La
casa de los zorros no estaba decorada así que los chicos hacían un contraste
gracioso, como habían salido antes, todos estaban disfrazados. Carson no se
encontraba por allí y nadie lo echó de menos, tal y como Spike había avecinado,
era el único que faltaba. Todos los demás traían pareja, así que la casa estaba
más llena que nunca. Se juntaron en los sofás, apretujados, con bebidas en las
manos, la música puesta por los altavoces a un nivel en el que no podían hablar
excepto con quien tuviesen al lado y, para ambientar, alguien puso en mute una
película de terror en la televisión.
Apagaron
las luces del techo y dejaron solo las lamparitas encendidas.
Andrew
estaba en su sillón, con el mismo chico de la otra vez sentado en el
reposabrazos a su lado. Neil los observó con un nudo en el estómago, estaba
junto a Nicky y Dean, pero no podía hablar mucho con ellos porque tenían la
boca ocupada en otra cosa.
Kevin
había ocupado otro sillón y estaba sorprendentemente sexy disfrazado de ninja; lo
acompañaba una chica negra vestida de hada, sentada sobre sus rodillas. Ahí
estaba su muestra de humanidad, por fin.
Sin
atreverse a mirarlo directamente, Neil no apartaba su atención de Andrew. Se
había quitado la careta, por supuesto, y cambiado la camiseta y puesto una
ridícula diadema con cuernos rojos que le quedaba muy divertida. Neil estaba
seguro de que le ignoraba a propósito. Igual que estaba fingiendo hacer él. De
lo que no tenía ni idea era de las intenciones que lo habían motivado en el
pasaje del terror, no tenía ningún sentido. Volvió a sacar a la fuerza esos
pensamientos de su mente y aceptó que solo quería asustarlo, jugar con él, para
ver cómo reaccionaba y nada más.
Su
chico intentó tocarle el pelo para juguetear con él de forma coqueta, pero
Andrew apartó su mano sin delicadeza y le echó una mirada que le detuvo de
volver a intentarlo.
Neil
le había tocado el pelo una vez y no le había apartado.
Había
pasado tanto tiempo que parecía irreal, pero sucedió.
¿Por
qué pensaba en eso?
De
repente una patata cayó en el regazo de Neil y al buscar al culpable encontró a
Liam mirándole y sonriéndole. Sin dejar de mirarle, habló al oído de su chica y
esta se levantó de su regazo para ir hasta Neil. Liam hizo un gesto, como
ofreciéndosela, y Neil le fulminó con la mirada. Luego intentó sonreír a la
chica cuando se apoyó en sus piernas, con las manos sobre sus rodillas, para
mirarle de forma coqueta y empezar a moverse al ritmo de la música. A Neil le
costó mucho esfuerzo no quitarse sus manos de encima, pero no quería ser un
capullo con ella, la culpa era de Liam.
La
chica le abrió las piernas y Neil se removió incómodo, tragando saliva con
fuerza. Todos le miraban riéndose excepto Andrew, que parecía tan contento como
siempre. Ella se puso a bailar entre sus piernas y Neil no supo qué cojones
hacer cuando se dio la vuelta y le puso el culo casi en la cara. Se echó hacia
atrás todo lo que pudo, intentando mimetizarse con el sofá hasta desaparecer, y
ella siguió meneándose como si le hubieran pagado para hacerlo.
Neil
conocía el cuerpo de una mujer, sabía cómo tocarlo y dónde, no le resultaban
ajenas sus dulces curvas, pero esa chica solo le estaba incomodando y todos lo
notaban. No le gustaba ser el centro de atención ni el chiste del que todos se
reían.
Estaba
a punto de levantarse para irse, cogió a la chica por la cintura para quitársela
de encima, cuando Nicky intervino para ayudarle. Se levantó, la apartó con
amabilidad y la llevó de vuelta con Liam, dándole a este un puñetazo en el
hombro. Neil le hizo un corte de mangas y Liam le lanzó un beso.
—Sólo
era un regalo —gritó para hacerse oír.
Cómo
no, estaba borracho.
—No
te vayas, por favor —le pidió Nicky.
Neil
se relajó y se quedó solo para no parecer que huía por el contacto de una
chica, entonces sí que se reirían de él para siempre.
—¡Venga,
vamos a animar esto! —exclamó Spike.
Neil
gruñó, sabía lo que eso significaba.
—¡Vamos,
novato, no te acobardes! —gritó James, haciendo que casi todos volviesen a
reírse de él.
La
gente solía volverse más idiota de lo normal cuando bebían demasiado alcohol.
Neil
abrió los brazos haciéndose el chulo como diciendo “aquí estoy”, pero después
se inclinó hacia Nicky para que solo él le escuchase.
—Por
favor, dime que no hacéis orgías.
Nicky
se rio y negó con la cabeza.
—No,
pero ya sabes que hay exhibicionistas y si la cosa se anima mucho puede no ser
el único.
Eso
ya se lo esperaba, estuviese o no preparado para ello.
Spike
cambió la película de terror, que ya estaba terminando, por una película porno
con sexo grupal.
—¿Puedes
con esto? Me iré contigo si lo necesitas.
—Estáis
muy salidos —se quejó Neil.
—El
sexo es divertido… para casi todo el mundo.
En
la película también estaban en una fiesta de fraternidad, todos eran jóvenes
como ellos, y tardaron un minuto y veinte segundos en empezar a desnudarse. En
su salón nadie se desnudó, todavía, pero las parejas se entrelazaron más y las
manos se perdieron bajo las faldas. Ya no sabía si las risas y los gemidos
venían de la televisión o eran en directo.
Neil
no era humano, pero tampoco era de piedra, y el ambiente se cargó con olor a
sexo, penetrando en sus sentidos. No pudo evitar excitarse, entonces sí que se quedó
atrapado allí porque si se levantaba con esa tela tan fina del disfraz todos lo
verían. Se removió en el asiento y se recolocó la erección con disimulo,
intentando taparse como podía.
En
la pantalla, una chica estaba siendo penetrada por detrás y por la boca, a su
lado un chico le hacía una mamada a otro, y en otro sofá dos chicas se tocaban
la una a la otra. Neil se fijó en los chicos y no pudo evitar pensar en Andrew
y sus peculiares gustos.
No
lo mires. No lo mires. No lo mires.
Intentó
cruzar las piernas pero estaba más incómodo aún.
Las
chicas se habían subido descaradamente a los regazos de sus zorros a horcajadas
y se frotaban y besaban como si estuvieran solos, mirando la película de
soslayo. Nicky y Dean también estaban a lo suyo, Neil intentó dejarles más
espacio pero no tenía dónde huir.
Lo
miró.
Andrew
le estaba mirando fijamente y su chico estaba de rodillas entre sus piernas,
moviendo la cabeza arriba y abajo.
Los
ojos de Neil y Andrew se engancharon y no pudieron soltarse. Tan oscuros y
fríos incluso mientras le hacían una mamada en medio de la habitación. Pero
había un pequeño atisbo de debilidad, de humanidad: sus labios estaban
entreabiertos y tenía la respiración acelerada.
Neil
podía olerle por encima de los demás, casi lo saboreaba, era una tortura.
Un
gemido alto lo distrajo y al girar la cabeza se dio cuenta de que Liam y su
chica estaban follando en el sofá. Nicky se rio y miró a Neil alzando las
cejas, luego volvió a comerle la boca a su novio y Neil volvió a mirar a Andrew
porque no podía resistirse. Verle así era fascinante.
Se
lamentó al encontrar sus ojos cerrados. Tenía la mandíbula apretada y sus
caderas acompañaban el movimiento de la cabeza que le succionaba. A Neil se le
paró el corazón cuando notó que llegó al orgasmo en la boca del chico. Andrew
se agarró a los reposabrazos y su cuerpo se tensó, echando la cabeza hacia
atrás, dejando su cuello al descubierto.
De
repente Neil se acordó de que tenía que respirar.
Pese
a su exhibicionismo, Andrew era muy discreto; se la guardó en los pantalones
antes de que el otro se apartase y alguien pusiese verle. Solo tocó a su chico
una vez, con una caricia en el pelo antes de que se levantase y fuese a buscar
otra bebida. Andrew se encendió un cigarro y no volvió a mirar a Neil.
—Oye,
nos subimos a la habitación —le dijo Nicky—. ¿Te importa?
—No,
no, tranquilo.
—No
tardaremos mucho.
—Bueno,
un poco —dijo Dean, riéndose.
—Vale,
un poco. Danos una hora y te dejamos dormir.
—Puedo
irme a dormir fuera.
—No,
por favor, me sentiré fatal, si es así nos vamos nosotros a otros sitio.
—Vale,
subid ya, me quedo esperando.
Se
fueron cogidos de la mano, entre risas y besos cómplices, y Neil solo tuvo un
poquito de envidia. De repente se sentía muy solo y estar cachondo no ayudaba.
Se
fue del salón sin llamar la atención, tapándose la entrepierna discretamente, y
subió al baño. Abrió el grifo de la ducha y echó el pestillo para asegurarse
intimidad. Le dio la espalda al espejo, se quitó el disfraz haciéndolo jirones
porque no llegaba a los malditos botones de la espalda y se estaba agobiando, y
respiró pesadamente apoyado en el lavamanos semidesnudo.
Se
tocó por encima de la ropa interior, frotándose la erección con la palma de la
mano, hasta que no pudo aguantar más y se desnudó. Empezó a masturbarse
despacio, no quería terminar rápido, estaba demasiado excitado. Como si le
hubiese embrujado un hechizo sexual más atrayente que la luna llena para un
cambiante. Un hechizo de ojos negros.
Intentó
evitarlo, pero durante todo el tiempo solo tuvo una imagen en su cabeza, la de
Andrew hacía solo unos momentos. Su perversión había sido muy erótica.
Insoportablemente erótica. Neil nunca había visto nada así. El sexo que él
había presenciado era sórdido y vulgar, salvaje y violento. Andrew no se
parecía a nada que hubiese visto nunca.
Se
corrió con el cuerpo temblando y nada más terminar se metió en la ducha y lo
cubrió el agua caliente. Al salir y secarse tuvo que volver a ponerse el traje,
anudando las mangas a sus caderas, con la camiseta térmica que antes llevaba
debajo. No sabía qué coño hacer durante lo que quedase de la hora de sexo de
Nicky, así que salió y echó tiros libres solo hasta que fuese a buscarle.
Quedarse
en la fiesta había sido muy mala idea.