El
primer día de clase Neil no fue capaz ni de tomarse un café por la mañana,
tenía el estómago cerrado por los nervios. Nicky le acompañó hasta el aula de
su primera clase solo para distraerlo y que no fuese comiéndose la cabeza solo.
Lo dejó allí y Neil buscó sitio cuando empezaron a llegar el resto de sus
compañeros. Se sentía como si estuviese empezando una nueva vida de verdad.
No
habló con nadie, pero se emocionó al escuchar a los profesores y tomar apuntes
y sentir que podía hacerlo, que iba a hacerlo.
Durante
una hora libre que tuvo entre clases fue a tomarse un café de un puesto
ambulante y luego a la biblioteca para organizar algunos papeles que había
escrito a sucio. La biblioteca estaba casi vacía y el ambiente le resultó muy
reconfortante, puede que ese se convirtiera en su lugar favorito de la
universidad, sobre todo cuando no pudiese estudiar en casa y tuviese que
refugiarse allí para tener un poco de paz.
Dio
la última clase y volvió a la casa con deberes ya pendientes. Comió con algunos
chicos, se puso al día con los trabajos y por la tarde tuvieron su primer
entrenamiento oficial. Neil ya tenía su equipación completa y se la puso por
primera vez, el número diez marcaba su espalda bajo el apellido y su pecho bajo
el nombre del equipo. También tenía el carnet de la universidad, la beca
completa, su inscripción al equipo y el registro en la casa de los zorros, y
hasta se había apuntado al gimnasio ahora que ya podía.
Ya
en el santuario (Neil se había rendido a llamarlo igual que los demás) se
reunieron en la sala de visionado y reuniones después de cambiarse. Neil ya
estaba harto de tener que andar de puntillas para que nadie le viese así que
dejó que lo hiciesen, se cambió delante de ellos, soportó las miradas y los
cuchicheos, no contestó ninguna pregunta y continuaron con sus vidas. Ahora que
se había sincerado (todo lo que pudo) con Andrew, sentía que tenía su apoyo y
que con él podía enfrentarse a cosas que temía estando solo. Neil estaba seguro
de que si hubiesen insistido mucho sobre sus cicatrices o si le hubiesen
importunado por ello, Andrew habría tomado el control de la situación, y era
agradable saber que alguien te guardaba las espaldas. Solo esperaba que, si
algún día descubría toda la verdad, siguiera estando a su lado.
Quién
habría imaginado que acabaría confiando más en Andrew que en cualquier otro con
quien tuviese mejor relación. Sin duda, Neil seguía preguntándose por la
cordura de sus decisiones. Pero Andrew tenía algo, era fuerte y sólido y
parecía invencible, como si fuera un héroe tallado en granito y, cuando no iba
a por ti, cuando te apoyaba, te hacía sentir seguro en medio de un huracán.
—Espero
que hayáis descansado durante el verano —dijo el entrenador, dándoles un
pequeño discurso por ser el primer día—, porque ahora quiero que lo deis todo
para llegar a la final en la liga universitaria, ya nos he inscrito.
—¡Vamos
a ganarla! —exclamó Nicky.
—¡Sí!
Vamos a por todas, entrenador —dijo Matt.
—Así
me gusta. Pues preparaos para sudar y sufrir para conseguirlo. Ahora tenemos un
nuevo compañero —dijo señalando a Neil, dirigiendo todas las miradas hacia él
durante un momento incómodo para el chico—, y ha estado trabajando duro todo el
verano para formar parte del equipo. Seguro que encajáis bien, pero hay que
seguir trabajando duro para que os mováis como uno solo en la cancha. ¡Vamos a
ello!
El
entrenador dio una palmada enérgica y los demás le contestaron y se levantaron
para ir corriendo hacia la cancha.
Neil
estuvo un poco torpe por tener que adaptarse a jugar con todos y un poco
también por los nervios, pero ninguno se lo tuvo en cuenta, excepto Kevin, que
lo miraba como si quisiera machacarlo cada vez que cometía un error o le
robaban la pelota por culpa suya. Le dijo algunos improperios, pero Neil hizo
oídos sordos y el entrenador le llamó la atención a Kevin para que le dejase en
paz.
