09 enero 2025

Capítulo 32

Neil se metió en la cama sin cenar, se le había quitado el apetito y las ganas de ver a nadie y tener que hablar con otra persona. Las palabras de Andrew le habían dolido tanto que se sentía paralizado, todo su esfuerzo enfocado a intentar masticarlas y tragarlas como si le hubiesen metido un puñado de arena en la boca y lo estuviese asfixiando. Digerirlas parecía imposible.

Él no quería ser una carga para Andrew ni para nadie.

Si hubiese tenido una pizca más de energía tal vez hubiese recogido sus cosas y se habría marchado a cualquier otro lugar, de tan dolido que se sentía. Pero después de ese largo día, no podía moverse más. Y aun así no conseguía quedarse dormido, toda la casa se quedó en silencio antes de que lo consiguiese. La paz no lo alcanzó en esa calmada oscuridad. En su mente se repetían una y otra y otra vez las mismas palabras.

Ni siquiera le había prestado atención a la nota, que estaba en su mesita de noche, dejada de lado. No había vuelto a leerla, solo había captado un atisbo de su aroma y era el que recordaba de la otra, sin sorpresa alguna.

¿Y ahora qué?

No sabía qué querían de él, ni quién lo quería, y podía echar por tierra —otra vez— toda la vida que estaba construyendo.

Escuchó unos pasos por el pasillo, acercándose, y se tensó bajo las sábanas, anticipando que podía ser alguien intentando atacarle; al fin y al cabo, la primera nota se la dejaron bajo la almohada. Estaba a punto de levantarse para defenderse cuando el olor de Andrew inundó el ambiente incluso antes de que entrase, todavía con esa mezcla de ambos como un puzle perfecto de aromas.

Cerró los ojos para hacerse el dormido.

Escuchó cómo la puerta se abría y se cerraba. Luego un susurro.

—Sé que estás despierto.

Era imposible que lo supiese, pero Neil abrió los ojos.

Andrew se sentó al borde de la cama de Nicky y se miraron en la penumbra, parecía que se hubiese abierto un abismo entre ellos y Neil estaba dividido entre querer saltarlo y querer correr en dirección contraria.

—No puedo protegerte si no me cuentas las cosas.

—No voy a pedirte ayuda, no quiero que me protejas —contestó con dureza.

Andrew suspiró y se levantó para sentarse en su cama. Le daba la espalda, pero estaba más cerca.

—Lo siento.

—A veces, cuando estamos enfadados, decimos lo que realmente pensamos.

—Y a veces decimos justo lo contrario. Decimos algo para hacer daño porque nos sentimos dolidos.

Eso le hizo a Neil reaccionar y bajar un poco sus defensas generadas por el rencor, la desconfianza y la traición que le habían dejado como lesión el golpe de sus palabras.

—¿Por qué?

—No me gusta sentirme impotente y si me ocultas cosas y no puedo mantenerte a salvo es como si fueses agua y te escurrieses entre mis dedos sin poder retenerte. Primero te fuiste, luego te alejaron de mí y por último estuvieron a punto de matarte. Pero no ha terminado, ¿no?

—No. Pero la nota es de un humano, no huele a cambiante.

Entonces Andrew le miró por encima del hombro.

—¿Y si ordenaron que la dejase un humano?

—¿Para qué? Los cambiantes somos territoriales, lo marcamos todo, no habrían dejado una nota sin huella, no tendría sentido.

—¿Entonces quién?

—No lo sé y me está volviendo loco. No le he quitado nada a nadie.

—¿Cuántas te han mandado?

—Dos.

Le señaló el cajón donde guardaba la otra, Andrew vio por sí mismo la que él había descubierto sobre la mesita de noche, arrugada. Neil le dijo dónde guardaba la llave para abrir el cajón y Andrew no titubeó al ver el dinero, solo cogió la primera nota. Las leyó ambas detenidamente, Neil no lo necesitaba, y ambos permanecieron pensativos unos minutos sin llegar a ninguna conclusión o epifanía.

—Averiguaremos quién lo ha hecho. ¿Dónde dejaron la primera? Si no miraste el buzón para coger la segunda, intuyo que la primera la dejaron en otro sitio.

Mierda. Neil se mordió el labio, no quería contárselo, pero no tenía más remedio que hacerlo, no podía volver a mentirle.

—Aquí, debajo de mi almohada.

El rostro de Andrew se transformó en algo peligroso y miró hacia la puerta como si pudiese ver e inspeccionar a cada integrante de la casa, acostados en sus camas sin enterarse de nada.

