Todo
el campus estaba preparándose para celebrar Halloween ese fin de semana. Las
hermandades se habían ocupado de la decoración en la cafetería, la biblioteca,
el gimnasio y los exteriores de los edificios; habían colgado por todos lados
calaveras, telas de araña, murciélagos, fantasmas y calabazas. Los vendedores
ambulantes de café y comida rápida fueron disfrazados durante toda la semana y
a veces entraba alguien en alguna clase vestido de algún asesino de película,
incordiaba un poco al profesor y salía corriendo para que no le pillasen. Neil
lo vio una vez en su propia clase. El ambiente festivo lo inundaba todo.
Para
rematar el espectáculo, el sábado las hermandades daban fiestas con pasajes del
terror, mucho alcohol y concursos de disfraces. Era obligatorio ir disfrazado
para poder pasar y algunos chicos del equipo quería ir un rato a la fiesta para
luego rematarla en su casa, a su manera. Neil no sabía cómo se había dejado
convencer por Matt y Nicky para acompañarlos cuando no quería ir, pero hasta le
habían comprado un disfraz a traición para que no pudiese negarse.
—No
pienso ponerme eso.
—Venga,
si es algo sencillo, ni te enterarás de que lo llevas puesto —insistió Nicky.
—¿De
verdad es necesario?
—Sí.
—Puedo
esperaros fuera mientras hacéis el pasaje del terror y os tomáis una copa.
—Entonces
no tendría ningún sentido que vinieras —dijo Matt.
—Exacto
—contestó Neil.
Nicky
le empujó el disfraz contra el pecho y no tuvo más remedio que cogerlo.
—Por
favor —pidió haciendo un puchero porque sabía que Neil era débil y,
efectivamente, funcionó.
Neil
resopló y Nicky sonrió triunfal. Chocó un puño con Matt descaradamente.
—Póntelo
y te pintamos la cara.
—Ni
de coña.
—Venga,
deja de resistirte, si vas a hacer lo que quiera y lo sabes, conozco tus puntos
débiles.
—Tener
amigos tan manipuladores no me sale rentable —dijo Neil fulminándolos con la
mirada, pero Matt y Nicky sonrieron pletóricos al saber que los consideraba sus
amigos así que les dieron igual el resto de la frase.
Le
dejaron solo en la habitación para que se cambiase y se desvistió para ponerse
el traje de cuerpo completo de esqueleto. En realidad era sencillo, cómodo y no
demasiado ridículo ni llamativo. Se dejó debajo una fina camiseta de manga
larga térmica para no pasar frío y les abrió porque necesitaba ayuda para
abrocharse la espalda. Se puso las converse y se sentó en la cama para dejar
que le pintasen en la cara una calavera mientras miraban un tutorial en YouTube.
Cuando terminaron, Neil se mordió la lengua para no decirles que les había
quedado muy bien, no quería darles ánimos, fingió que no le importaba, pero le
habían dejado muy chulo.
Nicky
iba de Freddy Krueger y Matt de Jason Voorhees, el asesino de Viernes 13, con
máscara incluida; cuando la llevaba puesta, con su tamaño y corpulencia, daba
un poco de miedo.
Habían
quedado con la amiga de Matt y el novio de Nicky en la fraternidad de las
Kappa, eran un grupo de pijas pero daban buenas fiestas y servían alcohol de
calidad. Se les unieron Liam y Spike, ambos disfrazados de zombis, y fueron
juntos dando un paseo. Había mucha actividad en el campus, ambiente fiestero; todo
el mundo iba disfrazado y riéndose y dando sustos.
—¿Vas
a quedarte en la fiesta de esta noche, Neil? —preguntó Liam.
Dos
meses antes le había dicho a Andrew que se quedaría en las fiestas de casa, que
confiaba en él, pero durante ese tiempo habían hecho otras dos fiestas de las
suyas y Neil había vuelto a escapar bajo su atenta mirada. Andrew no volvió a
ir a buscarle como esa noche en la que se sinceraron. Neil no se marchaba
porque no confiase en él sino porque se sentía incómodo al pensar que podía
encontrárselo teniendo sexo en cualquier sitio. Pero esa noche se quedaría. No
se sentía muy seguro rodeado de gente con la cara tapada o pintada y llevando
armas falsas a la vista. Esa noche se valía solo de su olfato para mantenerse a
salvo, todavía esperaba que en algún momento lo encontrasen y fuesen a por él,
aunque rezaba para que no sucediese nunca.