Ese
verano Neil se había adaptado a la posición que el equipo necesitaba y
principalmente jugaba como escolta, al igual que Kevin. Andrew y Liam eran los
bases habituales. Como alero estaban Matt y Evan. De ala-pívot Nicky y James. Y
como pívot Spike y Carson. Esas eran sus posiciones oficiales, pero todos
sabían jugar en todas por si era necesario; Neil todavía estaba aprendiendo a
desenvolverse en algunas, pero controlaba la suya que era lo importante.
Al
terminar hora y media después, estaban todos jadeando y cubiertos de sudor.
Fueron al vestuario agotados pero contentos, excepto Kevin que seguía
fulminando a Neil con la mirada.
—Has
cometido errores imperdonables —le dijo antes de cambiarse para entrar a la
ducha.
—Tampoco
exageres, solo necesito adaptarme a que estemos todos.
—Hazlo
mejor mañana.
—Déjalo
—dijo Andrew, zanjando la conversación.
Kevin
resopló y fue hacia su taquilla para quitarse la ropa. Neil miró a Andrew pero este
le estaba dando la espalda, quitándose la camiseta. Apartó la mirada y se
cambió rápido para entrar en la ducha, allí las mamparas le protegían de las
miradas de los demás.
Cuando
salió algunos ya se habían marchado. Nicky y Matt le estaban esperando fuera
para volver juntos a casa. Cenaron arroz congelado con pollo para llevar una
dieta más equilibrada durante la temporada de baloncesto y descansaron en los
sofás casi todos juntos, viendo una película. Solo faltaban Andrew, Kevin,
Carson y James. Y Neil solo le preguntó dónde estaría Andrew.
Esa
noche se quedó dormido en cuanto apoyó la cabeza en la almohada y estaba
sonriendo.
***
Al
final de su primera semana de clases y entrenamientos y trabajos y deberes y
lecturas obligatorias, Neil estaba agotado. Por suerte, todos lo estaban y no
dieron ninguna fiesta ese fin de semana, pero Neil no pudo librarse de salir a
cenar y tomar algo con Matt, Nicky y Liam el sábado. Después de la primera
ronda de cervezas y refresco, Liam los abandonó por una chica que no dejaba de
mirarle y sonreírle mientras se tocaba el pelo y le hacía ojitos.
—Lo
siento, chicos, pero vosotros no podéis darme lo que va a darme ella esta noche
—dijo alzando las cejas de forma cómica, levantándose para irse—. Bueno, tú sí —le
dijo a Nicky—, pero paso.
—Capullo.
Nicky
le dio un puñetazo en el brazo antes de que se escapase y se fue riéndose. Se
presentó a la chica y su grupo de amigas, le pasó el brazo por la cintura y le
dijo algunas cosas al oído antes de llevársela cogida del brazo. Neil envidió
su soltura para relacionarse con otras personas y ligar en dos segundos, hacía
que pareciese fácil.
Neil
siguió la conversación de Nicky y Matt durante un rato, hasta que de repente se
quedaron en un cómo silencio entre ellos, escuchando la música mientras se tomaban
sus bebidas. Neil no pudo culpar al alcohol por el tema que sacó de repente,
pero desde que lo habló con Andrew no dejaba de darle vueltas, y la pregunta le
salió sin poder controlarla, pues no quería contarle a nadie más lo que le
había confesado a Andrew.
—¿Cómo
acabasteis aquí?
Matt
y Nicky le miraron con las cejas alzadas, sorprendidos.
—Lo
siento, no es justo que lo pregunte cuando yo guardo mis secretos y quiero que
siga siendo así.
—No
pasa nada —dijo Matt—, para nosotros no es un secreto, casi todos conocemos las
historias de los demás, ya llevamos dos años juntos.
—Yo
ya te conté lo más importante de la mía —dijo Nicky—. Perdí a mi hermano por
culpa de las drogas. Lo aprendimos en casa, así que era inevitable que
cayésemos en esa mierda. Muchas veces pienso que si él no hubiese muerto
primero, lo habría hecho yo, su pérdida fue lo que me despertó. Dejé las
drogas, abandoné a mi familia y me busqué un futuro mejor.
