12 enero 2025

Capítulo 29

La vuelta a las clases fue un alivio, otra vez volvía a estar tan ocupado que no tenía tiempo para pensar demasiado en todo lo que le atormentaba. Entrenar con el equipo, ir a clase, ir al gimnasio, hacer los trabajos… y caer rendido cada noche en su cama caliente con el estómago lleno. Un lujo.

Incluso era capaz de comportarse con Andrew como si no hubiese pasado nada en los entrenamientos y nunca lo encontraba cuando terminaba de ducharse porque ya se había ido con Kevin. Matt y Nicky notaron algo extraño entre ellos, pero no insistieron mucho, estaban acostumbrados a sus tira y afloja, no sabían que esta vez había sido diferente, peor.

Andrew estuvo usando jerséis de cuello vuelto durante unos días para que nadie viese la marca que le había dejado en el cuello y durante los entrenamientos se ponía una tirita. Todos le miraban con disimulo y cuchicheaban, pero nadie se atrevió a preguntarle nada. Dieron por hecho que sería una marca de alguna pelea porque sospechar que Andrew había dejado que alguien se le acercase tanto de forma íntima les parecía impensable. Por suerte nadie los vio subir juntos esa noche, todos estaban demasiado ocupados con sus ligues o demasiado borrachos. Solo les echaron en falta en la cuenta atrás, pero tampoco les pareció muy extraño.

Lo único que Neil no había conseguido, ni con distracciones ni con agotamiento, era olvidarse del beso. De los besos. No recordaba cuántos habían sido, pero sí lo que sentía mientras Andrew le besaba, que eran eternos y demasiado efímeros. Sus sentidos más desarrollados le estaban volviendo loco porque recordaba cada caricia de su lengua, el roce de sus dientes en la piel sensible, cada matiz de su sabor, como si pudiese volver a besarlo en cualquier momento… pero solo en su mente.

Tenía que dejarle espacio para tranquilizarse y mientras él intentaba no perder del todo la cordura porque nunca le habían besado así.

No quería perderle pero tampoco sabía cómo recuperarle, Andrew era un misterio oscuro y opaco, indescifrable sin las pistas de su receloso creador.

Neil esperaba. Cada día un lujo y una agonía con esos ojos negros ignorándole.

—Tierra llamando a Neil —dijo Liam.

Y a la tercera vez Neil lo escuchó por fin.

—Perdona.

Estaban en el salón, sentados en el suelo entre el sofá y la mesita, con esta llena de cuadernos y apuntes y libros, haciendo cada uno sus cosas en compañía. Nicky estaba con su novio y Matt pasaba mucho tiempo con su chica (amiga-rollo-casi novia) desde que había vuelto de pasar las vacaciones de invierno con su familia; no había hablado de ello pero Neil había notado que la echaba de menos esos días, le gustaba mucho y se alegraba por él, aunque echaba de menos a sus amigos, o… tener también a alguien con quien compartir tanto tiempo.

Neil agitó la cabeza, negando para sí mismo, y se pasó una mano por el pelo, despeinándose más.

Le quedaba Liam, tan picaflor como siempre.

—¿Estás bien?

—Un poco saturado de información —mintió con disimulo.

—Creo que podemos parar por hoy, llevamos ya dos horas aquí y se me está quedando el culo plano.

Neil soltó una risa suave y se aupó para subirse al sofá, Liam se sentó a su lado y gimió de gusto sobre los mullidos cojines.

—Últimamente te estás esforzando demasiado, tienes ojeras —dijo Liam, pasando un dedo por su pómulo pillándolo desprevenido, no había sido ni una caricia, solo un simple toque, pero todavía sobresaltaba un poco a Neil el contacto con otros, excepto con…—. Deberías descansar más.

—Me viene bien estar así.

—No hay que vivir los días queriendo que pasen lo más rápido posible, hay que vivir despacio y encontrar momentos para disfrutar.

—Ahora mismo necesito todo lo contrario.