—No han sido ellos.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Tú llevas más años a su lado, deberías descartarlos más rápido que yo. Pero estoy seguro porque, repito, no le he quitado nada a nadie, el mensaje no tiene sentido y no huele a ninguno de ellos. Solo he discutido con Carson un par de veces y tú tuviste parte de culpa, no nos llevamos bien pero el mensaje no cuadra con él.

—Tienes razón, Carson no jugaría a esto; para bien y para mal, él va de frente.

—Siento causarte tantos problemas, no necesito que me ayudes.

—Pero quiero hacerlo.

Andrew se tumbó a su lado y tuvo que dejarle espacio. Él sobre el edredón, Neil debajo, como las noches que habían pasado en el picadero y que tanto había echado de menos desde entonces. Su cama era mucho más pequeña, no había más remedio que estar pegados.

El calor de Andrew fue disipando el recuerdo de sus palabras, ahora solo escuchaba su respiración, tan cerca que notaba su aliento en la mejilla.

—¿Puedo quedarme a dormir?

—Sí.

—¿Te mudarás mañana a mi cuarto?

Neil ahogó una exclamación.

—Kevin me matará.

—Hablaré con él.

—Nicky nos matará.

—Los convenceré.

—¿De que compartan habitación ellos? Estás loco.

—Lo haré. ¿Y tú? ¿Te vienes conmigo?

Neil sabía que solo lo hacía porque ahora estaba obsesionado con las notas, con que una se la habían dejado bajo la almohada, lo que significaba que ese alguien podía acercarse demasiado, y por eso lo quería cerca, para vigilarlo, para protegerlo, pero a Neil le emocionó igual por motivos totalmente diferentes.

—Vale. Si lo consigues…

—Lo haré —repitió con convicción.

Neil no lo dudaba y tampoco que Nicky iba a enfadarse un poquito…

 

***

 

Al día siguiente despertaron juntos de nuevo. Andrew estaba tumbado boca arriba, con los brazos cruzados sobre sus costillas, como si se abrazase a sí mismo. Como si se protegiese. Neil dormía de lado y tenía la nariz contra su hombro y una mano sujetándole por un brazo inconscientemente. Lo soltó y acercó la nariz a su cuello, rozándole con la punta muy suavemente, pero fue suficiente para despertarlo. Lo miraron sus ojos negros, cual halcón a la caza, y Neil sonrió soñoliento.

Andrew se levantó y se sentó al borde de la cama con la espalda tensa. A Neil se le borró la sonrisa. No se atrevió a tocarle. Caminaban en la cuerda floja.

Andrew respiró profundamente y se levantó.

—Voy a hablar con Kevin primero.

—Vale.

Y se fue.

***

 

Andrew salió de la habitación de Neil conteniendo el aliento, casi ni respiraba para mantener el control, para ralentizar el ritmo loco de su corazón.  No eran solo nervios por estar cruzando todas sus líneas rojas. Se apoyó en la pared del pasillo solitario y tomó aliento. Tuvo que recolocarse el pantalón, pero su excitación no bajaba. Se metió en el baño, se desnudó a tirones furiosos y se dio una ducha de agua fría antes de enfrentarse a Kevin.

Neil iba a acabar con la poca cordura que le quedaba.

Y a Andrew eso ya no le asustaba como debería.

Pero todavía estaba aprendiendo a sobrellevar todo lo que le hacía sentir.

Se puso la misma ropa tras secarse y salió del baño más relajado. Encontró a Kevin en su habitación, terminando de vestirse. Se subió los pantalones sin inmutarse y se puso una sudadera con capucha.

—¿Dónde has dormido?

—Fuera.

—No me digas —contestó con ironía, mirándole con una ceja alzada.

Se sentó en la cama para atarse los cordones de las zapatillas y Andrew se quedó de brazos cruzados, esperando a que terminase. La tensión se masticaba en el ambiente y emanaba toda de él.

—¿Qué pasa? —preguntó Kevin, notándolo.

Se conocían bien.

—Tengo que pedirte algo que no te va a gustar.

—Ah, genial, así empezamos bien el día —dijo con tono mordaz.

—Necesito que te cambies de habitación.

—¿Qué? —exclamó Kevin, eso no se lo esperaba—. ¿Por qué? ¿Y dónde coño quieres que duerma? Todas están ocupadas.

—Harás un cambio con otra persona.

El semblante le cambió a un profundo desacuerdo que rozaba casi la decepción.

—No me digas quién, creo que puedo adivinarlo.

—Pues adivínalo y hazlo posible.