—Sí,
hoy me quedo.
—Genial.
¿Y ese cambio? ¿Vas a traer compañía?
—No,
solo… es un cambio, sin más.
—Bueno,
me alegro. Te cuidaremos, tú tranquilo.
Sabía
a lo que se refería, no dejarían que Carson se le acercase demasiado, su
enemistad era evidente e incontrolable, sobre todo porque Carson parecía
haberle cogido manía. Con Andrew también habían notado todos que su relación
había cambiado, que ahora tenían una especie de tregua, y no se preocupaban si
los veían juntos.
—A
lo mejor Carson ni viene, antes le he escuchado planear pasar la noche fuera
con su chica —dijo Spike.
—Pues
mejor —contestó Nicky.
Cuando
llegaron a la fraternidad de las Kappa ya estaba a rebosar de gente y la
decoración era impresionante. Neil se quedó sorprendido. Fuera había mesas con
la bebida, los altavoces retumbaban, y todo el interior era el pasaje del
terror. Encontraron a Dean, que iba disfrazado de Drácula, y la chica de Matt,
que iba de animadora muerta con sangre falsa y la camiseta desgarrada dejando
los pechos a la vista de todos.
—¡Venga,
vamos! —exclamó Liam emocionado.
En
un puesto pagaron por unas pulseras de todo incluido: pasaje y bebidas. Con ese
dinero cubrirían los gastos de la fiesta y si sobraba algo lo donarían a la
universidad. Hicieron cola para coger bebidas y se las tomaron bailando en el
jardín; no hacía mal tiempo y entre el alcohol, el movimiento y la masa de
cuerpos rodeándoles, se estaba bien fuera.
Matt
se dedicó a meterle la lengua a su chica, Spike se fue a buscar a alguien que
conocía y Neil se quedó bailando con Nicky, Dean y Liam.
—¿No
has traído ningún ligue? —le preguntó Nicky a Liam.
—Nah,
quedamos luego en casa. No quiero nada serio, solo un poco de sexo.
Cuando
terminaron las bebidas se pusieron a la cola para entrar en el pasaje del
terror. Neil cambió su peso de un pie a otro, inquieto.
—¿Estás
bien? —le preguntó Nicky.
—Sí,
sí.
—¿Nunca
has entrado en una casa del terror? —preguntó Liam.
—Pues
la verdad es que no.
—Puedes
pegarte a mí si tienes miedo —dijo guiñándole un ojo.
—Creo
que podré soportarlo.
Nicky
se rio del intento de Liam y abrazó a su novio por la espalda besándole el
cuello. Avanzaron en la cola con rapidez y alguien disfrazado de la muerte les
pidió que enseñasen las pulseras en la entrada. Les dejaron pasar a través de
unas cortinas negras con telarañas y los recibió la luz roja del interior.
—Pasad
y encontrad la salida si podéis —dijo una chica con voz profunda, máscara
demoníaca y un hacha en la mano, guiándolos como a un rebaño hacia el salón.
Liam
soltó un risa bajita y se acercó a Neil.
En
el salón había una chica tumbada en el sofá como si estuviese muerta, cubierta
de sangre, ni se le notaba la respiración. Las sillas estaban volcadas, como si
hubiese habido una pelea, y parecía que el asesino fuese a salir de cualquier
esquina. Rodearon el salón, con las luces parpadeando de forma psicodélica, y
de repente la chica muerta se levantó soltando un grito y empezó a
perseguirles. Corrieron entre risas y subieron al piso de arriba. La misma
chica del hacha estaba en lo alto de la escalera, guiándolos de nuevo hasta la
izquierda.
—Vamos
a jugar al escondite, pero cuidado con dónde entráis, por si no podéis salir —dijo
balanceando el hacha, y empezó a contar.
Todos
salieron corriendo por el piso de arriba, separándose.
A
Neil lo abordó un olor conocido y alguien que le empujaba en la dirección que
quería. Miró hacia atrás, arriba estaba mucho más oscuro, y vio a un chico con
máscara de hockey manchada de sangre. Permitió que lo metiese en una habitación
completamente a oscuras y cerró la puerta a sus espaldas. Caminaron rozándose,
con las manos extendidas, y escucharon otra respiración en la habitación. Neil
se tensó, paralizándose, y Andrew le rodeó la cintura con un brazo para guiarle
hacia una pared.
Cuando
sus ojos se acostumbraron a la oscuridad total pudieron ver un poco, distinguir
algunas formas. Alguien forzaba una respiración jadeante desde el otro lado,
otra chica jugando.
La
mano de Andrew ardía sobre su vientre, pero se suponía que Neil no sabía que
era él, era imposible que lo supiese de no ser porque podía olerle y
reconocerle así. Ninguno dijo nada, se movieron hasta una esquina y esperaron.
La chica de fuera dejó de contar y empezó a dar golpes con el hacha mientras los
buscaba.
Neil
se rio por los nervios y Andrew le chistó pidiendo silencio. La chica de la
habitación jadeó y al moverse escucharon el sonido de una cadena. Con la mano
que no le tenía sujeto, Andrew la subió hasta su cuello, rodeándolo sin
apretar, sintiendo su pulso cada vez más desbocado. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por
qué se comportaba así? ¿Lo estaba poniendo a prueba de alguna forma? ¿O solo
quería molestarle sin romper la tregua al (supuestamente) no poder saber Neil
que se trataba de él?
Su
respiración retumbaba dentro de la máscara junto al oído de Neil. Lo tenía
totalmente inmovilizado pero sin ejercer fuerza, con la espalda apoyada en su
pecho y la cabeza inclinada un poco hacia atrás.
Los
nervios de Neil ya no se debían a las chicas Kappa que jugaban con ellos.
Andrew también quería jugar esa noche, pero Neil no conocía las reglas de su
juego.
Escucharon
un ruido fuera de la puerta y Andrew lo metió en el vestidor, cambiando las
posiciones. Apoyó la espalda de Neil contra la pared, entre la ropa, y lo
cubrió con su cuerpo. La respiración acelerada de Neil empañaba la máscara a
centímetros de su cara. Fuera la chica de las cadenas se movió, jadeando como
si le costase respirar, soltó un gemido lastimero, y la chica del hacha fingió
darle un golpe y los buscó por la habitación. Se asomó al vestidor y Neil
aguantó la respiración entre la ropa. Andrew se apretó contra él, no podían
estar más pegados. La chica no los vio.
No
se movieron ni un milímetro cuando escucharon que se fue a seguir buscando a
otros.
El
tiempo se dilató de forma extraña, parecían estar pasando horas y a la vez que
se hubiese detenido, mientras nada pasaba, ellos solo estaban allí dentro,
respirándose, hasta que Andrew se sintió satisfecho o aburrido o cansado o
simplemente le dio la gana terminar ya con su juego y se apartó de Neil. Dio un
paso para marcharse y Neil hizo el amago de seguirle, pero le impulsó contra la
pared con una mano de acero y lo detuvo. Vale, no quería que fuese con él.
Claro, no quería que descubriera quién era.
Neil
permitió que se marchase y contó a diez para salir. La chica de las cadenas se
arrastró gimiendo, con el tintineo del metal acompañándola, y Neil corrió hasta
la puerta conteniendo una risa nerviosa. Fuera se tropezó con Liam, Matt y su
chica, que salían de otra habitación con la chica del hacha detrás, y bajaron
la escalera corriendo, dejándola arriba para terminar de encontrarlos a todos.
Se
detuvieron en la cocina para tomar aliento, pensaban que estaban a salvo, se
relajaron, y por eso dieron un grito humillante cuando dos chicas entraron
asustándoles, fueron a por ellos, sin llegar a tocarles en ningún momento, y
salieron por la puerta trasera partiéndose de risa. Poco después aparecieron
igual Nicky, su novio y otras personas.
—Joder,
ha sido la hostia —dijo Liam.
—Sí,
se lo han currado mucho —añadió Nicky—. No reconoceré fuera de aquí que ha
habido un momento en que me he cagado de miedo un poquito.
—Te
guardaré el secreto, cariño.
Neil
también tenía un secreto de esa noche.
Algo
que era incapaz de comprender, como casi todo lo que tenía que ver con Andrew,
así que, como hacía siempre, lo dejó pasar.
Fueron
a por otra ronda de bebidas para amortiguar el dinero que habían gastado,
celebraron la terrorífica diversión con unos chupitos a los que Neil se unió
con la seguridad de que entre el frío y la emoción quemaría el alcohol rápido,
y a medianoche regresaron a casa.
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