—Espero que eso sí que se te pase rápido.

Liam le apartó un mechón de la frente y sus dedos se entretuvieron un poco más de lo debido recorriendo el cabello de Neil.

Andrew carraspeó con fuerza, haciendo que Neil diese un respingo y se tensase, y se acercó a ellos como si el mundo entero le perteneciese. Sacó su preciada navaja, la mariposa bailó entre sus dedos, rodeó el sofá por detrás hasta inclinarse sobre el hombro de Liam y hablarle al oído. Ni siquiera pretendió que Neil no lo escuchase.

—¿Quieres perder los dedos? No creo que puedas jugar al baloncesto botando el balón con la polla.

Liam disimuló bien su incomodidad y rodó los ojos en un gesto aburrido.

—Tal vez si me la ponen muy dura sí pueda —contestó.

—¿Lo comprobamos?

—Basta ya —se quejó Neil, levantándose del sofá, y se marchó para alejarse de ellos, no sin lanzar una mirada hosca a Andrew antes de salir del salón.

Ojalá le siguiese, ojalá le hablase aunque fuese para discutir, ojalá le reclamase, pero no hizo ninguna de esas cosas. Neil se fue a dormir sin recoger sus cosas del salón y sin cenar, Liam tenían razón en que un descanso largo le vendría bien y de repente se sentía aplastado por el agotamiento.

Para Liam eran natural tontear, tanto como respirar; Neil no se lo tomaba enserio, pero Andrew no debería comportarse así si no podía mirarle a los ojos más de tres segundos sin apartar la mirada y seguir ignorándole.

 

***

 

Pasaron tres días más y aceptó salir con Matt, Nicky y sus parejas para estar con sus amigos y salir de casa de los zorros. Quería divertirse, aunque en ese momento tuviese que esforzarse un poco para hacerlo. Quería relajarse y olvidar y pasarlo bien, y todo marchaba sobre ruedas: conversación animada, un par de cervezas, unos bailes con sus amigos, una partida de dardos, risas… hasta que alguien se le echó encima por la espalda, rodeándole con unos brazos fuertes, y le habló al oído tan borracho que Neil no entendió lo que decía, pero su olor a alcohol fue suficiente para provocarle una arcada. Su cuerpo reaccionó por instinto. Le dio un cabezazo, se soltó y lo remató con un codazo en la cara que casi le tumbó. Neil estaba jadeando, desconcertado por lo que había pasado, y todo el bar le miraba y le señalaba y un grupo de tíos fueron a por él sin que pudiese reaccionar.

Matt y Nicky se interpusieron entre Neil y los amigos del borracho, igual de perjudicados por el alcohol, pero las cosas no llegaron a más porque un camarero con un bate de beisbol en las manos les echó del bar. Matt y Nicky rodearon a Neil y lo sacaron de allí con sus parejas siguiéndolos, dejando los insultos de los otros a su espalda.

El aire frío de la calle despejó un poco la mente de Neil.

—Lo siento, no he podido controlarme, se me ha echado encima y…

—Tranquilo, lo hemos visto de lejos, ha sido muy invasivo, es comprensible que hayas reaccionado así —dijo Nicky.

—¿Tú lo habrías hecho?

—Bueno, yo… Tú no te preocupes, te entendemos.

—Sí, Neil, no pasa nada —añadió Matt.

Pero él no terminó de creérselo. Había estropeado la noche porque no había sabido reaccionar con las tonterías de un borracho. Su problema era que llevaba la violencia interiorizada, y el miedo, eso también, siempre. Podría habérselo quitado de encima con facilidad y en lugar de eso le había golpeado dos veces, la segunda ensañándose. Como si estuviese en un cuadrilátero peleando, pero su vida ya no era así, tenía que conseguir dejar eso atrás.

Volvieron a casa.

Andrew estaba fumando en el porche. Neil lo olió, lo vio de refilón, pero no le miró, solo quería llegar a su habitación y esconderse del mundo.

