17 enero 2025

Capítulo 25

En cuanto vio a Andrew allí solo, en medio de todos esos cambiantes, con un arma en la mano, como si fuese invencible, reclamándolo, se le detuvo el corazón. Ya no escuchaba ni veía nada más que a él. Ni siquiera reaccionó ante el caos que se formó a su alrededor porque Andrew permanecía quieto en medio del huracán y solo con su mirada le sujetaba, le sostenía.

Todos gritaban, corrían, sonaron más disparos, y ellos se miraban en medio del caos. Humano y animal, simplemente dos corazones rotos con algunas piezas que encajaban entre sí.

Alguien le dio una patada para sacarlo del trance en el que estaba atrapado, en esos ojos negros. Intentaron ponerle una cadena al cuello como correa para llevárselo, lanzó un mordisco al aire defendiéndose, pero le quitaron de encima a Joshua con un empujón. Y no era Andrew, sino Matt. Le dio un puñetazo que casi lo tira al suelo.

—Vamos, vamos, no te transformes, corre —le dijo a Neil.

Corrieron juntos, Andrew se unió a ellos y después Nicky antes de salir de la fábrica entre el caos en el que todos se empujaban y corrían y se agachaban para no respirar el humo que se extendía por el techo.

Fuera se juntaron con otros zorros y no pararon de correr adentrándose en el bosque que rodeaba la fábrica. Neil corría con ellos a cuatro patas, asegurándose de que nadie los seguía, todos estaba demasiado ocupados en salvar su propio culo. A lo lejos escucharon el sonido de sirenas de la policía y los bomberos.

Llegaron a una carretera secundaria y dos coches los esperaban en marcha. Neil montó con Andrew y Nicky detrás. Matt se subió delante con Liam al volante. Los demás se fueron en el otro coche.

Si Neil hubiese estado en su forma humana no habría podido controlar las lágrimas por la emoción. Todos habían ido a buscarle.

Volaron sobre el asfalto sin límite de velocidad.

—¿Todo bien con lo vuestro? —preguntó Andrew.

—Sí —contestó Liam, escueto, concentrado en la carretera. Olía como si viniese de una alcantarilla.

—Ven aquí, Neil —lo llamó Nicky desde el otro lado.

Pasó por encima de las piernas de Andrew y se sentó en el medio. Nicky lo abrazó en su forma perruna y Neil acarició su cuello con el hocico, gimoteando emocionado.

—Ya estás con nosotros, tranquilo, estás a salvo.

No parecía enfadado ni le tocaba como si fuese repulsivo por no ser humano. Neil apoyó la cabeza en su hombro y Nicky le acarició el lomo.

—¿Tienes alguna herida grave?

Las buscó tocándole con cuidado. Neil soltó un ladrido. Solo tenía rasguños superficiales, la sangre ya se estaba secando.

—No hablo idioma de perro —contestó Nicky con humor.

Neil le golpeó la mejilla con el hocico y gruñó suave.

—Me tomaré eso como una risa y como que estás bien.

Volvió a apoyarse en él y miró a Andrew, que los observaba casi sin pestañear. Quería que él también le tocase, pero no lo hacía.

—Vamos a conducir hasta casa sin parar, puedes descansar.

Había otras palabras en sus ojos negros, pero Neil no conseguía descifrarlas. Se apartó de Nicky y se tumbó hacia Andrew, apoyando la cabeza en su regazo, conteniendo el aliento por si se lo quitaba de encima. Esperó, contando los segundos que pasaban, hasta que Andrew le apoyó una mano en el cuello y la dejó ahí. Neil cerró los ojos y se quedó dormido envuelto en su olor.

 

***

 

Se despertó cuando notó que el motor se detenía. No se había enterado de nada durante las largas horas de viaje, había estado tres días casi sin dormir ni comer, le costó levantarse y sostenerse sobre las cuatro patas.

—Nosotros nos bajamos aquí, volved a casa —dijo Andrew.

Abrió la puerta y se bajó. Neil fue tras él, saltando del coche. Reconocía ese lugar, era donde tenían la casa de la que había escapado como un idiota. Lo siguió y subió por las escaleras con el cuerpo pesándole toneladas. Lo malo de haber descansado era que necesitaba mucho más y que se había esfumado la adrenalina que lo había mantenido en pie hasta llegar al coche.

Entraron en la casa, Andrew cerró con llave por dentro, y se quedaron solos.

