Neil
se metió en la cama sin cenar, se le había quitado el apetito y las ganas de
ver a nadie y tener que hablar con otra persona. Las palabras de Andrew le
habían dolido tanto que se sentía paralizado, todo su esfuerzo enfocado a
intentar masticarlas y tragarlas como si le hubiesen metido un puñado de arena
en la boca y lo estuviese asfixiando. Digerirlas parecía imposible.
Él
no quería ser una carga para Andrew ni para nadie.
Si
hubiese tenido una pizca más de energía tal vez hubiese recogido sus cosas y se
habría marchado a cualquier otro lugar, de tan dolido que se sentía. Pero
después de ese largo día, no podía moverse más. Y aun así no conseguía quedarse
dormido, toda la casa se quedó en silencio antes de que lo consiguiese. La paz
no lo alcanzó en esa calmada oscuridad. En su mente se repetían una y otra y
otra vez las mismas palabras.
Ni
siquiera le había prestado atención a la nota, que estaba en su mesita de
noche, dejada de lado. No había vuelto a leerla, solo había captado un atisbo
de su aroma y era el que recordaba de la otra, sin sorpresa alguna.
¿Y
ahora qué?
No
sabía qué querían de él, ni quién lo quería, y podía echar por tierra —otra vez—
toda la vida que estaba construyendo.
Escuchó
unos pasos por el pasillo, acercándose, y se tensó bajo las sábanas,
anticipando que podía ser alguien intentando atacarle; al fin y al cabo, la
primera nota se la dejaron bajo la almohada. Estaba a punto de levantarse para
defenderse cuando el olor de Andrew inundó el ambiente incluso antes de que
entrase, todavía con esa mezcla de ambos como un puzle perfecto de aromas.
Cerró
los ojos para hacerse el dormido.
Escuchó
cómo la puerta se abría y se cerraba. Luego un susurro.
—Sé
que estás despierto.
Era
imposible que lo supiese, pero Neil abrió los ojos.
Andrew
se sentó al borde de la cama de Nicky y se miraron en la penumbra, parecía que
se hubiese abierto un abismo entre ellos y Neil estaba dividido entre querer
saltarlo y querer correr en dirección contraria.
—No
puedo protegerte si no me cuentas las cosas.
—No
voy a pedirte ayuda, no quiero que me protejas —contestó con dureza.
Andrew
suspiró y se levantó para sentarse en su cama. Le daba la espalda, pero estaba
más cerca.
—Lo
siento.
—A
veces, cuando estamos enfadados, decimos lo que realmente pensamos.
—Y
a veces decimos justo lo contrario. Decimos algo para hacer daño porque nos sentimos
dolidos.
Eso
le hizo a Neil reaccionar y bajar un poco sus defensas generadas por el rencor,
la desconfianza y la traición que le habían dejado como lesión el golpe de sus
palabras.
—¿Por
qué?
—No
me gusta sentirme impotente y si me ocultas cosas y no puedo mantenerte a salvo
es como si fueses agua y te escurrieses entre mis dedos sin poder retenerte.
Primero te fuiste, luego te alejaron de mí y por último estuvieron a punto de
matarte. Pero no ha terminado, ¿no?
—No.
Pero la nota es de un humano, no huele a cambiante.
Entonces
Andrew le miró por encima del hombro.
—¿Y
si ordenaron que la dejase un humano?
—¿Para
qué? Los cambiantes somos territoriales, lo marcamos todo, no habrían dejado
una nota sin huella, no tendría sentido.
—¿Entonces
quién?
—No
lo sé y me está volviendo loco. No le he quitado nada a nadie.
—¿Cuántas
te han mandado?
—Dos.
Le
señaló el cajón donde guardaba la otra, Andrew vio por sí mismo la que él había
descubierto sobre la mesita de noche, arrugada. Neil le dijo dónde guardaba la
llave para abrir el cajón y Andrew no titubeó al ver el dinero, solo cogió la
primera nota. Las leyó ambas detenidamente, Neil no lo necesitaba, y ambos
permanecieron pensativos unos minutos sin llegar a ninguna conclusión o
epifanía.
—Averiguaremos
quién lo ha hecho. ¿Dónde dejaron la primera? Si no miraste el buzón para coger
la segunda, intuyo que la primera la dejaron en otro sitio.
Mierda.
Neil se mordió el labio, no quería contárselo, pero no tenía más remedio que
hacerlo, no podía volver a mentirle.
—Aquí,
debajo de mi almohada.
El
rostro de Andrew se transformó en algo peligroso y miró hacia la puerta como si
pudiese ver e inspeccionar a cada integrante de la casa, acostados en sus camas
sin enterarse de nada.
—No
han sido ellos.
