08 enero 2025

Capítulo 33

La casa se revolucionó cuando Neil y Kevin intercambiaron habitaciones. En un lugar donde habitaba el caos, siempre lleno de ruido y movimiento, la revolución llegaba con la calma y el silencio. Todos escuchaban, observaban y murmuraban mientras Neil llevaba sus cosas a la habitación de Andrew y Kevin a la de Nicky. Parecía que se estuviera llevando a cabo una obra de teatro silenciosa. Hasta que Neil trasladó todas sus cosas, Kevin cogió su última caja llena de libros y Andrew cerró la puerta dando un sonoro portazo, quedándose dentro con Neil y dejando fuera a los demás.

Entonces volvió el caos.

Neil suspiró y empezó a colocar sus cosas intentando ignorar que al otro lado de la puerta todos estaban hablando de él. No le gustaba ser el centro de atención.

Andrew le ayudó a guardar sábanas, toallas y algunos libros y, para sorpresa de Neil, le dio una pequeña caja con llave donde podía guardar su dinero y meterla en el fondo de algún cajón.

Al terminar, cada uno se sentó en su cama y se miraron, escuchando el jaleo que subía desde el piso de abajo.

—No pararán hasta que les expliquemos algo.

—¿El qué? ¿Quieres contarles lo de las notas amenazantes?

—No.

—¿Entonces?

Neil se encogió de hombros. No confesó lo que le había dicho a Nicky, ni le propuso hacer lo mismo con los demás para que al menos así les dejasen en paz.

—Yo no doy explicaciones sobre mi vida.

—Sabes lo que van a pensar.

—Mejor que piensen eso a que sepan la verdad, ¿no crees?

Exactamente lo que había hecho con Nicky, pero Andrew prefería dejar que llegasen a esa inevitable conclusión por sí mismos, lo cual sería un proceso más largo y arduo durante el que los mirarían con lupa hasta tener alguna prueba, y eso a Neil le agotaba con solo pensarlo.

Se dejó caer hacia atrás en la cama y de repente Andrew se le sentó encima, a horcajadas sobre su vientre.

—¿Qué importan los demás? Esto tendrá sus cosas buenas y solo nos incumben a ti y a mí.

Le sujetó los brazos a los lados de la cabeza y se inclinó sobre él.

—Demuéstramelo —pidió Neil en voz baja.

Andrew le besó e hizo que para Neil todas sus inquietudes mereciesen la pena. Luego se tumbó a su lado y se miraron a los ojos en silencio. Neil encontraba en él una paz y una seguridad que nunca había conocido antes. A veces le asustaba un poco que Andrew significase tanto para él.

—No dejo de complicarte la vida.

Andrew frunció los labios y Neil se fijó demasiado en ellos.

—Antes de ti se había vuelto aburrida.

—Creo que después de esto quiero aburrirme. Quiero estar tranquilo, sin que nadie me persiga.

—Buscaremos otras formas de estar entretenidos… —contestó Andrew, pasando un dedo por su pecho, bajando hasta el vientre sobre la camiseta.

—¿Y yo podré tocarte?

Andrew miró la puerta cerrada instintivamente, fue solo un segundo, pero Neil vio todas sus inseguridades pintándole el rostro.

—No importa. Me gusta que me toques. Y besarte. Y que huelas a nosotros.

Andrew volvió a besarle, tal vez para complacerle, tal vez para callarle, y Neil le demostró lo mucho que le gustaba y que no necesitaba que le sujetase para tener las manos quietas y resistirse a tocarlo.

Esa noche no bajaron a cenar y eso solo avivó los cuchicheos. Nicky le guardó el secreto a Neil y le contó por mensajes todo lo que hablaban sobre ellos. La opción más votada era que estaban liados, la segunda era que Andrew se estaba cobrando un favor por haberle salvado la vida y ahora Neil era su esclavo, no estaban seguros de si sexualmente (por lo que creían que eran los gustos extraños de Andrew) o de otro tipo.

 

***

 

Durante el desayuno del día siguiente, Neil se sintió más observado que en toda su vida. Se bebió el café como si fuera un chupito, cogió un bollo, la mochila y salió corriendo de casa. Agradeció pasar casi todo el día sin cruzarse con ninguno de los zorros y sin mirar el teléfono móvil, hasta que se reunieron en el entrenamiento para finalizar el día.

Incluso el entrenador le miró raro.

Lo más gracioso era que nadie se atrevía a incomodar a Andrew, así que todos se centraban en Neil.

Al terminar volvió corriendo a casa sin pasar por el vestuario para llegar el primero y disfrutar de un momento de soledad, paz y tranquilidad después de ducharse. Puso música desde el salón y empezó a preparar la cena en la cocina. A la espera de la aparición de una nueva nota amenazante se sumaba el escrutinio de sus compañeros, otro peso sobre sus hombros. Estaba agotado. Cenaría rápido y se iría a dormir.

Cuando todos llegaron, bajó el volumen de la música. Fueron a dejar sus cosas en las habitaciones y algunos le ayudaron en la cocina. Lo mejor de vivir con ellos es que eran organizados y metódicos en las tareas el hogar, siempre cumplían con el programa. El caos estaba delimitado. Todos venían de familias desestructuradas y les había costado mucho conseguir esa segunda oportunidad en la vida, así que no iban a desperdiciarla. Cuidaban su hogar, estudiaban, iban a clase, entrenaban religiosamente, y luego dejaban un espacio para el caos, para liberarse y montar fiestas escandalosas.

Antes de poder huir a su nueva habitación, Matt y Nicky lo pillaron por banda y se metieron en la de Nicky para hablar mientras Kevin veía la televisión abajo. Matt estaba preocupado por él, le costaba creerse lo que le había contado Nicky, necesitaba una confirmación en persona y Neil se la dio.

—Ten cuidado, Neil, no creo que enamorarte de Andrew sea una buena elección. Confío en él y le tengo aprecio y está claro que tenéis algo especial, pero yo contaría con Andrew para que me salvase la vida, no para compartir la vida con él.

Neil alzó las manos, sorprendido y abrumado.

—Nadie ha hablado de amor, Matt.

Y tampoco era una elección. No se podían controlar los sentimientos. Nadie podía elegir de quién enamorarse y de quién no.

—Vamos, hombre —dijo Nicky, dándole una palmada a Matt en la espalda—, que no se van a casar, solo se gustan y están haciendo guarradas.

—Bueno, basta ya. Me voy a dormir, que estoy cansado.

—Sí, sí, a dormir… —bromeó Nicky.

Neil le hizo un corte de mangas y se marchó, dejándolo mientras se reía con un Matt más serio, todavía preocupado por él.

En el fondo, Neil estaba realmente molesto. No le gustaba que hablasen de Andrew así, como si solo sirviese para partirse la cara porque estaba dispuesto a todo para defender a sus zorros, pero luego no mereciese amor precisamente por los mismos motivos. Porque era extraño, diferente, violento. Neil se sentía muy identificado. Lo lanzaban al barro, a pelear y matar, cogían el dinero que ganaba y le despreciaban, no le querían ni dejándose la piel y la sangre. ¿No merecía amor?

No es que su relación fuese de eso, no tenían que darse ellos ese amor, pero… pero… lo merecían. Con todos su defectos y errores y miedos y cicatrices. No iban a morder la mano que intentase acariciarles.

Neil entró en su nueva habitación, Andrew ya le estaba esperando tumbado en su cama, con las manos entrelazadas bajo la cabeza. Y esos ojos negros, cada vez con más matices que Neil podía identificar.

—¿Dónde estabas?

Fue directo hacia la cama de Andrew en vez de a la suya.

—Hazme sitio.

Andrew alzó una ceja, pero se apartó hacia un lado y le dejó espacio. Neil se acomodó como pudo. No quería invadir su espacio personal, pero necesitaba estar cerca de él en ese momento. Acercó la barbilla hasta encajarla en su hombro y le acarició la mandíbula con la nariz.

—Estaba con Matt y Nicky.

—¿Qué les has contado?

—Lo necesario para calmarlos. ¿Te importa?

Andrew negó con la cabeza y la dejó girada hacia Neil, así pudo besarlo, un roce suave de labios.

—¿Nunca has tenido novio? No digo que yo lo sea —aclaró con rapidez, nervioso—, ni que les haya contado que lo somos… solo es… una pregunta.

Una pregunta totalmente estúpida, ya sabía la respuesta.

—No. Ya sabes que nunca he dejado que se me acerquen tanto, de ninguna manera.

—Yo tampoco. No tenía tiempo para eso. Mi vida se reducía a pelear y a recuperarme de las heridas. Supongo que la tuya también, de alguna manera.

Andrew se giró de lado, sujetó la nuca de Neil con una mano, enterrando los dedos entre su pelo, y lo besó vorazmente. Quería borrar todo el dolor de su pasado. Del pasado de ambos.

Neil gimió su nombre cuando le dejó tomar aliento.

—Quieto —ordenó antes de meter la mano por debajo de su camiseta y acariciarle los abdominales en tensión.

