28 enero 2025

Capítulo 14

El primer día de clase Neil no fue capaz ni de tomarse un café por la mañana, tenía el estómago cerrado por los nervios. Nicky le acompañó hasta el aula de su primera clase solo para distraerlo y que no fuese comiéndose la cabeza solo. Lo dejó allí y Neil buscó sitio cuando empezaron a llegar el resto de sus compañeros. Se sentía como si estuviese empezando una nueva vida de verdad.

No habló con nadie, pero se emocionó al escuchar a los profesores y tomar apuntes y sentir que podía hacerlo, que iba a hacerlo.

Durante una hora libre que tuvo entre clases fue a tomarse un café de un puesto ambulante y luego a la biblioteca para organizar algunos papeles que había escrito a sucio. La biblioteca estaba casi vacía y el ambiente le resultó muy reconfortante, puede que ese se convirtiera en su lugar favorito de la universidad, sobre todo cuando no pudiese estudiar en casa y tuviese que refugiarse allí para tener un poco de paz.

Dio la última clase y volvió a la casa con deberes ya pendientes. Comió con algunos chicos, se puso al día con los trabajos y por la tarde tuvieron su primer entrenamiento oficial. Neil ya tenía su equipación completa y se la puso por primera vez, el número diez marcaba su espalda bajo el apellido y su pecho bajo el nombre del equipo. También tenía el carnet de la universidad, la beca completa, su inscripción al equipo y el registro en la casa de los zorros, y hasta se había apuntado al gimnasio ahora que ya podía.

Ya en el santuario (Neil se había rendido a llamarlo igual que los demás) se reunieron en la sala de visionado y reuniones después de cambiarse. Neil ya estaba harto de tener que andar de puntillas para que nadie le viese así que dejó que lo hiciesen, se cambió delante de ellos, soportó las miradas y los cuchicheos, no contestó ninguna pregunta y continuaron con sus vidas. Ahora que se había sincerado (todo lo que pudo) con Andrew, sentía que tenía su apoyo y que con él podía enfrentarse a cosas que temía estando solo. Neil estaba seguro de que si hubiesen insistido mucho sobre sus cicatrices o si le hubiesen importunado por ello, Andrew habría tomado el control de la situación, y era agradable saber que alguien te guardaba las espaldas. Solo esperaba que, si algún día descubría toda la verdad, siguiera estando a su lado.

Quién habría imaginado que acabaría confiando más en Andrew que en cualquier otro con quien tuviese mejor relación. Sin duda, Neil seguía preguntándose por la cordura de sus decisiones. Pero Andrew tenía algo, era fuerte y sólido y parecía invencible, como si fuera un héroe tallado en granito y, cuando no iba a por ti, cuando te apoyaba, te hacía sentir seguro en medio de un huracán.

—Espero que hayáis descansado durante el verano —dijo el entrenador, dándoles un pequeño discurso por ser el primer día—, porque ahora quiero que lo deis todo para llegar a la final en la liga universitaria, ya nos he inscrito.

—¡Vamos a ganarla! —exclamó Nicky.

—¡Sí! Vamos a por todas, entrenador —dijo Matt.

—Así me gusta. Pues preparaos para sudar y sufrir para conseguirlo. Ahora tenemos un nuevo compañero —dijo señalando a Neil, dirigiendo todas las miradas hacia él durante un momento incómodo para el chico—, y ha estado trabajando duro todo el verano para formar parte del equipo. Seguro que encajáis bien, pero hay que seguir trabajando duro para que os mováis como uno solo en la cancha. ¡Vamos a ello!

El entrenador dio una palmada enérgica y los demás le contestaron y se levantaron para ir corriendo hacia la cancha.

Neil estuvo un poco torpe por tener que adaptarse a jugar con todos y un poco también por los nervios, pero ninguno se lo tuvo en cuenta, excepto Kevin, que lo miraba como si quisiera machacarlo cada vez que cometía un error o le robaban la pelota por culpa suya. Le dijo algunos improperios, pero Neil hizo oídos sordos y el entrenador le llamó la atención a Kevin para que le dejase en paz.

Ese verano Neil se había adaptado a la posición que el equipo necesitaba y principalmente jugaba como escolta, al igual que Kevin. Andrew y Liam eran los bases habituales. Como alero estaban Matt y Evan. De ala-pívot Nicky y James. Y como pívot Spike y Carson. Esas eran sus posiciones oficiales, pero todos sabían jugar en todas por si era necesario; Neil todavía estaba aprendiendo a desenvolverse en algunas, pero controlaba la suya que era lo importante.

Al terminar hora y media después, estaban todos jadeando y cubiertos de sudor. Fueron al vestuario agotados pero contentos, excepto Kevin que seguía fulminando a Neil con la mirada.

—Has cometido errores imperdonables —le dijo antes de cambiarse para entrar a la ducha.

—Tampoco exageres, solo necesito adaptarme a que estemos todos.

—Hazlo mejor mañana.

—Déjalo —dijo Andrew, zanjando la conversación.

Kevin resopló y fue hacia su taquilla para quitarse la ropa. Neil miró a Andrew pero este le estaba dando la espalda, quitándose la camiseta. Apartó la mirada y se cambió rápido para entrar en la ducha, allí las mamparas le protegían de las miradas de los demás.

Cuando salió algunos ya se habían marchado. Nicky y Matt le estaban esperando fuera para volver juntos a casa. Cenaron arroz congelado con pollo para llevar una dieta más equilibrada durante la temporada de baloncesto y descansaron en los sofás casi todos juntos, viendo una película. Solo faltaban Andrew, Kevin, Carson y James. Y Neil solo le preguntó dónde estaría Andrew.

Esa noche se quedó dormido en cuanto apoyó la cabeza en la almohada y estaba sonriendo.

 

***

 

Al final de su primera semana de clases y entrenamientos y trabajos y deberes y lecturas obligatorias, Neil estaba agotado. Por suerte, todos lo estaban y no dieron ninguna fiesta ese fin de semana, pero Neil no pudo librarse de salir a cenar y tomar algo con Matt, Nicky y Liam el sábado. Después de la primera ronda de cervezas y refresco, Liam los abandonó por una chica que no dejaba de mirarle y sonreírle mientras se tocaba el pelo y le hacía ojitos.

—Lo siento, chicos, pero vosotros no podéis darme lo que va a darme ella esta noche —dijo alzando las cejas de forma cómica, levantándose para irse—. Bueno, tú sí —le dijo a Nicky—, pero paso.

—Capullo.

Nicky le dio un puñetazo en el brazo antes de que se escapase y se fue riéndose. Se presentó a la chica y su grupo de amigas, le pasó el brazo por la cintura y le dijo algunas cosas al oído antes de llevársela cogida del brazo. Neil envidió su soltura para relacionarse con otras personas y ligar en dos segundos, hacía que pareciese fácil.

Neil siguió la conversación de Nicky y Matt durante un rato, hasta que de repente se quedaron en un cómo silencio entre ellos, escuchando la música mientras se tomaban sus bebidas. Neil no pudo culpar al alcohol por el tema que sacó de repente, pero desde que lo habló con Andrew no dejaba de darle vueltas, y la pregunta le salió sin poder controlarla, pues no quería contarle a nadie más lo que le había confesado a Andrew.

—¿Cómo acabasteis aquí?

Matt y Nicky le miraron con las cejas alzadas, sorprendidos.

—Lo siento, no es justo que lo pregunte cuando yo guardo mis secretos y quiero que siga siendo así.

—No pasa nada —dijo Matt—, para nosotros no es un secreto, casi todos conocemos las historias de los demás, ya llevamos dos años juntos.

—Yo ya te conté lo más importante de la mía —dijo Nicky—. Perdí a mi hermano por culpa de las drogas. Lo aprendimos en casa, así que era inevitable que cayésemos en esa mierda. Muchas veces pienso que si él no hubiese muerto primero, lo habría hecho yo, su pérdida fue lo que me despertó. Dejé las drogas, abandoné a mi familia y me busqué un futuro mejor.

