cuando no lo estás, como hoy.

—¡No lo quiero!

No quería estar localizable, quería ser un fantasma. No iba a desvanecerse, pero necesitaba tener la opción de poder hacerlo cuando lo necesitase.

—¿Sabes el coñazo que ha dado Nicky durante todo el día? Si vuelves a hacerme pasar por eso, tendré que darle una paliza hasta que deje de molestarme, así que acepta el maldito teléfono.

—Vale, joder —dijo incorporándose para sentarse—. Pero no voy a estar mandando mensajitos todo el tiempo.

—¿Tengo cara de entretenerme mandando mensajitos?

Se miraron fijamente, Neil tenía la cabeza echada hacia atrás y a esa altura estaba demasiado cerca de la zona de Andrew que le hacía pensar en anoche. Se levantó, incómodo, y se cruzó de brazos con el teléfono en la mano.

—Lo tendré apagado excepto cuando necesite comunicarme.

—Eso no es estar localizable, lo tendrás encendido.

—Puedes mandarme en la cancha, no fuera de ella.

—Puedo mandarte donde quiera.

Andrew lo encaró y Neil tuvo que retroceder hasta chocar con la mesa escritorio que nunca usaba para estudiar.

No tuvo sentido replicarle ni resistirse más, Andrew siempre ganaba y notó cuando Neil se rindió.

—Tienes apuntados los teléfonos de todos los zorros y del entrenador.

—Vale.

Andrew sintió, satisfecho, y se dio la vuelta para marcharse, pero la voz de Neil lo detuvo antes de llegar a la puerta.

—Oye, ¿de dónde has sacado el teléfono? Puedo pagártelo.

—Es uno mío antiguo y no necesito tu dinero, quédatelo y ya está.

—¿Cómo se desbloquea?

—Cuatro ceros.

Se fue y Neil desbloqueó el teléfono para comprobarlo, el fondo de pantalla interior era igual, tenía todos los números que le había dicho y ni uno más. Tampoco aplicaciones más que las básicas. El dedo de Neil bailó sobre la pantalla, inquieto, y abrió el álbum de fotos para comprobar que estaba limpio. Solo se sintió un poco decepcionado de que lo estuviese. Negó con la cabeza, contrariado consigo mismo, y bloqueó el teléfono antes de lanzarlo sobre su cama.

Lo miró con desconfianza, pero al poco rato volvió a cogerlo como si no pudiese resistirse al maldito cacharro. Antes tenía uno, claro, y tampoco le gustaba usarlo mucho, aunque no había forma de resistirse a Ray, a él si le gustaba mandar mensajes absurdos a todas horas. Lo dejó atrás para huir, como casi todas sus cosas; incluso el cadáver de su amigo.

Le mandó un mensaje a Nicky para alegrarle.

Neil

Soy Neil

Nicky

Keeeeeeeeeee

¿Por qué tienes el teléfono viejo de Andrew?

Neil

Porque me lo ha dejado, así no te da un ataque al corazón

Nicky

Bieeeeeeen

Todos vivos y localizables gracias a Andrew

Neil

Pues dale las gracias de verdad

Esto es culpa tuya

Nicky

No te quejes

Ahora podré mandarte nudes

Neil

Ni se te ocurra

Nicky

Jajajajaja

Más quisieras, pillín

 

Neil puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar sonreír.

 

Nicky

Baja y ayúdanos a hacer la cena como penitencia

Neil

¿Esto no es suficiente?

 

Pero Neil bajó y ayudó a Nicky y Liam. Algunos cenaron en la cocina charlando, otros en el salón viendo la televisión, y Kevin y Andrew llegaron cuando todos ya habían terminado. Cuando estuvo en la cama, Neil apretó el teléfono con fuerza, ojalá no hubiese tenido que dejar el suyo atrás, era el único sitio donde tenía recuerdos de Ray: conversaciones, fotografías, incluso algún vídeo haciendo el tonto. Le dolía recordarlo.

Probó a hacer una cosa. Apuntó su número de teléfono, que se sabía de memoria, y abrió un chat en blanco solo para ver su fotografía. Rompió a llorar cuando vio su rostro sonriente haciéndose un selfi. Intentó controlar su llanto y dejar escapar la tristeza en silencio para no despertar a su compañero de cuarto, apretó el rostro contra la almohada y se cubrió la cabeza con la manta. No se merecía ser feliz y estar tranquilo y disfrutar de una vida normal mientras a su amigo se lo comían los gusanos.

—Ey, shhh, tranquilo.

Nicky se sentó en el colchón a su lado y le frotó un brazo por encima de la manta. Neil no se tensó, necesitaba consuelo desesperadamente, movió su cuerpo hacia el de Nicky sin salir de su escondite y su amigo lo abrazó por encima, frotándole la espalda y diciéndole palabras de consuelo.

Nicky lo abrazó hasta que notó que se había quedado dormido, entonces bajó la manta para dejarle la cabeza al aire y que pudiese respirar, y le dio un beso en la sien con el corazón roto por él. La mayoría de los zorros ya habían superado sus lutos y muchos estaban en lucha activa contra sus traumas, pero Neil todavía tenía las heridas en carne viva y sangrando. Por eso se había preocupado tanto al no encontrarlo durante todo el día, Neil podía romperse en cualquier momento o asustarse y huir; su estabilidad pendía de un hilo, y Nicky quería sujetarlo con fuerza y no dejarlo caer. Su miedo y tristeza a flor de piel le provocaban ternura y ganas de protegerlo con fiereza. Incluso Andrew había caído rendido a sus torpes encantos, aunque Nicky no estaba seguro de si el interés de Andrew por Neil era tan fraternal como el suyo.