Los músculos se contrajeron bajo sus dedos, que subían en un ritmo lento hasta el pecho, deslizando la tela también hacia arriba. Andrew le empujó de espaldas y le besó el ombligo. Neil apretó los puños sujetándose a las sábanas ante la dulce tortura de la boca por su vientre, acercándose peligrosamente a la cinturilla de sus pantalones.

—Andrew —jadeó; mitad queja, mitad suspiro.

Su hostigador rio y Neil quiso dejar que siguiera torturándole para volver a escucharlo reírse, no ocurría demasiadas veces, y casi siempre era a su costa.

—¿Qué me harías si pudieras, Neil? —preguntó. Luego le mordió la cadera y alivió el pellizco con caricias de la lengua.

—Me pondría encima de ti. Te cubriría con mi cuerpo para besarte. Te tocaría entero. Recorrería todo tu cuerpo con las manos y con la boca. Te haría gemir. Mucho.

Andrew se puso sobre él.

—¿Cómo me cubrirías? ¿Así?

Neil asintió, soportando su peso con gusto.

—¿Cómo me besarías? —Le comió la boca como si fuera el fin del mundo—. ¿Así?

Neil asintió, sin aliento y sin palabras.

—¿Y cómo… me harías gemir? —Volvieron a besarse. Neil no se atrevió a decir nada, no quería cruzar ningún límite y hacerle sentir incómodo—. ¿Dónde me tocarías? ¿Dónde me besarías?

—Donde quisieras.

Siguieron besándose, sintiendo sus cuerpos, sus durezas, sus calores.

—¿Te gustaría? —Preguntó Neil con delicadeza—. ¿Piensas en ello alguna vez? ¿Te lo imaginas y te gusta?

Andrew apoyó la frente en la suya y respiraron juntos hasta calmarse, hasta que sus cuerpos dejaron de arder pero siguieron encajando a la perfección. Pasó mucho tiempo, Neil pensó que no iba a contestarle y no iba a presionarle. Le acarició la nuca con la punta de los dedos y Andrew suspiró.

—Sí —contestó con un hilo de voz perdida en el suspiro.

Fue suficiente para Neil.

Andrew se quitó de encima suyo, pero se quedó a su lado. Esa noche volvieron a dormir juntos.

 

***

 

En mitad de la noche, Neil se despertó por una pesadilla que se esfumó de su mente en cuanto abrió los ojos. Se levantó con cuidado para no despertar a Andrew, bajó para beber un vaso de agua fresca y volvió a la cama, pero le costaba volver a quedarse dormido.

Observó a Andrew en la penumbra, escuchando su respiración relajada.

Movido por un arrebato cogió el teléfono, bajó el brillo de la pantalla hasta casi no verla y buscó su nombre en internet.

No encontró nada.

Andrew era un fantasma en la red. Igual que Neil.

Al instante siguiente se sintió mal por haber intentado invadir su intimidad así. Cuando Andrew se sintiese preparado para confiar en él, lo haría, y Neil lo escucharía y lo apoyaría. El problema eran todos los sentimientos que entraban en juego, complicándolo todo. El deseo se convertía en un peligroso enemigo para Neil: lo quería todo y lo quería ya. Lo quería cuanto antes. Lo necesitaba.

Pero no podía.

Dejó el teléfono, cerró los ojos y se obligó a dormir.

 

***

 

Al salir de clase quedó con Andrew para ir a la biblioteca.

—¿No te cansas de mí? —preguntó en broma, por todo el tiempo que pasaban juntos últimamente.

—No —contestó Andrew muy en serio.

Y pasaron toda la tarde juntos, cada uno centrado en sus estudios, casi sin hablar entre ellos, pero cómodos haciéndose compañía.

Después del entrenamiento, Liam y Spike fueron a comprar hamburguesas para todos y del resto del equipo los esperó en casa para cenar en el salón viendo una película que eligieron por mayoría: Colega, ¿dónde está mi choche?, un clásico para todos excepto Neil, que nunca la había visto.

A mitad de la película se levantó para rellenar su vaso de agua en la cocina y Liam casi se le echa encima.

—¿Adónde vas?

—Tengo sed.

—Te vas a perder la película —dijo como si fuese importantísimo que viese cada segundo de esa obra maestra—. ¿La paramos?

Hubo algunas quejas y Neil negó con la cabeza.

—Seguro que cuando vuelva puedo seguir el argumento sin perderme.

Alguien chistó para pedir silencio como si estuvieran en el cine y Neil se fue a la cocina para no seguir molestando. No notó que Andrew le seguía hasta que cerró la puerta para aislarlos del resto de la casa y antes de poder decir nada lo besó contra la encimera. Pese a todo el tiempo que habían pasado juntos, era su primer beso de ese día, y Neil se dio cuenta de que llevaba esperándolo como un adicto desde que había despertado. Enterró una mano en el cabello corto de Andrew, la otra la cerró en un puño a su espalda para resistirse, y el otro le clavó ambas manos en las caderas.

—Podríamos hacer esto luego en la habitación —dijo Neil.

—No podía esperar.

Neil sonrió y Andrew le miró con tanta intensidad que le hizo vibrar. Por un momento, se sintió… comestible. Y Andrew estaba hambriento.

Neil también.

Pero algo le inquietaba y se apartó cuando fue a besarlo otra vez.

Andrew lo miró con el ceño fruncido y rápidamente lo soltó y se alejó un paso hacia atrás para darle espacio. Neil se arrepintió al momento, no quería que dejase de tocarlo y de besarlo, pero…

—Te he buscado en internet —soltó de sopetón, sin atreverse a mirarlo a los ojos—. No hay nada sobre ti, ni en artículos ni en redes sociales. —Se puso nervioso y habló con rapidez—. Lo siento, no quería invadir tu privacidad, esperaré a que me cuentes lo que quieras cuando quieras. No quiero presionarte, pero tampoco quería ocultártelo.

Andrew suspiró con fuerza, se pasó las manos por el pelo y contempló la expresión arrepentida de Neil.

—Si quieres saber lo que pasó no tienes que buscarme a mí —contestó con voz plana, inexpresiva, porque había tomado una decisión y tenía que luchar contra todos sus instintos para llevarla a cabo—. Era menor de edad, nunca se rebeló mi identidad. Tienes que buscarlo a él.

Neil lo miró a los ojos y cayó dentro de su oscuridad.

—¿A quién?

—Al hombre que maté.

Neil tragó saliva con fuerza y negó con la cabeza.

—No importa, te lo he contado porque me sentía mal por haberlo hecho. Esperaré hasta que decidas contármelo —repitió para dejárselo claro—, no quiero presionarte, jamás lo haría.

—Pero tienes prisa.

—¡No! Puedo esperar.

—Sé sincero, Neil.

Quería interpretar que Andrew no se lo estaba reprochando, pero le costaba encontrar matices en su voz o en sus gestos, se había retraído como siempre hacía con este tema.

—Lo soy. No es prisa, no es impaciencia, no es… es… Ansia. Tengo ansia de ti, Andrew —dijo casi con angustia, mirándolo a los ojos—. Ansia por tocarte, por tenerte, por conocerte, por todo sobre ti. Lo siento, no sé si es mi parte animal o mi parte humana la que…

—Alexander White.

—¿Qué?

—Busca ese nombre.

Parecía que le costase cada palabra que pronunciaba. Que le doliese.

—¿Estás seguro?

—Solo prométeme una cosa —Neil asintió—. Que nada cambiará.

—Te lo prometo.

No sabía lo que estaba prometiendo, pero lo haría. Con él siempre iba a ciegas, y daría un paso hacia al abismo sin dudar, sabiendo que le sujetaría a tiempo.

—Y ahora, ¿puedo seguir besándote?

Se lanzó sobre Neil como si lo moviese el mismo ansia que a él y le mordió la boca y lo besó profundamente hasta que Neil tuvo que sujetarse a la encimera para no hacerlo en él.

De repente la puerta se abrió y ambos se separaron jadeando. Liam los había pillado con las manos en la masa y los estaba mirando boquiabierto. Alzó las manos y dio un paso atrás despacio, como si estuviese ante una bestia peligrosa.

—No pasa nada, chicos, no he visto nada. Seguid a lo vuestro.

Cerró la puerta y al instante siguiente escucharon cómo gritaba.

—¡No os vais a creer lo que acabo de ver! ¡Sospechas confirmadas, paguen sus apuestas!

Andrew dejó caer la cabeza hacia atrás y resopló con fuerza. Neil no pudo evitar reírse con ganas.

—Son insoportables —se quejó Andrew.

Neil le besó el cuello y así lo distrajo y consiguió que volviese a relajarse.

—¿Por qué te importa tanto mi pasado? —preguntó de improviso.

“Porque me importas tú”

Neil le dio un beso suave justo sobre la nuez, luego otro en la boca y, en cambio, dijo:

—Porque quiero conocerte como tú me conoces. Sea lo que sea, nada me asustará, recuerda de dónde vengo.

Andrew asintió, realmente no muy convencido, y en vez de volver al salón para terminar de ver la película, subieron a su habitación para seguir con lo suyo, que era mucho más interesante para ambos.

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