Parte de la historia de Nicky le recordó tanto a Neil a la suya propia que se le cerró la garganta por la emoción que le sobrevino recordando a Ray. También había podido pasar al contrario entre ellos, que hubiese sido Neil al que matasen y Ray el que huyese después de eso. Pero no sucedió así.

Posó la mano sobre la de Nicky solo un momento y este le sonrió con tristeza.

—Te entiendo. Yo… también podría haber muerto en lugar de mi amigo y no estar aquí.

—Pero lo estamos y tenemos que hacerlo mejor, por ellos.

Neil asintió y dio un trago al refresco frío, metiéndose un hielo en la boca para morderlo y conseguir tragar algo que le aliviase la garganta.

—No tienes que contármelo si no quieres —le dijo a Matt.

—Quiero que confíes en nosotros para que algún día sepas que puedes contarnos tu historia, sea la que sea. Yo vengo de una familia muy pobre, mi padre trabajaba en la construcción dejándose la salud en ello y después de una lesión en la espalda se volvió adicto a la mediación. Cuando se la quitaron se refugió en el alcohol, entonces empezaron los problemas de ira y violencia, yo tenía diez años, hasta entonces puedo decir que fui feliz aunque no teníamos mucho. —Se tomó un respiro para dar un trago a la cerveza y continuó—. A mí nunca me pegó y yo era muy pequeño para defender a mi madre, tardé mucho en dar el estirón, era débil y estaba asustado. Las palizas cada vez eran más agresivas, primero le dejaba moratones, luego le rompió huesos, hasta que la mató cuando yo tenía trece años.

—Lo siento, joder.

Nicky le pasó un brazo por los hombros para reconfortarlo y Matt tragó saliva con fuerza y los ojos húmedos.

—Mi padre fue a la cárcel y yo me quedé con una tía lejana hasta los dieciocho años, me echó de casa en cuanto los cumplí, solo se quedó conmigo porque recibía una ayuda económica del estado. Mi padre murió en la cárcel por una sobredosis.

—Todos tenemos historias oscuras y tristes a nuestra espalda, Neil —le dijo Nicky para darle tiempo a Matt de recomponerse—. No nos espantaremos cuando conozcamos la tuya.

Pero Neil no solo había sufrido en manos de otros, también había hecho sufrir, había matado sin compasión, por supervivencia, y ni siquiera era humano. No estaba muy convencido de que realmente no fueran a espantarse con él. Asintió y volvieron a guardar silencio, cada uno perdido en sus recuerdos. Matt se levantó y regresó con tres chupitos, ofreciéndole uno a Neil también.

—Venga, por nosotros, no te pondrás pedo con uno solo —dijo, dándoselo.

Neil lo aceptó como pago por su generosa sinceridad. Bebieron juntos y Neil se terminó de otro trago el refresco para aliviar el ardor en la garganta.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro —contestó Matt.

—¿Por qué bebes alcohol?

—Ya, después de lo que viví, supongo que te parece extraño. Verás, yo nunca me emborracho, sé cuándo detenerme para no perder el control, y lo hago para demostrarme que puedo hacerlo, que no soy como él, y porque me gusta.

Neil lo entendió y lo respetó. Cada uno tenía su manera de enfrentarse a sus fantasmas. Poco después volvieron a casa y se fueron a dormir.

 

***

 

La primera semana de octubre el entrenador les preparó un partido amistoso con otra universidad con la que tenían buena relación, para prepararse antes de que empezase la liga. Los chicos conocían a los jugadores, ya habían hecho esto antes, y Parker era amigo del otro entrenador; los invitaron al santuario de los zorros.

Apostaron que quien perdiese pagaría las pizzas de después.

Neil estaba emocionado. Matt y Nicky le presentaron a todo el mundo antes de guiar al equipo contrario hasta el vestuario de los visitantes, mucho más pequeño y modesto que el suyo.

Los entrenadores fueron charlando a la cancha y los esperaron allí sin meterles prisa, mientras se ponían al día.

Nicky golpeó el hombro de Neil con el suyo.

—¿Todo bien?

—Sí.

¿Acaso parecía nervioso? Se preguntó.

—Será divertido, ya verás.

—Si perdemos por tu culpa, pagarás tú las pizzas — dijo Kevin.

—Cállate, capullo —replicó Liam, empujándolo al pasar por su lado—. La última vez ganamos, pero no pasa nada si perdemos hoy.

A Neil no le hizo mucha gracia que pensasen que perderían por su culpa. No era el mejor, cierto, pero machacando su autoestima no conseguirían que estuviese más motivado. Su intención era buena, sin embargo…

—No perderemos —zanjó Andrew con seguridad.

Y a Neil no le pareció una amenaza ni una exigencia, simplemente confiaba en él, en que no sería un lastre. Al fin y al cabo, le había entrenado para eso.

—¡Claro! —exclamó Nicky, no tan convencido como debería—. Vamos.

Salieron con la equipación puesta y fueron con algunos del otro equipo hacia la cancha. Los pusieron a calentar en cuanto estuvieron todos y después empezó el partido. Durante el primer tiempo dejaron a Neil en el banquillo, así pudo observar y aprender cómo jugaban los otros para cuando le tocase entrar.

Y lo dio todo cuando pisó la cancha.

Incluso consiguió encestar cuando Andrew le pasó la pelota y subió el marcador dos puntos. Su euforia subió quinientos más.

Jugó dos períodos seguidos y en el último volvió al banquillo. No le importó, lo había disfrutado muchísimo y también había aprendido otro tanto, se sentía más que satisfecho y… si perdían no sería por su culpa.

Aun así, Kevin le miró mal cuando salió de la cancha enfadado por haber perdido por dos malditos puntos.

Neil frunció el ceño y estuvo a punto de hacerle un corte de mangas, pero se contuvo para no caldear el ambiente. No todos se lo tomaron mal ni le culparon por ello, pero los zorros estaban tensos, los otros supieron entenderlo y no se regodearon en su victoria. Pusieron dinero e invitaron a las pizzas para comer en el parque de al lado, en los bancos al aire libre. La charla se animó en cuanto llegó la comida y pasaron un rato agradable hasta que los ganadores tuvieron que marcharse.

Los zorros volvieron a casa con el ánimo bajo y Neil se sintió culpable. Sabía que no debería, joder, pero no pudo evitar pensar por un momento que sin él estarían mejor, y solo había sido una prueba, un entrenamiento amistoso. Ya no le emocionaba tanto enfrentarse a un partido real, empezaba a asustarle, y eso era estúpido, había luchado a muerte una y otra vez, no podía tenerle miedo a un partido de baloncesto y… al rechazo de sus compañeros si no estaba a la altura, o incluso si le culpaban por perder aunque no fuese su culpa.

Su mente iba a mil por hora mientras caminaba lentamente hasta casa junto a Nicky, Matt y Liam.

Kevin y Andrew iban por delante, el segundo fumándose un cigarro, el otro con todo el cuerpo en tensión, no se le daba bien perder.

Al llegar a casa, Andrew se quedó en el porche para fumarse otro cigarro y, por algún motivo incomprensible, Neil se quedó fuera con él, lo prefería a entrar con los demás. Eso le indicó lo jodido que estaba, si Andrew era con quien más reconfortado se sentía.

Se sentaron en el banco en silencio y permanecieron así hasta que Andrew consumió todo el cigarro. Después no se marcharon.

La rodilla de Neil rozó la de Andrew y se apartó con rapidez murmurando una disculpa ante la que el otro no reaccionó, así que Neil las hizo chocar a propósito y la dejó ahí cuando él no se movió. Solo quería alguna reacción por su parte.

—¿Estás enfadado?

—¿Por haber perdido? No tengo cinco años.

—Kevin lo está.

—A veces tiene cinco años mentales. Todo tenemos defectos, ¿no?

—Me odia.

—¿Qué más da?

—Es el capitán del equipo, si cree que perdemos por mi culpa querrá echarme.

—Yo soy el segundo capitán.

—¿Y?

Andrew lo miró con esos ojos negros que parecían estar llamándole idiota en ese preciso momento.

—No irás a ninguna parte.

Después se levantó y entró en casa. Neil se quedó fuera un rato más.

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