Le dejaron solo y tranquilo. Nicky tenía planeado pasar la noche fuera con Dean, estuvo a punto de cambiar sus planes para no dejar a Neil solo, pero él insistió, prefería no tener compañía esa noche.

 

***

 

Andrew observó cómo Neil entraba en la casa, parecía alterado y preocupado. Dio una calada a su cigarro y aguantó la mirada que le echaron Matt y Nicky en vez de ir tras Neil. Se miraron entre ellos, hablando sin palabras, y Nicky asintió antes de dirigirse a él.

—Esta noche voy a dormir fuera.

—Bien por ti —contestó Andrew.

—Neil dice que quiere estar solo, pero ha sufrido un altercado en el bar y está nervioso.

Andrew dio otra calada al cigarro con parsimonia, aunque en el fondo estaba controlándose para no exigir detalles e ir a por Neil como un poseso. Cada día sin volver a acercarse a él era una tortura. Desear algo era una tortura.

—Mira, no sé qué ha pasado entre vosotros, pero sé que Neil te importa —continuó Nicky—, como a nosotros, tal vez más que a nosotros.

Andrew dio la última calada, apagó el cigarro en el cenicero y expulsó el humo formando una nube entre Nicky y él. Se la llevó una corriente de viento helado.

—Por algún motivo que no consigo entender, Neil conecta contigo como con ningún otro, y sé que tú con él también por mucho que te hagas el duro. Deja esta mierda que os traéis ahora mismo entre manos, este enfado o lo que sea, y ve con él, ambos estáis mejor cuando permanecéis juntos.

No lo entendía. Neil podía ser su destrucción, era su debilidad, por eso no podía resistirse a él. Lo suyo no era nada bueno, no se hacían bien, eran dos piezas rotas cortándose, afilándose. Eran un desastre. Cuando encajaban parecía que podía funcionar, pero entonces alguno hacía un movimiento y volvía a cortar, las heridas volvían a sangrar.

—Si de verdad te importa no le dejes solo.

—No somos buenos el uno para el otro —logró contestar en contra de su voluntad.

—Porque seguís luchando en vuestras guerras internas.

—¿Y cómo se para eso?

Nicky se sorprendió al escuchar por primera vez en todos esos años fragilidad en la voz de Andrew; sin embargo, su mirada le desafiaba, se resistía.

—Tal vez… solo tengas que rendirte. Bajar las defensas y dejarle entrar, solo a él. Es la única forma de estar con alguien.

Andrew dio un paso atrás y se cruzó de brazos, reticente, y Nicky suspiró, cogió de la mano a Dean y se despidió de Matt y su chica. Ellos también se fueron y Andrew volvió a quedarse solo en la fría noche.

 

***

 

Cuando Neil volvió de darse una ducha para calmarse, no encontró su habitación vacía, tal y como esperaba. Andrew le estaba esperando dentro, sentado en su cama. Neil se quedó paralizado en el umbral y tardó unos segundos silenciosos en decidirse a entrar. Dejó la puerta abierta un palmo para que Andrew se sintiera cómodo.

—Ciérrala.

Neil frunció el ceño y examinó a Andrew. Su rostro sereno, su mirada tranquila, sus hombros relajados. Parecía poder enfrentarse a ello, fuese lo que fuese contra lo que luchaba.

Neil estiró un brazo hacia atrás y empujó la puerta hasta cerrarla. Andrew tomó aliento y lo expulsó muy despacio.

—¿Qué te ha pasado?

Neil apartó la mirada, metió la ropa sucia en la cesta que tenía junto a la cómoda y se sentó en la cama de Nicky.

—Un altercado en el bar —contestó al fin.

—Cuéntamelo.

Él quería preguntarle por qué llevaban más de una semana sin hablar, pero al menos le tenía ahí, así que se lo contó.

—¿Crees que has hecho mal? Te has defendido.

—No me estaban atacando.