—Puedes ir al baño a transformarte.

Neil siguió sus instrucciones. Volver a su forma humana fue doloroso, los sentimientos y las sensaciones se multiplicaban por mil de repente. Soltó un gemido dolorido y pudo taparse con una toalla alrededor de las caderas antes de que apareciese Andrew preocupado. Encendió la luz y Neil pestañeó con fuerza hasta acostumbrarse a la intensidad de los halógenos led.

—¿Estás bien?

—Sí —carraspeó—, nada grave —contestó con la voz ronca.

Se aclaró la garganta, abrió el grifo y bebió agua directamente del chorro. Sintió el calor de la mano de Andrew a un centímetro de la piel de su espalda, se había detenido antes de tocarlo.

—Te sangran algunas heridas. Deja que coja el botiquín.

Neil paró de beber y se apartó para que pudiera sacarlo del mueble, luego lo siguió de vuelta al salón cojeando un poco y se sentaron en el sofá.

—Debería ponerme unos pantalones —dijo Neil, nervioso por su desnudez y el frío que sentía de repente.

—Espera, tienes un mordisco en la pierna.

Andrew se arrodilló ante Neil, que contuvo el aliento, y abrió el botiquín. Le limpió la herida con una gasa, llevándose por delante sangre, tierra sucia y saliva, y le vendó el gemelo, aunque al amanecer ya estaría curado. Si le quedaba cicatriz o no lo descubriría unos días después.

Volvió a sentarse a su lado, sin compartir una sola mirada, y dejó el botiquín sobre sus piernas.

—Deja que te cure los arañazos.

—Se curarán solos.

—Lo sé.

Neil dejó que pasase otra gasa por su pecho. También tenía moratones, sobre todo por las palizas que le habían pegado antes, pero con ellos no se podía hacer nada.

El corazón de Neil era un tambor contra sus costillas y Andrew ni siquiera le había tocado de verdad.

Mientras le curaba, se dio cuenta de que observaba con detalle todas sus cicatrices. De repente, Neil se sintió demasiado expuesto, recordando cómo había hablado de su cuerpo maltrecho en aquella discusión cuando él quiso volver a pelear para ganar dinero.

—Dijiste que tenía el cuerpo destrozado, ahora lo tengo peor.

—¿Crees que eso me importa? Lo que me preocupaba era tu dolor. Que te hicieran daño. —Siguió limpiando con la gasa con extremo cuidado—. Tu cuerpo es… no le pasa nada malo.

Dejó que le curase un zarpazo en la espalda inclinándose hacia delante y asimiló sus palabras pudiendo esconder entre las manos todas las emociones que se reflejaban en su rostro.

—Gracias por venir —susurró.

—¿Pensabas que iba a abandonarte?

—No lo sé.

—¿Pensabas… —dejó la gasa manchada, le puso una mano en el hombro para incorporarlo y lo atrapó con sus ojos negros— que podrías huir de mí?

Le soltó y pasó un dedo con extrema suavidad por encima de una cicatriz sobre sus costillas. Neil aspiró una bocanada de aire entre los dientes. Andrew parecía una estatua que ni respiraba, pero le estaba tocando.

—No quería huir de ti.

—Esos no son nada comparados conmigo —susurró—. Nunca fuiste suyo porque no te entregaste a ellos, solo te retenían.

Apoyó la palma de la mano sobre su costado. Había duda en su mirada y en su forma de moverse, un titubeo, como si no estuviese seguro de lo que hacía. La piel de Andrew se calentó contra la de Neil mientras este contenía el aliento. Era imposible que no notase lo rápido que latía su corazón cuando la mano se movió hacia arriba, arrastrándose por su torso, hacia el centro del pecho, hacia el retumbar, dejando un rastro de fuego en la piel.

Neil cerró los ojos. Era demasiado. Estaba desbastado, agotado, y Andrew lo consumía. Solo con una mano parecía que lo tocase por todo el cuerpo y el placer se mezcló con el dolor y con el miedo.

En ese momento, una caricia era más dolorosa que todos los golpes que había recibido. Le desarmó y asustó a partes iguales.

—Por favor… no me acaricies así, ahora no puedo soportarlo —dijo con voz casi inaudible.

—Lo siento.

Andrew apartó la mano con demasiada rapidez y entonces a Neil lo abrumó el frío de nuevo. No se atrevió a abrir los ojos hasta que volvió a escuchar su voz:

—¿Y en otro momento?

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