—¿Cómo
estás tan seguro?
—Tú
llevas más años a su lado, deberías descartarlos más rápido que yo. Pero estoy
seguro porque, repito, no le he quitado nada a nadie, el mensaje no tiene
sentido y no huele a ninguno de ellos. Solo he discutido con Carson un par de
veces y tú tuviste parte de culpa, no nos llevamos bien pero el mensaje no
cuadra con él.
—Tienes
razón, Carson no jugaría a esto; para bien y para mal, él va de frente.
—Siento
causarte tantos problemas, no necesito que me ayudes.
—Pero
quiero hacerlo.
Andrew
se tumbó a su lado y tuvo que dejarle espacio. Él sobre el edredón, Neil
debajo, como las noches que habían pasado en el picadero y que tanto había
echado de menos desde entonces. Su cama era mucho más pequeña, no había más
remedio que estar pegados.
El
calor de Andrew fue disipando el recuerdo de sus palabras, ahora solo escuchaba
su respiración, tan cerca que notaba su aliento en la mejilla.
—¿Puedo
quedarme a dormir?
—Sí.
—¿Te
mudarás mañana a mi cuarto?
Neil
ahogó una exclamación.
—Kevin
me matará.
—Hablaré
con él.
—Nicky
nos matará.
—Los
convenceré.
—¿De
que compartan habitación ellos? Estás loco.
—Lo
haré. ¿Y tú? ¿Te vienes conmigo?
Neil
sabía que solo lo hacía porque ahora estaba obsesionado con las notas, con que
una se la habían dejado bajo la almohada, lo que significaba que ese alguien
podía acercarse demasiado, y por eso lo quería cerca, para vigilarlo, para
protegerlo, pero a Neil le emocionó igual por motivos totalmente diferentes.
—Vale.
Si lo consigues…
—Lo
haré —repitió con convicción.
Neil
no lo dudaba y tampoco que Nicky iba a enfadarse un poquito…
***
Al
día siguiente despertaron juntos de nuevo. Andrew estaba tumbado boca arriba,
con los brazos cruzados sobre sus costillas, como si se abrazase a sí mismo.
Como si se protegiese. Neil dormía de lado y tenía la nariz contra su hombro y
una mano sujetándole por un brazo inconscientemente. Lo soltó y acercó la nariz
a su cuello, rozándole con la punta muy suavemente, pero fue suficiente para
despertarlo. Lo miraron sus ojos negros, cual halcón a la caza, y Neil sonrió
soñoliento.
Andrew
se levantó y se sentó al borde de la cama con la espalda tensa. A Neil se le
borró la sonrisa. No se atrevió a tocarle. Caminaban en la cuerda floja.
Andrew
respiró profundamente y se levantó.
—Voy
a hablar con Kevin primero.
—Vale.
Y
se fue.
***
Andrew
salió de la habitación de Neil conteniendo el aliento, casi ni respiraba para
mantener el control, para ralentizar el ritmo loco de su corazón. No eran solo nervios por estar cruzando todas
sus líneas rojas. Se apoyó en la pared del pasillo solitario y tomó aliento.
Tuvo que recolocarse el pantalón, pero su excitación no bajaba. Se metió en el
baño, se desnudó a tirones furiosos y se dio una ducha de agua fría antes de
enfrentarse a Kevin.
Neil
iba a acabar con la poca cordura que le quedaba.
Y
a Andrew eso ya no le asustaba como debería.
Pero
todavía estaba aprendiendo a sobrellevar todo lo que le hacía sentir.
Se
puso la misma ropa tras secarse y salió del baño más relajado. Encontró a Kevin
en su habitación, terminando de vestirse. Se subió los pantalones sin inmutarse
y se puso una sudadera con capucha.
—¿Dónde
has dormido?
—Fuera.
—No
me digas —contestó con ironía, mirándole con una ceja alzada.
Se
sentó en la cama para atarse los cordones de las zapatillas y Andrew se quedó
de brazos cruzados, esperando a que terminase. La tensión se masticaba en el ambiente
y emanaba toda de él.
—¿Qué
pasa? —preguntó Kevin, notándolo.
Se
conocían bien.
—Tengo
que pedirte algo que no te va a gustar.
—Ah,
genial, así empezamos bien el día —dijo con tono mordaz.
—Necesito
que te cambies de habitación.
—¿Qué?
—exclamó Kevin, eso no se lo esperaba—. ¿Por qué? ¿Y dónde coño quieres que
duerma? Todas están ocupadas.
—Harás
un cambio con otra persona.
El
semblante le cambió a un profundo desacuerdo que rozaba casi la decepción.
—No
me digas quién, creo que puedo adivinarlo.
—Pues
adivínalo y hazlo posible.