—Pero te asustó, así aprenderá a comportarse de otra manera la próxima vez, contigo o con cualquier otro al que también podría asustar.

—Me sentí como un perro de peleas otra vez.

Con Andrew le resultaba fácil hablar porque a él podía mostrarle toda su oscuridad sin espantarlo.

—No lo eres, pero tienes que defenderte cuando sea necesario y será necesario cuando te sientas en peligro.

—¿Por qué me ayudas?

Andrew no contestó. Se masajeó la nuca, como si de repente estuviera nervioso, y paseó la mirada por todo el cuerpo de Neil, lentamente. Solo con que le mirase así se le aceleró la respiración.

—Porque necesito algo de ti.

—¿El qué?

—Ya tengo mi deseo.

El corazón de Neil dio un brinco de emoción.

—¿Por fin quieres algo? Recuerda que ya no podrás seguir diciendo lo de “yo no quiero nada” —dijo intentando imitar su voz.

Andrew apretó los labios para no sonreír y Neil lo hizo tímidamente.

—Quedará entre nosotros —contestó, mirando la puerta cerrada de reojo.

—¿Y puedo ayudarte a hacerlo realidad?

—Sólo tú puedes.

Neil tragó saliva y se frotó los muslos con las manos. De repente la habitación parecía mucho más pequeña. Andrew hizo un gesto con la cabeza para que se sentase a su lado y Neil se levantó y cambió de sitio. Su olor lo embrujaba. Y esos ojos negros.

—¿Qué quieres, Andrew?

—Quítate la camiseta.

Neil enganchó los dedos en el bajo de la tela, pero no los movió hasta que Andrew le ayudó a quitársela. Sus cicatrices quedaron al descubierto bajo la atenta mirada de Andrew, siempre había sentido un peculiar interés por ellas. Lo instó a darle la espalda y con la camiseta le ató las manos.

—No voy a hacerte daño.

—Lo sé —contestó Neil.

Con un dedo tentativo recorrió una profunda cicatriz que tenía en el omoplato derecho, luego acarició su columna vertebral con el dorso de los dedos desde la nuca hasta las manos atadas y Neil tembló por un escalofrío. Andrew enterró la mano en su pelo, inclinando su cabeza, y besó su nuca.

—¿Estás bien?

—Sí —contestó Neil con la voz ronca.

Entonces le mordió el cuello y Neil gimió. Pensó que, solo para que siguiese tocándolo, le dejaría hacerle cualquier cosa. Incluso soportaría no tocarle a él.

Andrew tenía un serio problema con el contacto físico y la intimidad y Neil no sabía cómo ayudarle. Lo único que podía hacer era dejarle tomar el control para que se sintiese seguro.

Andrew le hizo darse la vuelta y pasó los dedos por su pecho recorriendo el mapa de cicatrices, grandes, pequeñas, blancas, rosadas, un cuadro de violencia.

—Esto es lo que soy.

—Me gusta lo que eres —contestó Andrew.

Y se inclinó para lamerle una cicatriz que recorría desde el pectoral a la clavícula. Neil echó la cabeza hacia atrás para poder coger aire jadeando. Andrew le sujetó por la cintura y siguió pasando la lengua por su cuerpo.

—Andrew —gimió con la voz estrangulada.

—¿Estás bien?

—No.

Al instante se detuvo y lo miró a los ojos preocupado.

—No estaré bien si no me besas de una maldita vez.

Andrew gruñó como un animal y se lanzó a devorarlo. Por fin le besó y Neil gimió de placer, abriendo la boca para recibirlo.

Se besaron con ansia incontrolable hasta que tuvieron los labios rojos y doloridos y tuvieron que parar porque hacía demasiado calor, eran ellos los que ardían.

Andrew apoyó la frente en la de Neil y le desató las manos, aunque él no las movió de la espalda.

—¿Qué más quieres de mí, Andrew?

—¿Qué estás dispuesto a darme?

—Todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario