El
mes pasó demasiado rápido, pero la decisión, más que tomarla, fue algo
inevitable. Después de pasar allí ese tiempo y descubrir lo que era llevar una
vida normal y cómoda y a salvo, Neil no podía marcharse hacia lo desconocido de
nuevo. Neil quería quedarse allí. No quería volver a ser un chucho perdido sino
un zorro.
Lo
que sí le costó decidir fue la carrera a elegir. No había nada que le
apasionase ni por lo que se siéntese más interesado, así que buscó consejo y
mucha información por internet, hasta que consiguió tener varias opciones sobre
la mesa y las tanteó durante días, intentando imaginarse un futuro así. Si iba
a soñar, lo haría a lo grande: jugaría en el equipo, estudiaría una carrera y
se dedicaría a ella, y nunca más tendría que huir, podría echar raíces y tener
su propio hogar algún día, y no volvería a tener miedo ni a ser maltratado
nunca más. Así que imaginó qué vida quería tener a largo plazo, como si esa
vida estuviera a su alcance. Y se dio cuenta de que había una opción que
empezaba a reclamar más espacio en su imaginación. Estudiar psicología empezó a
interesarle, pensó incluso que podría enfocarlo en psicología para cambiantes;
esa especialidad no existía porque el mundo prefería darles la espalda, así que
ya era hora de que reclamasen su lugar en el mundo, su propio espacio. Neil
podría ayudar a otros cambiantes como él, ya que él no había tenido a nadie que
lo salvase.
Nicky
le acompañó a matricularse para ayudarle a rellenar bien todo el papeleo y
después quedaron con Matt y un par de chicos más del equipo para tomar algo en
una cafetería del campus y celebrarlo. El entrenador le prometió que movería
sus hilos para asegurarse de que lo aceptaban en la universidad, así que todos daban
ya por hecho que era así; esa misma tarde se mudaría a casa de los zorros.
Durante
ese mes había entrenado mucho por su cuenta y también con Nicky y Matt. No tuvo
más relación con Andrew que la de esos primeros días, luego se dedicó a
ignorarlo sin más, y Kevin un tanto de lo mismo. Los demás intentaron congeniar
un poco más con él y a parte de con Nicky y Matt, también había hecho buenas
migas con Liam y Spike; los otros se mantenían más distantes.
Se
saludaron en la entrada de la cafetería y pasaron juntos. Encontraron una mesa
para los cinco y pidieron cafés llenos de azúcar y nata que parecían cualquier
cosa menos un café. Por suerte, a Neil le gustaba el dulce y también pidió el
suyo con sirope de caramelo, se estaba volviendo un goloso. Matt fue el único
que pidió uno solo con mucho hielo.
—¡Volvemos
a estar el equipo completo! —exclamó Matt con alegría después del primer trago
a su café, como si el chute de cafeína le hubiese hecho efecto al instante.
—Y
has mejorado mucho y muy rápido durante este mes —dijo Nicky—. Con la caña que
vamos a meterte este verano, cuando llegue septiembre será como si siempre
hubieses estado con nosotros.
—Ojalá
pudiese quedarme para ayudaros —dijo Spike, comiéndose la nata con la pajita
como si fuese una cuchara.
—Para
ser uno de los pocos que tiene familia, disfrútala por todos, no quieras
quedarte aquí amargado con nosotros —contestó Liam.
—No
nos quedamos amargados —protestó Nicky—, y este verano será muy entretenido.
—Tenemos
a Neil —añadió Matt.
—Nuestro
nuevo juguete —dijo Nicky con una gran sonrisa maligna y graciosa.
Neil
le dio un codazo amistoso y se dedicó a su dulcísimo café. No le gustaba ser el
centro de atención, en su antigua vida siempre era mejor pasar desapercibido.
Pero había aceptado (o casi lo había hecho) que para quedarse tendría que hacer
un esfuerzo por encajar con ellos, solo esperaba que la novedad de ser el nuevo
se terminase rápido.
Lo
bueno es que durante el verano no se quedarían todos y aclimatarse a la casa no
sería tan agobiante. Muchos en el equipo no tenían familia, o como si no la
tuvieran, o preferían fingir que no la tenían porque se llevaban a matar. Neil
eso podía entenderlo muy bien. Solo unos pocos sí volvían en los festivos a
casa, en verano y en navidad; por desgracia, ni Kevin ni Andrew eran de esos.
—Cuando
vivas con nosotros lo celebraremos de verdad, mucho mejor que con cafés —dijo
Liam guiñándole un ojo.
—Con
esto me vale.
—Pero
a nosotros no.
—Ya
verás, las fiestas en casa de los zorros son legendarias —dijo Spike.
—Y
muy exclusivas, no puede venir cualquiera —añadió Liam—. Lo que pasa en casa de
los zorros, se queda en casa de los zorros, ¿entiendes?
—Supongo.
—Ya
lo entenderás.
Que
Nicky y Matt estuviesen tan callados no le dio buena espina a Neil, pero
asintió con una sonrisa tensa, sin muchas ganas de entenderlo. Nunca le había
gustado especialmente salir de fiesta y como no bebía tampoco le apasionaba
soportar a borrachos toda la noche. Pero si las fiestas eran en casa no podría
escaquearse.
Le
invitaron al café y fueron a recoger sus cosas de casa del entrenador en el
coche de Spike. Todas sus pertenencias seguían entrando en la misma mochila,
así que la “mudanza” fue rápida. Pronto necesitaría más ropa de deporte y
tendría un armario propio para guardarla. Hizo amago de entregarle la llave de
su casa al entrenador, pero este negó con la cabeza.
—Quédatela,
por si algún día necesitas un pequeño refugio.
—Gracias.
Se
despidieron y siguió a los chicos de vuelta al coche. Ocupó un asiento detrás. De
repente tenía un llavero con tres llaves de su nueva vida. La casa de los
zorros, el pabellón de baloncesto y la casa del entrenador. Las contempló en su
mano y cerró el puño con fuerza, clavándose el metal en la piel. Tenía un
tesoro que no merecía y que ponía en peligro con su sola presencia, pero era
suyo, era algo suyo; un lugar donde pertenecer.
Entró
en la casa por primera vez como un habitante más, no como un invitado, y la
sensación fue totalmente distinta a las otras veces, aunque todo seguía igual.
—Tengo
una buena noticia para ti —dijo Nicky. Estuvo a punto de pasarle un brazo por
los hombros y Neil se tensó. En el último momento desvió el movimiento y se
pasó la mano por el pelo con una mirada de disculpa.
—¿Cuál?
Le
dio una palmada rápida de la que no pudo librarse y le guiñó un ojo.
—Vamos
a ser compañeros de cuarto.
—Ah.
—¡Muestra
más entusiasmo! He tenido la habitación para mí solo durante unos meses, pero la
verdad es que me alegro de volver a tener compañía. No me gusta estar solo.
—En
realidad me alegro de estar contigo.
Esa
sonrisa que le lanzó fue deslumbrante. No era difícil hacer feliz a Nicky, su
carácter ayudaba.
—Solo
ten cuidado de que no se te meta en la cama alguna noche —dijo Carson entre
risas. Con ese Neil no había tenido mucho trato y no le hizo ninguna gracia.
—Que
te den. Ya te gustaría a ti —contestó Nicky haciéndole una peineta.
Neil
ya había notado que Nicky era gay sin que tuviera que decírselo, tampoco es que
lo escondiese, Nicky era muy natural y extrovertido para todo. En el mundo
todavía había imbéciles a los que les costaba aceptar otras sexualidades y
cualquier mínima diferencia en otra persona, como si todos tuvieran que salir
del mismo molde para ser aceptables. Carson no le había caído mal hasta ese
momento.
Subieron
a la habitación que iban a compartir. La zona de Neil estaba a la derecha,
vacía y sin adornos: una cama, un armario, un escrito y una estantería colgada
en la pared. La de Nicky, a la izquierda, tenía más vida: la cama estaba
deshecha, había un puñado de cojines repartidos sin orden sobre el colchón y
algunas fotografías del equipo adornaban un corcho en la pared.
—Puedes
hacer lo que quieras con tu sitio, pero, por favor, no cuelgues posters de tías
desnudas o famosas semidesnudas, no podría soportarlo.
—¿Tengo
pinta de ser uno de esos?
—No,
pero por si acaso. Bueno, te dejo para que te instales.
Cerró
la puerta al marcharse y Neil se sentó en la cama, por fin iba a dormir en una,
y parecía mucho más cómoda que la que tenía en la caravana. Un cajón del
escritorio tenía llave de seguridad y se llevó una alegría al verlo. Metió
dentro el dinero que había robado y añadió otra pertenencia al llavero. Esta
era un secreto. Luego no llenó ni la mitad del armario con su ropa y se dio
cuenta de que no tenía sábanas ni toallas. Se lo dijo a Nicky al bajar y él y
Skype se ofrecieron a llevarle en coche de compras.
Cogió
todo lo que necesitó sin entretenerse, pero se dejó guiar por sus compañeros y
le liaron para comprar más ropa, sobre todo de deporte. Como realmente la
necesitaba, no se quejó y le hizo caso. Lo más caro fue comprar unas buenas
zapatillas para entrenar, la equipación completa para jugar se la daría la
universidad cuando entrase oficialmente en el equipo.
Nicky
aprovechó para comprar unas velas aromáticas para la habitación, preguntándole
antes si le molestaba, él odiaba el olor del tabaco y había varios fumadores en
el equipo. A Neil le daba igual, tanto el tabaco como las velas. Y ya que
estaban fuera hicieron compra de comida para la casa, con cosas que también
pudo elegir Neil. Al final volvieron tan cargados que tuvieron que hacer dos
viajes para meterlo todo dentro. Andrew se encontraba en el porche, sentado en
un banco de madera fumando, y no se dignó ni a prestarles atención, tenía la
mirada perdida, estaba absorto en sus pensamientos, fueran cuales fueran.
Neil
ordenó todo lo que había comprado, estaba acostumbrado a los espacios pequeños
y no le gustaba el desorden. Luego estuvieron echando tiros libres en la
canasta que habían atornillado a la pared de la casa por detrás.
Al
atardecer entraron en casa para preparar la cena, según el calendario
programado les tocaba cocinar a Liam y James, los demás que habían estado
jugando fueron a darse una ducha rápida turnándose, arriba solo había dos baños
grandes para cinco habitaciones dobles, pero se apañaban. Las casas de las
fraternidades estaban mucho mejor provistas que la suya, pero todos los zorros
eran becados así que no podían exigir demasiado.
Neil
salió del baño con el pelo húmedo, descalzo y la toalla colgada en un hombro.
Se topó con Andrew nada más abrir la puerta, apoyado en la pared de enfrente
con los brazos cruzados. Con Andrew no había conversaciones, solo encontronazos
cuando a él le apetecía, o cuando se le cruzaban los cables.
Le
cortó el paso a Neil cuando intentó ignorarle y le puso un dedo bajo la
barbilla, solo rozándole, para obligarle a mirarle.
—Este
verano eres nuestro.
—¿Qué?
—Ya
eres parte del equipo, pero todavía tienes que ganarte ser un zorro. Entrenarás
hasta que estemos satisfechos.
Neil
no tenía que preguntar a quienes se refería, Andrew y Kevin parecían un pack
indivisible.
—¿Por
qué?
—Tú
has querido meterte en la boca del lobo, ahora no te sorprendas de que tenga
dientes.
—¿Pero
por qué vas a implicarte tú? Los demás van a entrenarme.
—Si
quieres que algo se haga bien, tienes que hacerlo tú mismo.
Andrew
dejó caer la mano con la que le rozaba con un único dedo, pero Neil siguió
mirándole, intentando descifrarle.
—Pensaba
que no querías nada, que nada te importaba.
—Me
importa este equipo, sino no estaría aquí, no me gusta perder el tiempo. Querer
es otro tema.
—No
parecen tan opuestos como crees.
—Del
uno de julio al uno de septiembre. Dos meses. Prepárate.
Solo
quedaba una semana. Neil tragó saliva y asintió, estaba dispuesto a hacer lo
que hiciese falta, ahora a él también le importaba.
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