02 enero 2025

Epílogo 1

Los zorros se encontraban jugando el último partido de la liga. Muchos seguidores habían viajado para verlos y casi la mitad de las gradas estaban cubiertas de naranja, tanto en sudaderas y camisetas no oficiales del equipo, como con banderines con huellas de zorro. Se sentían arropados y poderosos. Habían conseguido llegar hasta allí, se habían dejado la piel en ello, habían sudado y sangrado para ello. Se lo merecían. Ganasen o perdiesen, sería una victoria para ellos.

Aunque querían ganar, claro, y estaban poniendo el alma y cada gota de energía en el juego mientras el temporizador corría y los marcadores aumentaban sin mucha diferencia entre un equipo y otro. Los zorros iban dos puntos por detrás.

En la pista estaban Neil, Andrew, Matt, Nicky y Spike. Los demás observaban desde fuera junto al entrenador Parker, que no paraba de moverse de un lado a otro, inquieto, seguido por Kevin como una sombra.

Ambos equipos eran muy buenos, la final estaba reñida, nadie tenía claro quién acabaría ganando.

Nicky esquivó a un escolta manteniendo la pelota y, mientras Spike bloqueaba al pívot rival, lanzó desde su posición. La pelota hizo un arco perfecto y encestó, ganándose un grito colectivo del público y dos puntos al marcados de los zorros.

El cronómetro siguió corriendo.

Andrew los manejaba como capitán del equipo cuando Kevin no estaba en la pista, siguiendo las indicaciones del entrenador y teniendo cada movimiento y jugador en perspectiva, tomando decisiones rápidas mientras no dejaba de moverse y jugar al mismo tiempo.

Matt le pasó la pelota al verse acorralado, Andrew la mantuvo unos segundos antes de pasársela a Neil y, cuando él la recibió, echó a correr botándola con destreza adquirida durante todos esos meses de agotador entrenamiento. Se la pasó a Nicky, pero no tenía tiro limpio, así que volvió a recibirla. Spike luchaba por dejarle un tiro libre y no dejó de correr hasta que hubo un instante en que lo vio claro y no lo dudó ni un segundo. Lanzó y encestó. Otros dos puntos para los zorros, adelantándose en el marcador a tres minutos de terminar el partido.

Gritos, júbilo, euforia en las gradas y el banquillo.

En la pista, calma y determinación.

Ahora tenían que defender la pelota y su canasta a muerte.

Perdieron la pelota y el del equipo rival lanzó a la desesperada, contuvieron el aliento durante los segundos que la pelota tardó en rebotar en el aro y saltar fuera.

Un minuto.

El ambiente parecía a punto de saltar por los aires, la tensión se podía cortar con un chuchillo sin afilar.

Neil se hizo con la pelota, jugaron a marear mientras corrían los segundos, se la pasó a Nicky, volvió a recibirla porque Matt y Spike estaban lejos, bloqueando a otros, y después se la pasó a Andrew, que se encontraba en el centro de la pista. Los últimos segundos se precipitaban y Andrew dio un bote a la pelota, la cogió, flexionó las rodillas y los codos, y lanzó.

Silencio absoluto.

La pelota y los segundos volaron a la vez.

Ya habían ganado, pero todos contuvieron el aliento ante el tiro de Andrew.

El marcador pitó el final del partido, rompiendo el silencio, y la pelota se deslizó dentro del aro a la perfección. El marcador de los zorros subió tres puntos más.

Las gradas naranjas se levantaron entre gritos y aplausos y los zorros al completo corrieron para encontrarse en el centro de la pista con Andrew y apretujarse los unos a los otros en un abrazo colectivo, sudoroso y pletórico de alegría. Luego corrieron hacia el entrenador y le hicieron lo mismo.

¡Lo habían conseguido, joder!

Cuando se separaron para volver a contemplar el marcador y asimilar que habían ganado de verdad, Andrew y Neil se miraron a los ojos en medio del jaleo a su alrededor, como si solo existiesen ellos. Neil no podía dejar de sonreír y los ojos negros de Andrew brillaban de esa forma que a Neil le fascinaba. Ni siquiera pensaron que estaban bajo el escrutinio del estadio entero, que los estarían grabando y haciéndoles fotografías, se besaron con pasión delante de todos sin importarles nada más que ellos.

Se besaron y abrazaron.

Se sonrieron mientras tomaban aliento.

Todo el mundo hablaría de ello y a ambos les pareció perfecto reclamarse a ojos de todos, que supieran que se pertenecían el uno al otro, pues así era y así sería siempre.

Andrew volvió a besarlo con ferocidad. Con instinto animal. Sí, que todos supieran que Neil era suyo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario