06 enero 2025

Capítulo 35

Neil se sentó en la cama y sujetó el teléfono entre las manos. Estaba solo en la habitación, Andrew se había marchado con Kevin. Se vio reflejado en la pantalla oscura del teléfono, pensativo, tomando una importante decisión. Lo desbloqueó con un movimiento rápido y entró en internet, pero al instante siguiente cerró la aplicación y volvió a bloquearlo. Suspiró.

Recordaba perfectamente el nombre que le había dado Andrew para investigar sobre su pasado, sobre la persona a la que había matado, para entender por qué y muchas más cosas sobre él, tal vez demasiadas, tal vez todo. Así que Neil tenía que estar seguro de estar preparado para descifrar el rompecabezas que era Andrew e iluminar su oscuridad para poder ver las sombras que le acechaban.

Primero tuvo que convencerse a sí mismo de que no estaba invadiendo su intimidad, de que de verdad no le estaba presionando, porque si esperaba que Andrew le contase sus secretos por sí mismo estaría esperando toda la vida. Andrew no hablaría de ello, no les daría voz. Esta era su forma de dejarle entrar, de permitirle conocerlo. Esta era la ventana que le abría para mirar en su interior y no habría otra forma. Así que era la correcta porque Andrew lo había elegido así, a su manera.

Realmente no tenía más opciones que seguir adelante, le había hecho darle ese nombre y ahora Andrew esperaba algo de Neil y no podía dejarlo colgado, aunque solo fuese por respeto a su confianza y a su dolor. No podía ser un cobarde, no podía deshacerlo, y quería conocerlo hasta el rincón más oscuro de su interior, pero también le daba miedo. La verdad siempre era temible. Y dolorosa. Nada se ocultaba sin motivo.

Había monstruos en las sombras.

Andrew había luchado a su lado contra los suyos. Ahora Neil tenía que estar a la altura del apoyo que le había dado.

Volvió a desbloquear el teléfono.

Abrió internet.

Escribió el nombre en el buscador y la página se llenó de noticias antiguas en periódicos. Abrió la primera de la lista y leyó.

Tuvo ganas de vomitar a mitad del artículo pero siguió leyendo hasta el final.

Alexander White era el director de un campamento de verano para jóvenes muy popular, las plazas libres se agotaban en cuestión de días, los chicos repetían a lo largo de los años, nadie tenía ninguna queja sobre él ni sobre su trabajo, era un hombre respetado. Hasta que uno de los chicos que acudía por segunda vez al campamento lo asesinó, por la noche, en su propia cama, con un cuchillo que había robado en la cena, y el mundo descubrió quién era realmente Alexander White.

Había información sobre Andrew también, aunque sin mencionar su nombre. Cuando lo encontraron estaba desnudo y cubierto de sangre, atacaba con el cuchillo a cualquiera que se le acercase y tuvieron que reducirlo físicamente entre dos policías. Si no fuera por la cantidad de archivos ilegales que el hombre guardaba en su ordenador tal vez no le habrían creído; el chico parecía estar loco, poseído. Pero no mentía y las pruebas eran apabullantes y aterradoras. Aun así, el chico acabó en un correccional de menores por asesinato premeditado.

En un artículo se mencionaba algo sobre el juicio del chico y al final del artículo ponía que sonrió cuando dictaron la sentencia. Neil pensó que tal vez esa fue la última vez que Andrew sonrió, durante muchísimo tiempo.

Al igual que se podía llorar de alegría, se podía sonreír de pena. De derrota.

Neil dejó el teléfono a un lado y se abrazó a sí mismo, conteniendo las lágrimas por ese niño al que conocía siendo adulto. Por ese niño que seguía en el interior de Andrew y se había atrevido a cerrar la puerta para quedarse a solas con Neil y le había tocado con extrema delicadeza y ternura y le había dado placer con total generosidad.

Tomó aire profundamente y lo soltó despacio.

Las manos le temblaron por las ganas de destrozar cosas. Quería que ese monstruo estuviese vivo para volver a matarlo, una y otra vez. Y abrazar a ese niño y protegerlo para que no conociese lo que era el miedo real. Pero no podía hacerlo.

Le tembló el cuerpo entero por las ganas de convertirse y despedazar cosas. Le costó varios minutos contenerse y calmarse.

Estuvo esperando a Andrew durante una hora, pensando qué le diría, cómo se comportaría para no molestarlo con su compasión, Andrew la odiaría. Y en cómo le besaría sin mostrarle su rabia y el dolor que ahora compartían. Tenía que comportarse como siempre con él o jamás se lo perdonaría.

No sabía si podría.

Acabó decidiendo mandar un mensaje en su grupo con Matt y Nicky para ver si les apetecía hacer algo juntos aunque ambos estaban fuera de casa y tal vez interrumpía sus planes, pero necesitaba despejarse, necesitaba dejar de pensar y distraerse. Le contestaron casi a la vez que podían quedar en el bar de siempre para comer y tomar algo. A Neil le pareció perfecto, no lo sabían pero le estaban salvando en ese momento.

Se cambió la ropa de estar por casa por unos vaqueros y una sudadera verde y mientras se marchaba se le unió Liam, que estaba en el salón viendo la televisión aburrido, le preguntó a dónde iba y se autoinvitó. A Neil no le importó y salieron juntos.

Liam carraspeó y Neil puso los ojos en blanco sabiendo perfectamente lo que iba a decir.

—Así que…

—Sí.

—Andrew y tú.

—Sí.

—Ya. Bueno, no te voy a decir que me duele que no me hayas elegido a mí, pero tú sabrás. Te gustan los raritos, ok.

Neil se rio y le dio un empujón amistoso.

—Todos sois raritos —contestó.

Liam le sacó la lengua como un niño pequeño y le empezó a hablar de un chico que estaba conociendo. Neil nunca se había tomado en serio sus tonteos, esperaba que realmente no hubiese estado interesado en él y no haberle hecho daño. A veces con Liam era difícil saber cuándo iba en serio, el humor era su escudo y su máscara.

Intentó prestar atención a todo lo que decía, pero a veces su mente recordaba el nombre de ese monstruo y fragmentos de los artículos que había leído y era como recibir un puñetazo en el pecho. Neil disimulaba, sonreía y seguía caminando a su lado, asintiendo con la cabeza ante su parloteo. Le venía bien que Liam fuese tan extrovertido, hablaba por los dos.

Llegaron los primeros al bar y cogieron una mesa grande, Neil les mandó un mensaje a Matt y Nicky para que supieran dónde estaban y Liam pidió un par de cervezas para ellos mientras esperaban. Iban por la mitad cuando aparecieron Nicky y Dean, poco después llegó Matt y ya estaban todos. Pidieron hamburguesas con patatas y refrescos y se pusieron al día de sus vidas. Aunque vivían juntos, todo se centraba tanto en el baloncesto y los estudios que lo demás quedaba relegado a un segundo plano.

Y sí, Neil les habló un poco de su relación con Andrew. Tuvieron que arrancarle cada palabra con tenazas, pero lo hizo, con cuidado, un poco por timidez y otro por el instinto protector que sentía hacia Andrew. Su intimidad juntos estaba a buen recaudo, no les contó nada importante, lo justo para saciar un poco su curiosidad.

Intentaron hacerle hablar de sexo, sonsacarle algo por el cambio de actitud de Andrew, pero ahí sí que se negó en rotundo y cambiaron de tema rápido. Neil entendía que los gustos peculiares que había mostrado Andrew llamaran la atención, se había expuesto como si para él no significase nada y la realidad era todo lo contrario, exponerse era su forma de esconderse.

Por supuesto, hablaron del partido y de la fiesta que lo siguió. A Neil no le dio ninguna pena habérsela perdido.

Después de comer y de otra ronda de cervezas se fueron animados a un centro de recreativos cercano y estuvieron divirtiéndose toda la tarde. Justo lo que Neil necesitaba para recomponerse. Tenía que recordarse que ahora que estaba con Andrew no podía descuidar sus amistades, adoraba a esos chicos, le hacían sentirse bien y sabía que se preocupaban por él; pero con tanto líos con las amenazas y los entrenamientos y los estudios y Andrew, a veces era difícil sacar tiempo para todo.

En esa tarde con ellos recordó el gran bien que le hacía estar con sus amigos y se prometió no olvidarlo.

Ahora que sabía quién le estaba dejando las amenazas, esperaba poder zanjar el tema pronto, que ese perturbado le dejase en paz y seguir con su vida sin preocupaciones mayores a ganar el siguiente partido y aprobar el siguiente examen, quería que su vida se centrase en eso. Y en Andrew. Y en sus amigos.

Al volver al campus, Nicky se despidió de ellos porque se iba a pasar la noche con Dean. Desde que compartía habitación con Kevin pasaba muchas más noches con su novio. Neil evitó sentirse culpable por eso, parecían felices juntos, más unidos. Y Nicky le sorprendió dándole un fuerte abrazo al despedirse que a Neil no le costó devolverle.

Volvió a casa con Liam y Matt.

Desde lejos vio que había alguien en el porche y la punta brillante del cigarro fue inconfundible. Estaba anocheciendo y hacía frío. Neil tragó saliva con fuerza, era el momento de reencontrarse con Andrew ahora que sabía la verdad. Cada paso que daba se sentía atravesando arenas movedizas, acercándose lentamente, hasta que estuvo tan cerca que sus ojos conectaron con los de Andrew.

Neil no supo qué expresión puso en ese momento, no lo notó y no pudo controlarlo, pero algo le había delatado porque Andrew apretó los labios y apartó la mirada. Lo sabía. Solo con una maldita mirada lo había sabido, como si Neil lo llevase pintado en la cara.

Liam y Matt entraron en casa. Neil se quedó fuera.

Se acercó a Andrew, pero se quedó a su espalda. No quería verse reflejado en esos ojos negros y ponerse a llorar como un imbécil. Imaginarse esos ojos de niño, asustado, solo, viendo horrores que ningún niño debería conocer. Esos espejos de ónice, cortantes e infinitos.

Se quedaron en silencio.

Los hombros de Andrew estaban en tensión, incómodo, expectante. Confiaba lo suficiente en Neil como para permitirle quedarse a su espalda sin vigilarlo, sin controlar cada movimiento que hacía. Estaba esperando.

—¿Puedo abrazarte?

Andrew lo miró por encima del hombro, una nube de humo salió de entre sus labios, cubriendo su rostro, y aun así sus ojos negros lo atravesaron.

—No.

Esa palabra les dolió a ambos.

Neil había hecho muchas cosas difíciles en la vida, ninguna como no poder abrazar a Andrew en ese momento.

Lo entendía, pero su cuerpo suplicaba con desesperación poder sentirlo, poder consolarlo, poder abarcarlo y protegerlo, ser Neil donde Andrew se escondiese y se sintiese a salvo.

Sin embargo, lo que hizo fue ponerse a su lado, apoyando los antebrazos en la barandilla de madera, y simplemente permanecer junto a él mientras consumía el cigarro y se llenaba los pulmones de humo.

 

***

 

No compartieron ni una palabra entre ellos hasta que volvieron a estar en su habitación, solos, casi a las doce de la noche. Habían cenado con los demás y se habían quedado viendo la televisión para hacer tiempo.

Se desvistieron sin mirarse y cada uno se acostó en su cama.

Andrew apagó la luz.

—Lo siento —susurró Neil, mucho tiempo después—. No he reaccionado como necesitabas, espero no haberte decepcionado.

Andrew no contestó y a Neil lo embargó un miedo terrible a haberlo perdido.

—No necesitas esconderte de mí, Andrew.

—Si te comportas de forma diferente no podré soportarlo.

—Lo sé, pero siempre he querido tocarte, no ha sido algo diferente ni extraño.

—¿Siempre has querido abrazarme? —preguntó con duda en la voz, haciéndole parecer perdido, indefenso; todo lo que era bajo esa coraza que usaba contra el mundo.

Neil se conmovió y tuvo que aclararse la garganta antes de hablar.

—Sí. Abrazarte, acariciarte, sostenerte. Todo.

Andrew suspiró.

—No dejaré que nada cambie, no lo hagas tú —casi suplicó Neil.

Andrew se levantó de la cama y en dos zancadas rápidas se tumbó en la Neil, quedándose por encima de la manta, como tantas veces habían hecho.

Neil se puso de lado y apoyó la barbilla en su hombro para olerle y calmarse.

Andrew no se apartó y se quedaron así. Durmiendo juntos. Apartando los secretos, los monstruos, las sombras, las cicatrices, para tenerse el uno al otro.

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