Parte
de la historia de Nicky le recordó tanto a Neil a la suya propia que se le
cerró la garganta por la emoción que le sobrevino recordando a Ray. También
había podido pasar al contrario entre ellos, que hubiese sido Neil al que
matasen y Ray el que huyese después de eso. Pero no sucedió así.
Posó
la mano sobre la de Nicky solo un momento y este le sonrió con tristeza.
—Te
entiendo. Yo… también podría haber muerto en lugar de mi amigo y no estar aquí.
—Pero
lo estamos y tenemos que hacerlo mejor, por ellos.
Neil
asintió y dio un trago al refresco frío, metiéndose un hielo en la boca para
morderlo y conseguir tragar algo que le aliviase la garganta.
—No
tienes que contármelo si no quieres —le dijo a Matt.
—Quiero
que confíes en nosotros para que algún día sepas que puedes contarnos tu
historia, sea la que sea. Yo vengo de una familia muy pobre, mi padre trabajaba
en la construcción dejándose la salud en ello y después de una lesión en la
espalda se volvió adicto a la mediación. Cuando se la quitaron se refugió en el
alcohol, entonces empezaron los problemas de ira y violencia, yo tenía diez
años, hasta entonces puedo decir que fui feliz aunque no teníamos mucho. —Se
tomó un respiro para dar un trago a la cerveza y continuó—. A mí nunca me pegó
y yo era muy pequeño para defender a mi madre, tardé mucho en dar el estirón,
era débil y estaba asustado. Las palizas cada vez eran más agresivas, primero
le dejaba moratones, luego le rompió huesos, hasta que la mató cuando yo tenía
trece años.
—Lo
siento, joder.
Nicky
le pasó un brazo por los hombros para reconfortarlo y Matt tragó saliva con
fuerza y los ojos húmedos.
—Mi
padre fue a la cárcel y yo me quedé con una tía lejana hasta los dieciocho
años, me echó de casa en cuanto los cumplí, solo se quedó conmigo porque
recibía una ayuda económica del estado. Mi padre murió en la cárcel por una
sobredosis.
—Todos
tenemos historias oscuras y tristes a nuestra espalda, Neil —le dijo Nicky para
darle tiempo a Matt de recomponerse—. No nos espantaremos cuando conozcamos la
tuya.
Pero
Neil no solo había sufrido en manos de otros, también había hecho sufrir, había
matado sin compasión, por supervivencia, y ni siquiera era humano. No estaba
muy convencido de que realmente no fueran a espantarse con él. Asintió y
volvieron a guardar silencio, cada uno perdido en sus recuerdos. Matt se
levantó y regresó con tres chupitos, ofreciéndole uno a Neil también.
—Venga,
por nosotros, no te pondrás pedo con uno solo —dijo, dándoselo.
Neil
lo aceptó como pago por su generosa sinceridad. Bebieron juntos y Neil se
terminó de otro trago el refresco para aliviar el ardor en la garganta.
—¿Puedo
hacerte una pregunta?
—Claro
—contestó Matt.
—¿Por
qué bebes alcohol?
—Ya,
después de lo que viví, supongo que te parece extraño. Verás, yo nunca me
emborracho, sé cuándo detenerme para no perder el control, y lo hago para
demostrarme que puedo hacerlo, que no soy como él, y porque me gusta.
Neil
lo entendió y lo respetó. Cada uno tenía su manera de enfrentarse a sus
fantasmas. Poco después volvieron a casa y se fueron a dormir.
***
La
primera semana de octubre el entrenador les preparó un partido amistoso con
otra universidad con la que tenían buena relación, para prepararse antes de que
empezase la liga. Los chicos conocían a los jugadores, ya habían hecho esto
antes, y Parker era amigo del otro entrenador; los invitaron al santuario de
los zorros.
Apostaron
que quien perdiese pagaría las pizzas de después.
Neil
estaba emocionado. Matt y Nicky le presentaron a todo el mundo antes de guiar
al equipo contrario hasta el vestuario de los visitantes, mucho más pequeño y
modesto que el suyo.
Los
entrenadores fueron charlando a la cancha y los esperaron allí sin meterles
prisa, mientras se ponían al día.
Nicky
golpeó el hombro de Neil con el suyo.
—¿Todo
bien?
—Sí.
¿Acaso
parecía nervioso? Se preguntó.
—Será
divertido, ya verás.