—Y
una mierda.
—Nunca
te he pedido nada.
—¿En
serio vas a jugar tus ases por él?
Andrew
tomó aliento hasta llenarse los pulmones y expandir su pecho. Contó hasta cinco
y soltó el aire despacio.
—¿Te
has pillado? ¿Eres capaz de sentir algo así?
—No
soy un puto robot y tú tampoco —contestó empezando a enfadarse.
—Sabía
que había algo raro con ese chico y no solo porque le guste ladrar, algo entre
vosotros, algo diferente. Por eso no me gusta. Está cambiando las dinámicas
dentro de la casa y te está cambiando a ti. Odio los cambios.
Por
un segundo, Andrew llegó a plantearse si Kevin podría ser el de las notas
amenazantes, intentando que Neil se acojonase y se marchase para que nada
cambiase. Pero no, lo conocía bien. Andrew solo pondría la mano en el fuego por
una persona y ese era Kevin, aunque ahora le tocase discutir con él.
—Mis
motivos no te incumben.
—Sí
cuando me están jodiendo.
—Por
favor.
Ese
era su as en la manga.
Kevin
abrió los ojos como platos, sorprendido, y luego apretó los dientes, cabreado.
No podía negarse a eso.
—Joder
—masculló—. Eres un cabrón.
Andrew
se encogió de hombros.
—No
funcionará. ¿Crees que viviréis felices y comeréis perdices? Estáis jodidísimos.
Lo que Neil no creo que sepa todavía, es que tú lo estás mucho más que él.
—Cuidado,
Kevin —la amenaza desbordaba por su tono de voz, bajo y grave.
—Cuando
acabe asfixiando a Nicky con la almohada será tu culpa, seguro que habla hasta
dormido. O me tiraré yo por la ventana.
—No
te vas a matar desde un primer piso.
Kevin
le hizo un corte de mangas y se marchó dando un portazo. Andrew se dejó caer en
la cama y soltó un suspiro pesado. Ya solo le quedaba hablar con Nicky cuando
lo viese por casa.
***
Neil
estaba en la biblioteca y le mandó un mensaje a Nicky para reunirse allí cuando
saliese de clase. Quería preguntarle qué tal estaba con Dean, si habían podido
solucionarlo, y también contarle lo del cambio de habitación. Lo mejor sería
que se lo pidiese él y no Andrew con su simpatía de mirada amenazante.
Lo
esperó tomándose un café de máquina e intentando memorizar unos conceptos
técnicos de anatomía sobre el cerebro humano. No había datos sobre cerebros de
cambiantes, eso cambiaría cuando él pudiera hacerlo. Los humanos debían aceptar
que compartían el mundo con otra especie dominante, que no era solo suyo, y que
no había tantas diferencias entre unos y otros.
Nicky
lo sorprendió muy concentrado, dejándose caer en la butaca de al lado con una
gran sonrisa.
—Vaya,
ya veo que has pasado una buena noche.
Nicky
se repantingó sin dejar de sonreír y entrelazó las manos tras la cabeza.
—Fantástica.
Lo único bueno de discutir es hacer las paces después.
—¿Y
lo habéis arreglado todo? ¿Te has sincerado con él?
—Sí,
al principio no fue fácil, pero lo entendió y me sentí mucho mejor después.
—Me
alegro, hacéis buena pareja. Hay que luchar por las cosas buenas.
Nicky
asintió, tenía un brillo en la mirada que le hacía resplandecer de alegría.
—Estoy
deseando hacer el viaje, es casi como si fuera mi primera vez. Sé que cuando
era pequeño me llevaron a la playa un par de veranos, tengo algunas fotos, pero
no me acuerdo.
—Será
genial.
—Creo
que sí. Voy a por un café.
Se
levantó de un salto y fue hacia la máquina. Mientras, Neil recogió sus libros y
cuadernos y los metió en la mochila, tenía clase en cuarenta minutos, ya no iba
a estudiar más.
Nicky
volvió soplando el café y se sentó con cuidado para no derramarlo.
—¿Y
tú qué tal todo con… tus cosas?
—Bien.
De hecho, quería hablar contigo de algo, por eso te he escrito.
—Eso
me parecía.
—Puede
que no te guste.
—Vale,
veamos —dijo despacio, precavido.
—Necesito
cambiar de habitación.
—¿No
quieres dormir conmigo? ¿Te molesto? ¿Soy demasiado pesado? ¿Te he agobiado
tanto? ¿Ya no somos amigos? —preguntó de forma atropellada y ansiosa.
—No,
no, no. Quiero decir, sí, somos amigos, estamos bien, no es por eso.
—¿Entonces?
¿Dónde piensas dormir?
Neil
se odió por apagar el brillo de su mirada y teñirlo de preocupación.
—En
la habitación de Andrew.
—Andrew
duerme con Kevin.
—Me
cambiaré con él.
Nicky
parecía estar intentando entender la información con el cerebro a punto de
cortocircuitar por todo lo que implicaba. Que si Neil se marchaba con Andrew,
Kevin dormiría con él.
—Me
cago en la puta. ¿Por qué me odias? ¿Me estás castigando?
—No,
Nicky. Lo siento mucho, pero si no lo hacemos, Andrew… será él quien venga a
hablar contigo y no te lo pedirá por favor.
—Repito:
¿Por qué me estás castigando? ¿Qué he hecho mal?
Solo
había una forma de que Nicky lo aceptase sin sentir que Neil lo estaba
abandonando, sin sentirse culpable.
—Andrew
y yo… —carraspeó, nervioso—. Andrew… yo… a ver… nosotros…
A
Nicky le iba a explotar la cabeza en ese preciso momento, al menos eso parecía
por la cara que estaba poniendo.
—¿Vosotros?
¿Qué vosotros? Jugáis al baloncesto, conectáis de una forma que no entiendo,
vale, pero esto es demasiado. ¿Me estás diciendo que Andrew y tú…? Andrew y tú.
—Sí.
—¿Estáis
juntos?
—Sí.
—¿En
plan romántico?
—Algo
así.
—¿Os
estáis enrollando?
—Sí.
—¿Le
has besado?
—Sí.
—No
pensaba que Andrew besase a nadie.
—Pues
a mí sí.
Hubo
un silencio tenso de un par de minutos mientras Nicky lo taladraba con la
mirada y Neil escondía la suya avergonzado.
—La
hostia puta. ¿Pero cuándo lo hacéis? A él… ya sabes… le gusta tener público. No
lo entiendo. No entiendo nada, Neil.
—No
tienes que entenderlo, es asunto mío. Te lo cuento porque eres mi amigo y
quiero cambiar de habitación para… estar con él.
Eso
no era mentira, aunque hubiese un trasfondo más importante.
—¿Estás
seguro de esto? Le gustan cosas raras…
No
le gustaban cosas raras, Andrew tenía miedo de algo, aunque Neil todavía no
sabía por qué. Podía empezar a intuirlo, pero no quería hacerse ideas
equivocadas con algo tan importante, no daría nada por hecho hasta que él se lo
contase.
Andrew
escondía sus traumas bajo una máscara de indiferencia y libertinaje que todo el
mundo se creía.
—Estoy
seguro —contestó.
—Vale
—Nicky terminó de asimilarlo y se relajó contra el respaldo del sillón, dándole
un trago a su café—. Perdona por mi reacción, es que estoy flipando. Siempre ha
habido algo entre vosotros, pero nunca imaginé que sería algo así. No pensaba
que Andrew pudiese interesarse así por alguien, le conozco desde hace años.
—A
mí también me ha pillado desprevenido, la verdad.
—¿Y
estás bien con él? ¿Te trata bien?
—Sí.
—Vale,
no seré yo quien impida que el amor siga su curso, aceptaré compartir
habitación con Kevin.
—Bueno,
tampoco te pases, solo estamos empezando algo.
—Y
me encantará ver en qué se convierte. Va a ser como ver florecer una rosa en
invierno, algo increíble.
Neil
rio negando con la cabeza.
—Estás
fatal.
—Tú
estás fatal —contestó Nicky riéndose.
—Eres
un buen amigo, gracias. Sé que no será fácil estar con Kevin.
Nicky
resopló y le quitó importancia con un gesto de mano.
—Bah,
será peor para él, te lo aseguro. Le volveré loco como me toque las narices.
Acabará durmiendo en el sofá.
Se
rieron juntos con complicidad.
—Oye,
no se lo cuentes a nadie. Que sospechen lo que quieran, pero nuestra intimidad
es cosa nuestra.
—¿Ni
siquiera a Matt?
—Vale,
a Matt sí, pero habladlo vosotros sin mí, no me veo capaz de volver a tener
esta conversación.
—Tú
te lo pierdes, va a ser muy divertido.
—Para
ti —Neil se levantó y se colgó la mochila de un hombro—. Bueno, tengo que irme
a clase. Nos vemos luego.
Al
salir de la biblioteca le envió un mensaje a Andrew para contarle que ya había
hablado con Nicky y que había aceptado el cambio, que esa tarde se mudaría a su
habitación. Le preguntó qué tal con Kevin y solo recibió un icono del pulgar
hacia arriba como respuesta. Suficiente, Neil no quería saber nada más sobre la
relación de esos dos, se entendían a su manera y les funcionaba así.
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