—Y una mierda.

—Nunca te he pedido nada.

—¿En serio vas a jugar tus ases por él?

Andrew tomó aliento hasta llenarse los pulmones y expandir su pecho. Contó hasta cinco y soltó el aire despacio.

—¿Te has pillado? ¿Eres capaz de sentir algo así?

—No soy un puto robot y tú tampoco —contestó empezando a enfadarse.

—Sabía que había algo raro con ese chico y no solo porque le guste ladrar, algo entre vosotros, algo diferente. Por eso no me gusta. Está cambiando las dinámicas dentro de la casa y te está cambiando a ti. Odio los cambios.

Por un segundo, Andrew llegó a plantearse si Kevin podría ser el de las notas amenazantes, intentando que Neil se acojonase y se marchase para que nada cambiase. Pero no, lo conocía bien. Andrew solo pondría la mano en el fuego por una persona y ese era Kevin, aunque ahora le tocase discutir con él.

—Mis motivos no te incumben.

—Sí cuando me están jodiendo.

—Por favor.

Ese era su as en la manga.

Kevin abrió los ojos como platos, sorprendido, y luego apretó los dientes, cabreado. No podía negarse a eso.

—Joder —masculló—. Eres un cabrón.

Andrew se encogió de hombros.

—No funcionará. ¿Crees que viviréis felices y comeréis perdices? Estáis jodidísimos. Lo que Neil no creo que sepa todavía, es que tú lo estás mucho más que él.

—Cuidado, Kevin —la amenaza desbordaba por su tono de voz, bajo y grave.

—Cuando acabe asfixiando a Nicky con la almohada será tu culpa, seguro que habla hasta dormido. O me tiraré yo por la ventana.

—No te vas a matar desde un primer piso.

Kevin le hizo un corte de mangas y se marchó dando un portazo. Andrew se dejó caer en la cama y soltó un suspiro pesado. Ya solo le quedaba hablar con Nicky cuando lo viese por casa.

 

***

 

Neil estaba en la biblioteca y le mandó un mensaje a Nicky para reunirse allí cuando saliese de clase. Quería preguntarle qué tal estaba con Dean, si habían podido solucionarlo, y también contarle lo del cambio de habitación. Lo mejor sería que se lo pidiese él y no Andrew con su simpatía de mirada amenazante.

Lo esperó tomándose un café de máquina e intentando memorizar unos conceptos técnicos de anatomía sobre el cerebro humano. No había datos sobre cerebros de cambiantes, eso cambiaría cuando él pudiera hacerlo. Los humanos debían aceptar que compartían el mundo con otra especie dominante, que no era solo suyo, y que no había tantas diferencias entre unos y otros.

Nicky lo sorprendió muy concentrado, dejándose caer en la butaca de al lado con una gran sonrisa.

—Vaya, ya veo que has pasado una buena noche.

Nicky se repantingó sin dejar de sonreír y entrelazó las manos tras la cabeza.

—Fantástica. Lo único bueno de discutir es hacer las paces después.

—¿Y lo habéis arreglado todo? ¿Te has sincerado con él?

—Sí, al principio no fue fácil, pero lo entendió y me sentí mucho mejor después.

—Me alegro, hacéis buena pareja. Hay que luchar por las cosas buenas.

Nicky asintió, tenía un brillo en la mirada que le hacía resplandecer de alegría.

—Estoy deseando hacer el viaje, es casi como si fuera mi primera vez. Sé que cuando era pequeño me llevaron a la playa un par de veranos, tengo algunas fotos, pero no me acuerdo.

—Será genial.

—Creo que sí. Voy a por un café.

Se levantó de un salto y fue hacia la máquina. Mientras, Neil recogió sus libros y cuadernos y los metió en la mochila, tenía clase en cuarenta minutos, ya no iba a estudiar más.

Nicky volvió soplando el café y se sentó con cuidado para no derramarlo.

—¿Y tú qué tal todo con… tus cosas?

—Bien. De hecho, quería hablar contigo de algo, por eso te he escrito.

—Eso me parecía.

—Puede que no te guste.

—Vale, veamos —dijo despacio, precavido.

—Necesito cambiar de habitación.

—¿No quieres dormir conmigo? ¿Te molesto? ¿Soy demasiado pesado? ¿Te he agobiado tanto? ¿Ya no somos amigos? —preguntó de forma atropellada y ansiosa.

—No, no, no. Quiero decir, sí, somos amigos, estamos bien, no es por eso.

—¿Entonces? ¿Dónde piensas dormir?

Neil se odió por apagar el brillo de su mirada y teñirlo de preocupación.

—En la habitación de Andrew.

—Andrew duerme con Kevin.

—Me cambiaré con él.

Nicky parecía estar intentando entender la información con el cerebro a punto de cortocircuitar por todo lo que implicaba. Que si Neil se marchaba con Andrew, Kevin dormiría con él.

—Me cago en la puta. ¿Por qué me odias? ¿Me estás castigando?

—No, Nicky. Lo siento mucho, pero si no lo hacemos, Andrew… será él quien venga a hablar contigo y no te lo pedirá por favor.

—Repito: ¿Por qué me estás castigando? ¿Qué he hecho mal?

Solo había una forma de que Nicky lo aceptase sin sentir que Neil lo estaba abandonando, sin sentirse culpable.

—Andrew y yo… —carraspeó, nervioso—. Andrew… yo… a ver… nosotros…

A Nicky le iba a explotar la cabeza en ese preciso momento, al menos eso parecía por la cara que estaba poniendo.

—¿Vosotros? ¿Qué vosotros? Jugáis al baloncesto, conectáis de una forma que no entiendo, vale, pero esto es demasiado. ¿Me estás diciendo que Andrew y tú…? Andrew y tú.

—Sí.

—¿Estáis juntos?

—Sí.

—¿En plan romántico?

—Algo así.

—¿Os estáis enrollando?

—Sí.

—¿Le has besado?

—Sí.

—No pensaba que Andrew besase a nadie.

—Pues a mí sí.

Hubo un silencio tenso de un par de minutos mientras Nicky lo taladraba con la mirada y Neil escondía la suya avergonzado.

—La hostia puta. ¿Pero cuándo lo hacéis? A él… ya sabes… le gusta tener público. No lo entiendo. No entiendo nada, Neil.

—No tienes que entenderlo, es asunto mío. Te lo cuento porque eres mi amigo y quiero cambiar de habitación para… estar con él.

Eso no era mentira, aunque hubiese un trasfondo más importante.

—¿Estás seguro de esto? Le gustan cosas raras…

No le gustaban cosas raras, Andrew tenía miedo de algo, aunque Neil todavía no sabía por qué. Podía empezar a intuirlo, pero no quería hacerse ideas equivocadas con algo tan importante, no daría nada por hecho hasta que él se lo contase.

Andrew escondía sus traumas bajo una máscara de indiferencia y libertinaje que todo el mundo se creía.

—Estoy seguro —contestó.

—Vale —Nicky terminó de asimilarlo y se relajó contra el respaldo del sillón, dándole un trago a su café—. Perdona por mi reacción, es que estoy flipando. Siempre ha habido algo entre vosotros, pero nunca imaginé que sería algo así. No pensaba que Andrew pudiese interesarse así por alguien, le conozco desde hace años.

—A mí también me ha pillado desprevenido, la verdad.

—¿Y estás bien con él? ¿Te trata bien?

—Sí.

—Vale, no seré yo quien impida que el amor siga su curso, aceptaré compartir habitación con Kevin.

—Bueno, tampoco te pases, solo estamos empezando algo.

—Y me encantará ver en qué se convierte. Va a ser como ver florecer una rosa en invierno, algo increíble.

Neil rio negando con la cabeza.

—Estás fatal.

—Tú estás fatal —contestó Nicky riéndose.

—Eres un buen amigo, gracias. Sé que no será fácil estar con Kevin.

Nicky resopló y le quitó importancia con un gesto de mano.

—Bah, será peor para él, te lo aseguro. Le volveré loco como me toque las narices. Acabará durmiendo en el sofá.

Se rieron juntos con complicidad.

—Oye, no se lo cuentes a nadie. Que sospechen lo que quieran, pero nuestra intimidad es cosa nuestra.

—¿Ni siquiera a Matt?

—Vale, a Matt sí, pero habladlo vosotros sin mí, no me veo capaz de volver a tener esta conversación.

—Tú te lo pierdes, va a ser muy divertido.

—Para ti —Neil se levantó y se colgó la mochila de un hombro—. Bueno, tengo que irme a clase. Nos vemos luego.

Al salir de la biblioteca le envió un mensaje a Andrew para contarle que ya había hablado con Nicky y que había aceptado el cambio, que esa tarde se mudaría a su habitación. Le preguntó qué tal con Kevin y solo recibió un icono del pulgar hacia arriba como respuesta. Suficiente, Neil no quería saber nada más sobre la relación de esos dos, se entendían a su manera y les funcionaba así.

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