—Si
perdemos por tu culpa, pagarás tú las pizzas — dijo Kevin.
—Cállate,
capullo —replicó Liam, empujándolo al pasar por su lado—. La última vez
ganamos, pero no pasa nada si perdemos hoy.
A
Neil no le hizo mucha gracia que pensasen que perderían por su culpa. No era el
mejor, cierto, pero machacando su autoestima no conseguirían que estuviese más
motivado. Su intención era buena, sin embargo…
—No
perderemos —zanjó Andrew con seguridad.
Y
a Neil no le pareció una amenaza ni una exigencia, simplemente confiaba en él,
en que no sería un lastre. Al fin y al cabo, le había entrenado para eso.
—¡Claro!
—exclamó Nicky, no tan convencido como debería—. Vamos.
Salieron
con la equipación puesta y fueron con algunos del otro equipo hacia la cancha.
Los pusieron a calentar en cuanto estuvieron todos y después empezó el partido.
Durante el primer tiempo dejaron a Neil en el banquillo, así pudo observar y
aprender cómo jugaban los otros para cuando le tocase entrar.
Y
lo dio todo cuando pisó la cancha.
Incluso
consiguió encestar cuando Andrew le pasó la pelota y subió el marcador dos
puntos. Su euforia subió quinientos más.
Jugó
dos períodos seguidos y en el último volvió al banquillo. No le importó, lo
había disfrutado muchísimo y también había aprendido otro tanto, se sentía más
que satisfecho y… si perdían no sería por su culpa.
Aun
así, Kevin le miró mal cuando salió de la cancha enfadado por haber perdido por
dos malditos puntos.
Neil
frunció el ceño y estuvo a punto de hacerle un corte de mangas, pero se contuvo
para no caldear el ambiente. No todos se lo tomaron mal ni le culparon por
ello, pero los zorros estaban tensos, los otros supieron entenderlo y no se
regodearon en su victoria. Pusieron dinero e invitaron a las pizzas para comer
en el parque de al lado, en los bancos al aire libre. La charla se animó en
cuanto llegó la comida y pasaron un rato agradable hasta que los ganadores
tuvieron que marcharse.
Los
zorros volvieron a casa con el ánimo bajo y Neil se sintió culpable. Sabía que
no debería, joder, pero no pudo evitar pensar por un momento que sin él
estarían mejor, y solo había sido una prueba, un entrenamiento amistoso. Ya no
le emocionaba tanto enfrentarse a un partido real, empezaba a asustarle, y eso
era estúpido, había luchado a muerte una y otra vez, no podía tenerle miedo a
un partido de baloncesto y… al rechazo de sus compañeros si no estaba a la
altura, o incluso si le culpaban por perder aunque no fuese su culpa.
Su
mente iba a mil por hora mientras caminaba lentamente hasta casa junto a Nicky,
Matt y Liam.
Kevin
y Andrew iban por delante, el segundo fumándose un cigarro, el otro con todo el
cuerpo en tensión, no se le daba bien perder.
Al
llegar a casa, Andrew se quedó en el porche para fumarse otro cigarro y, por
algún motivo incomprensible, Neil se quedó fuera con él, lo prefería a entrar
con los demás. Eso le indicó lo jodido que estaba, si Andrew era con quien más
reconfortado se sentía.
Se
sentaron en el banco en silencio y permanecieron así hasta que Andrew consumió
todo el cigarro. Después no se marcharon.
La
rodilla de Neil rozó la de Andrew y se apartó con rapidez murmurando una
disculpa ante la que el otro no reaccionó, así que Neil las hizo chocar a
propósito y la dejó ahí cuando él no se movió. Solo quería alguna reacción por
su parte.
—¿Estás
enfadado?
—¿Por
haber perdido? No tengo cinco años.
—Kevin
lo está.
—A
veces tiene cinco años mentales. Todo tenemos defectos, ¿no?
—Me
odia.
—¿Qué
más da?
—Es
el capitán del equipo, si cree que perdemos por mi culpa querrá echarme.
—Yo
soy el segundo capitán.
—¿Y?
Andrew
lo miró con esos ojos negros que parecían estar llamándole idiota en ese
preciso momento.
—No
irás a ninguna parte.
Después
se levantó y entró en casa. Neil se quedó fuera un rato más.
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